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Agapito Maestre

Diario de la pandemia. De la Viruela a la COVID-19, y vuelta

Cada vez se sabe más sobre el asunto, pero tengo la sensación de que la labor de divulgación dista mucho de estar haciéndose adecuadamente.

Agapito Maestre
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Cada vez se sabe más sobre el asunto, pero tengo la sensación de que la labor de divulgación dista mucho de estar haciéndose adecuadamente.
Ilustración de la corbeta en la que se llevó a cabo la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna | Archivo

Quien no viera frivolidad, estulticia y maldad en el simulacro de homenaje a las víctimas del coronavirus organizado por el Gobierno de España, es que ha perdido por completo su sentido estético y moral. Nadie con una mínima inteligencia puede admitir que el Jefe del Estado, Felipe VI, fuera situado en el mismo nivel institucional que el resto de los presentes en un acto diseñado por una mente plebeya. La degradación moral de todas las instituciones políticas tuvo en ese acto su correlato estético. El Jefe del Estado sentado sobre una silla de plástico en el Patio de Armas del Palacio Real ya ha pasado a la historia de la infamia de España. Los organizadores no solo querían humillar al monarca, a la primera autoridad del Estado, sino a todos los españoles. Lo consiguieron con creces.

La cobardía de los españoles con sus élites políticas ha sido pagada por los tiranos del Gobierno con humillación, vejación y desprecio. Vamos de tumbo en tumbo. La simulación de unidad era ridícula, incluso trajeron a los truchimanes más salvajes del separatismo. Pero la imagen más actual y real de España habla por sí misma. La descuadernada España de los socialistas y los comunistas, de los peperos y los separatistas, de los científicos y los intelectuales, de todos y de nadie, estaba representada en esa patética imagen de un Jefe del Estado sentado sobre una sillita playera. Al bueno de Felipe VI le hicieron presidir un esperpento de homenaje, cuando apenas hay nadie en España con juicio político que deje de reconocer que esto se ha convertido en un régimen acéfalo, o peor, un callejón sin salida.

Madrid, 18 de julio de 20020

De la viruela a la covid-19

Más de tres horas he pasado leyendo informaciones sobre la enfermedad de la COVID-19. He consultado todo tipo de artículos acerca de sus orígenes, prevención y formas de combatirla. Y, lejos de estar confundido, estoy convencido de que cada vez se sabe más sobre el asunto, pero tengo la sensación de que la labor de ilustración o divulgación de esos conocimientos dista mucho de estar haciéndose adecuadamente. Pareciera que los responsables del Ministerio de Sanidad son incapaces de transmitir, mediar y comunicar los resultados más relevantes de la llamada "comunidad científica". Los protocolos y medidas de orientación para prevenir la enfermedad son deficientes.

Tampoco creo que ayude demasiado a la divulgación del saber sobre este coronavirus la terrible fragmentación y falta de comunicación entre las principales agencias de socialización científica, por ejemplo, no entiendo por qué hay tantas Reales Academias de Medicina regionales —incluso hay comunidades autónomas que tienen dos, caso de Andalucía— y no se potencia más el peso de la Real Academia Nacional de Medicina… Al final de mi sesión de lectura sobre la epidemia, leo una entrevista a un epidemiólogo que se expresa con precisión y sin tecnicismos innecesarios. Ante la amenaza de una segunda ola de contagios me quedo con la opinión de Jesús Molina Cabrillana, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene, quien considera que el sector sanitario está preparado para enfrentarse a ella "en lo que se refiere a la parte asistencial, la atención primaria y los hospitales. El problema es que faltan rastreadores, las personas encargadas de investigar los casos y los contactos y buscar el origen de los brotes". O sea este hombre me confirma que la epidemiología es una disciplina más de bota, permítanme el casticismo, que de bata.

Eso es algo que demostró, dicho sea de paso, el sabio doctor Balmis, en 1803, al aceptar la jefatura de la Real Expedición Filantrópica para extender la vacuna contra la viruela a principios del siglo XIX, en todos los territorios de ultramar de la Corona de España (América y Filipinas). La historia de la medicina en general, y de la epidemiología en particular, ha aprendido mucho de esa Expedición Filantrópica, especialmente técnicas y protocolos científicos para atajar una epidemia. Cuando uno lee sobre esas catástrofes del pasado y las formas de encararla, comprueba con facilidad la gran mentira de los gobiernos actuales al decir que estamos ante una novedad. Falso. Epidemias siempre han existido. No deberían los gobernantes rehuir sus responsabilidades con la simple apelación a que estamos ante algo nuevo en la historia.

