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Confianza democrática o desconfianza reaccionaria

En esta campaña electoral, sí, elegimos entre un demócrata que busca confianza, Rajoy, y un viejo ministro del Interior, Zapatero, que llena de desconfianza todo el ámbito público.

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La desfachatez del PSOE tiene un carácter reaccionario que, más allá de poner en peligro la mayoría absoluta del PP, deja a la democracia sin su principal fuerza: la capacidad del sistema democrático de generar confianza en una alternativa política. En efecto, llegados al convencimiento de que alguien como Rubalcaba, que ha sido el máximo colaborador de Zapatero para situarnos en la mayor crisis de nuestra historia reciente, sería incapaz de generar confianza, los dirigentes socialistas tratan de presentar a su candidato como el principal organizador de la desconfianza contra el PP.

No caigan en esta trampa los del PP; presten sí mucha atención a todo el juego sucio de Rubalcaba; pero, sobre todo, enfréntenlo permanentemente a todas sus contradicciones y las de sus seguidores en la calle. El PP tendrá que sacar los dientes y hacer pedagogía política. Muestren a los ciudadanos que el PSOE quiere hacer de su debilidad la absoluta erosión de su legitimidad y confianza, una virtud y para ello se presenta, con todo el descaro del mundo, como el principal eje para minar el derecho que tienen los ciudadanos a elegir una opción política que no sea la socialista.

He ahí el telón de fondo de la campaña electoral, que resultará larga, tediosa y llena de peligros para el PP. El PSOE, de acuerdo con su largo historial de movilización, agitación de masas y mentiras programadas, ya ha comenzado con todos los medios a su alcance, que hoy por hoy van desde el control del Gobierno hasta la dirección de los aparatos represivos del Estado, pasando por la administración casi absoluta de todos los órganos ideológicos del Estado, a labrar su primer y único objetivo en estas elecciones, a saber, erosionar la confianza que millones de ciudadanos tienen depositadas en el PP.

La novedad de este proceso electoral, diagnosticado hace meses por cientos de encuestas y otros tantos análisis políticos, es que el PSOE no compite por ganar sino por perder por la mínima, o peor, su lucha no es por crear confianza en un proyecto político, sino por destrozar cualquier alternativa política, incluso al precio de la violencia, a través de un proceso calculado de erosión de la fiabilidad de los electores en el PP. Precisamente, por eso, les ha molestado tanto que Rajoy elija, a pesar de lo que digan los economicistas y listillos de salón, la palabra confianza como motor de su campaña. Sin duda alguna, independientemente del carisma del líder del PP, crear confianza, en la era de la desconfianza, es todo un reto político, democrático; por el contrario, intentar organizar la desconfianza, desde el poder de las instituciones, es un síntoma de la mentalidad totalitaria del antiguo ministro del Interior.

En esta campaña electoral, sí, elegimos entre un demócrata que busca confianza, Rajoy, y un viejo ministro del Interior, Zapatero, que llena de desconfianza todo el ámbito público. Eso es lo que nos jugamos en esta campaña.

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