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Declaración de Bono

Bono no podía visitar mejor programa que La Noria. Es su lugar natural. Bono y La Noria forman una "totalidad concreta", diría un marxista de los setenta.

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Huyamos de lo inane y dejémonos evaluar por la maldad. Entre la Declaración de Cartagena del PP y las declaraciones enlatadas de Bono al programa estrella de Tele 5, voto por el señor de la Hípica Almenara; entre la inanidad "cultureta" de Rajoy y los rastros diabólicos que esparció por la tele de Berlusconi el presidente del Congreso no me cabe duda. Me quedo con la segunda. Es más divertida. Ahí hallamos las bases de una nueva crítica de la razón cínica. El cínico ya no dice lo contrario de lo que piensa. El cínico contemporáneo dice lo que piensa y hace lo contrario de lo que dice.

Bono siempre es un espectáculo de la cultura socialista española. Es un curioso reaccionario-progresista y, por supuesto, un refinado catador de las esencias populares. Populistas. Él es un arquetipo de la filosofía del arrabal. Cita siempre que le viene bien las Escrituras, se confiesa católico aunque hace objeciones a la Resurrección y, por supuesto, proclama a los cuatros vientos su orgullo de venir del pueblo. Quizá sea esta última faceta de su existencia la que más le gusta. Él, Bono, es un hombre del pueblo y para el pueblo. No es un aristócrata ni un gentilhombre. Él es sólo Bono. Hijo de un tendero y nieto de un arriero y un labrador. Grandioso. Majestuoso. Una joyita neoclásica. Alguien que se ha hecho a sí mismo. Un porvenir inalterable: Hípica Almenara. 

Bono no podía visitar mejor programa que La Noria. Es su lugar natural. Bono y La Noria forman una "totalidad concreta", diría un marxista de los setenta. Bono en La Noria ya es un icono de la cultura popular española. Es una simbiosis de buen gusto y cultura popular. He ahí la mejor Weltanschauung del socialismo hispánico para el resto del mundo. Toda una concepción del mundo y de la vida. Bono: Pan y Circo. Bono ya es La Noria. Una rueda. Un ritual del caos cotidiano del socialismo transgresor de la nada.

Bono, en verdad, no se compenetró con el presentador de La Noria. Fue algo más íntimo. Bono y el director de La Noria se confesaban mutuamente sus afinidades. Sus sentimientos eran más que compartidos. Se penetraron, sí, mutuamente sus sentimientos. Las declaraciones de Bono en La Noria han rebasado todas mis expectativas. El presidente del Congreso ha conseguido el más difícil todavía. Los espectadores, los millones y millones de seres educados en los valores más altos del socialismo de Zapatero, verían con suma satisfacción una nueva aparición de Bono en el canal de Berlusconi. El pueblo entero se postra ante La Noria y pide asistir al ritual de Bono: Pan y Circo.

Todos quieren más, más y más. Todos quieren ver en directo, en cuerpo y alma, a Bono: Pan y Circo. Su verbo es una vuelta a la arcanos miserables de los setenta. Bono es único. Es el emblema de la política española. Un espejo de la profunda España. Vean, sí, otra vez la entrevista enlatada del programa estrella de Tele 5 y sabrán el significado de los términos impostura, populismo y socialismo. Los tres están sintetizados en la expresión de Bono, Pan y Circo: "Mi palabra es más torpe que mis sentimientos".

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