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Burla y encanallamiento

El montaje de El Jueves contra Jiménez Losantos refleja lo contrario de la excelencia, o sea, acostumbrarse a vivir en el engaño. Es una muestra del "paradigma" político de la izquierda, a saber, intentar permanentemente convertir lo anormal en normal.

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Salvo excepciones honrosas, creo que el humor político en España apenas está desarrollado en la dirección de formar una conciencia ciudadana crítica y democrática. Predomina en nuestro humor político antes el desprecio que la ironía, antes el ataque a la persona que la crítica de sus ideas. Contra el adversario político e intelectual, sí, sobresale un tipo de "humor externo", tan grosero como la burla, tan injusto como el escarnio y tan criminal como la injuria. El ejemplo máximo de ese "humor" lo hallamos en las calumnias lanzadas por la revista El Jueves contra Jiménez Losantos.

Pero si grave es la injuria que se lanza contra la labor de ilustración política de Jiménez Losantos, creo que aún es más dolorosa, desde el punto de vista intelectual, que esta injuria forme parte del arsenal ideológico de la izquierda española, especialmente de esa izquierda que abandera con orgullo Rodríguez Zapatero, contra un periodista libre. La revista El Jueves vuelve a repetir la consigna totalitaria de la izquierda en el poder: "Los verdugos y sus víctimas son equiparables". Peor aún, es menester que se vuelva agredir a la víctima, incluso hasta el asesinato civil, para que queden claras las "razones" del verdugo. Es una canallada, sí, pero sobre esa sucia conciencia está construida la mentalidad política de la izquierda española.

Los llamados humoristas, ese tipo de gentes que tiene por misión hacernos reír, han utilizado ese "argumento" hasta la saciedad, especialmente desarrollado en periódicos tan próximos al Gobierno como a la oposición. ¡Tanta veces lo he visto repetido! Hoy, desgraciadamente, le ha tocado a Jiménez Losantos sufrir la agresión de El Jueves, pero, ayer, le tocó a Francisco J. Alcaraz y, mañana le tocará a cualquier otro, naturalmente, siempre que tenga cualidades que se salgan de la situación de encanallamiento que vive nuestro país, es decir, lo sufrirán todos los que vivan con conciencia limpia. Excelente. He ahí la base del encanallamiento, de la íntima desmoralización que vive nuestra sociedad: combatir hasta la muerte al excelente.

El montaje de El Jueves contra Jiménez Losantos refleja lo contrario de la excelencia, o sea, acostumbrarse a vivir en la irregularidad y el engaño. Es una muestra del "paradigma" político de la izquierda, a saber, intentar permanentemente convertir lo anormal en normal, aun sabiendo que no se puede conseguir. Por desgracia, esa conducta política no sólo se ha extendido entre las fauces ideológicas del PSOE, sino que forma parte ya de casi todos los medios de comunicación en general. Por ejemplo, es mentira, es una canallada mantener, como sistemáticamente hace el PSOE, que la derecha tenga la culpa de todos los males de la sociedad, pero, por si acaso, los medios de comunicación repiten, repiten y repiten esa salvajada.

Si queremos comprobar el nivel de envilecimiento de nuestra sociedad en general, y de los medios de comunicación en particular, preguntemos sobre cuántos medios de comunicación condenará el ataque salvaje de El Jueves a Jiménez Losantos. Sospecho que pocos, sencillamente, porque la mayoría están envilecidos, o sea, acostumbrados a vivir en el límite de la normalidad civil. No nos engañemos. Ese tipo de humor salvaje está por todas partes, pero, a veces, saca a relucir su verdadero rostro totalitario.

Por fortuna, excepto algunos acomplejados políticos del PP, los demócratas españoles saben que la cuestión del envilecimiento de la sociedad es el principal problema para pasar de una sociedad sectaria a otra democrática y civilizada. Mientras que la izquierda española no deje de criminalizar a la derecha cultural y política, me parece que aquí no hay posibilidad de construir vínculos democráticos. Lo común sigue oculto por el encanallamiento. En fin, la izquierda española vive "desesperada", algo es algo, porque no ha conseguido totalmente que su actuación criminosa con sus adversarios pase por normal. Todavía hay millones de personas que desprecian a la izquierda ideológica, porque no distingue entre política y maldad.

En cualquier caso, nadie crea que es fácil superar el encanallamiento actual de la sociedad española. Pues que igual que "una mentira hace cientos", decía Ortega, el encanallamiento de una sociedad parece no tener límites. Quien vive envilecido, arrastrado a vivir un modo de vida, porque se ha negado a ser el que tiene que ser, intentará que todos aceptemos como un estado habitual vivir en la irregularidad, o sea, que aceptemos que no hay otra forma de vida que lo indebido: la mentira y el crimen de guante blanco. Pues eso, insisto, que al margen de honrosas excepciones, también el llamado "humor" político en España ha contribuido de modo decisivo, durante los últimos treinta años, al encanallamiento de la izquierda política y cultural española. El humor como argumento, o sea, la ironía, brilla por su ausencia. Por eso, precisamente, deberíamos tomarnos en serio el argumento de Gorgias: "Echa a perder la seriedad de los adversarios por medio de la risa y su risa por medio de la seriedad".

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