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El primer error de Obama

Obama observará los resultados de su "plan de gasto", pero no podrá ver todas aquellas obras que no se realizarán por el desvío de los recursos necesarios para financiarlos. En economía no existe la magia.

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Hace un mes que Barack Obama ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos, por lo que, a partir del 20 de enero de 2009, deberá tomas las decisiones políticas pertinentes para que la economía abandone un estado de estancamiento y recesión e inicie un proceso de desarrollo económico genuino y sostenible en el tiempo.

En su primera entrevista tras haber sido elegido, si bien se negó a hablar del New Deal, sí explicó que su prioridad será evitar "ahondar en la recesión" y que por ello no es momento de preocuparse "en exceso de déficit público". Sostuvo que existe un consenso entre demócratas y republicanos para no criticar "el déficit del año que viene o incluso del siguiente". "Hemos de hacer lo que sea para conseguir que la economía se mueva otra vez. Vamos a tener que gastarnos dinero ahora para estimularla".

Este primer error de Obama obedece a la mitológica creencia de la mayoría de los economistas y políticos de que el New Deal aplicado por Roosevelt tras la Gran Depresión de los años treinta, contribuyó a relanzar la economía y generar empleo. Es cierto que Obama rechazó emular aquel plan, pero lo hizo por considerar que debía crear uno nuevo "acorde con nuestra época". En otras palabras, Obama desarrollará un conjunto de políticas similares a las del New Deal, pero "adaptadas" al s. XXI.

Este plan "keynesiano", que consiste en "gastar y gastar" de cualquier forma para así "estimular la demanda agregada", nunca podrá tener los resultados esperados. Keynes llegó a recomendar en su tiempo la política de "hacer pozos y volver a taparlos" con tal de que el Estado inyectara liquidez en la economía, pagando salarios e incentivando el consumo.

Basta el sentido común para darnos cuenta del error de este razonamiento. Frédéric Bastiat ya lo decía claramente en su famoso ensayo Lo que se ve y lo que no se ve. Y es que para financiar toda esta obra pública, Obama deberá o aprobar nuevos impuestos o endeudarse o emitir moneda. En cualquier caso, el gasto público implica quitar recursos del sector privado y productivo, para destinarlo al sector público improductivo e ineficiente.

Obama observará los resultados de su "plan de gasto", pero no podrá ver todas aquellas obras que no se realizarán por el desvío de los recursos necesarios para financiarlos. En economía no existe la magia. La escasez existe y el mercado ha mostrado ser más eficiente en su gestión.

Si la Gran Depresión de los años treinta duró tanto fue por las políticas intervencionistas que aplicaron Hoover primero y Roosevelt después. El grave problema es que los economistas de nuestro tiempo no han aprendido esta lección.

Ernesto Merimée, profesor universitario y miembro de la Academia Española, ya lo decía claramente: "¿Para qué demonios sirve la historia si nadie aprovecha sus enseñanzas?" .

Adrián Ravier es economista y profesor de la Universidad Francisco Marroquín y del Swiss Management Center University. Escribe regularmente en su página personal.

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