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Aceite, vino y turismo

¿Qué nos cabe esperar a los españolitos para salir de la crisis? Poco. Quizá rezar para que las tres grandes actividades de España sigan funcionando con regularidad.

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Basta mirar a nuestro alrededor para saber que las sociedades, incluida la española, funcionan a pesar de sus gobernantes. Aunque la sociedad española sobrevive a su casta política con cierto desmayo y a veces desidia, es de justicia reconocerle que se adapta con naturalidad a la crisis. Nadie hace ostentación de sus sacrificios. Nadie habla de la reducción de sus vacaciones como una heroicidad. Nadie hace exhibición pública de su fuerza espiritual y capacidad de aguante por la crisis económica. Se trabaja más por menos salarios, pero el hombre de la calle, los seres prácticos de verdad, no presentan su adaptación a la nueva situación como una proeza. La austeridad es consustancial al ejercicio de la ciudadanía española.

Esos seres, esos ciudadanos de a pie, son más enteros, más valientes, más sinceros y, sobre todo, más fuertes que todos sus gobernantes. Son los ciudadanos españoles, sencillamente, naturales. Son la antitesis de la artificialidad de su presidente de Gobierno. Todo en este sujeto resulta extremadamente alambicado. Es un tipo humano que ha llegado a declarar, sin sentir vergüenza alguna, que sufre tanto por los desempleados y la crisis económica que pasó toda una noche entera sin dormir. Pobre. Una noche sin dormir y, según dijo hace unos días, acortar sus vacaciones de agosto son los grandes sacrificios del presidente del Gobierno ante la crisis. Antes muerto que sencillo, como dice la canción, Zapatero es el mayor representante de una casta política que hacer del artificio pueril y cínico su principal trabajo.

Zapatero se presenta a sus semejantes como un hombre de acción a mitad de camino entre el hombre práctico y la figura literaria de un tierno soñador que lucha por su patria noche y día. Ridículo. Lo cierto es que crece el empleo o bajan las cifras de desempleados sin que el Gobierno intervenga en tales actividades. Más aún, casi nadie espera ya demasiado de este personal. El desgobierno es total. Casi todo queda al albur de una sociedad que se siente desgobernada. ¿Qué nos cabe esperar a los españolitos para salir de la crisis? Poco. Quizá rezar para que las tres grandes actividades de España sigan funcionando con regularidad. Son tres actividades que mantienen todavía el pulso económico de España. No digo que sean las únicas, pero son relevantes para resistir la crisis económica.

Dos de ellas son más viejas que nuestro país y la otra es una reciente creación de la España de los sesenta. Me refiero al "cultivo" del olivo, de la vid y, por supuesto, del turismo. Este último caso es de libro para saber cómo la sociedad va por delante de su casta política. Quien haya conseguido que la señora Obama, la esposa del presidente de los EEUU, haga vacaciones en la Costa del Sol, tiene acumulados más méritos que todo el consejo de Gobierno para recibir un premio al fomento del turismo en nuestro país. El Gobierno de España nunca logrará equipararse con el ciudadano que ha conseguido que la señora Obama haga vacaciones en la Costa del Sol, entre otros motivos, porque Zapatero ha rebajado de rango, en la última reestructuración de la Administración del Estado, la Secretaría de Estado para el Turismo.

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