Aprendamos, pues, de la historia. Seamos humildes. Leamos todo aquello que escribieron en otras épocas hombres de ciencia para enfrentarse a enfermedades tan duras como la que hoy padecemos por el coronavirus. En esta perspectiva podemos sacar provechosas lecciones de la Expedición científica que partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803, en la corbeta María Pita, con destino América y Asia, y que constituye una de las empresas de salud pública más extraordinarias de la historia de la humanidad. La bibliografía sobre ese apasionante viaje científico es abundante; aparte de las notas del diario de viaje de Balmis, así como de los protocolos y estudios científicos llevados a cabo durante los tres años (1803-1806), que duró la expedición, destacaría cuatro libros.

El primero fue escrito en 1885 por Eduardo Moreno Caballero: Sesión Apologética dedicada al Dr. Francisco Xavier de Balmis y Berenguer; es un discurso en el Instituto Médico Valenciano. El segundo es de 1948, se trata de una magnífica síntesis de Gonzalo Díaz de Yraola, publicado en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, titulado La vuelta al mundo de la Expedición de la Vacuna. El tercero es una extraordinaria tesis doctoral, publicada por Doce Calles/Fundación Jorge Juan, en 2002, de Susana María Ramírez Martín: La salud del Imperio. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Y el cuarto es una gran síntesis, alta divulgación científica, de todos los trabajos anteriores, a cargo de Emilio Balaguer Perigüel y Rosa Ballester Añón, magníficamente presentado por el doctor Alfonso Delgado Rubio. De Rosa Ballester puede verse con gran provecho un vídeo reciente, en You Toube, sobre esta aventura científica grabado por el observatorio de la universidad de Harvard y el Instituto Cervantes,

Cientos de cosas podemos aprender de la Expedición Filantrópica de la Vacuna contra la Viruela y no es la menor, como ya reconociera hace década la famosa OMS, que sin sus resultados no hubiera podido erradicarse definitivamente, en 1980, esa terrible enfermedad. Inolvidables serán, por otro lado, las palabras que dirigiera el gran sabio venezolano Andrés Bello al patrocinador de la expedición, Carlos IV: "¡Viva el digno monarca que nos libra de las Viruelas! ¡Viva el cuarto Carlos! Hombre, mujer, infante, todo mortal que pise estos confines, cante a Carlos bienhechor. Publique Venezuela que quien de nuestro clima lanzó la atroz Viruela, fue su paterno amor". Por cierto, el proceso de erradicación de la viruela en estos territorios de los Virreinatos dio lugar a la aparición de comunidades científicas que, poco más tarde, fueron utilizadas como fuerzas impulsoras para crear naciones al margen de España.

Sin duda, la campaña española para erradicar la viruela, dirigida por dos grandes médicos, Balmis y Salvany, fue un factor clave para la creación y posterior fortalecimiento de comunidades científicas nacionales en los países desgajados del Imperio español. México sigue siendo un ejemplo sobresaliente de las amplias repercusiones que tuvo esta expedición en América. El médico mexicano Fernández del Castillo estudió los pasos seguidos por Balmis en México: Los viajes de D. Francisco Xavier de Balmis. Notas para la historia de de la expedición vacunal de España a América y Filipinas (1803-1806), en editorial Galas de México, 1960. Otro mexicano, Ernesto de la Torre, llegó a decir que tuvo tanta importancia esta expedición para la historia de la medicina mexicana que sería menester cambiar la inscripción del monumento a Carlos IV, monarca de muchos defectos y quizá solo una virtud: haber propiciado esta expedición científica. "Y así como de los hombres que pasan a la Historia por una mala acción se olvidan todas sus virtudes, de Carlos IV, por esta sola acción", concluye Ernesto de la Torre, "se debieran olvidar sus errores. Si la gratitud es palabra que tiene algún sentido, el monumento a Carlos IV, popularmente llamado 'El Caballito', debiera cambiar su inscripción casi vergonzante, por la que dijera, insisto: ´Carlos IV envió la vacuna a México, y la propagó por el Mundo`".

Madrid, domingo 19 de julio de 2020.

Un Ministerio débil y la fundación Bill Gates.

El Ministerio de Sanidad ha presentado, en la Fundación Ramón Areces, un Estudio Nacional Epidemiológico en colaboración con el Instituto de Salud Carlos III, el Instituto Nacional de Estadística y todas las Comunidades Autónomas para conocer mejor las características de la epidemia de COVID-19. Quizá esté bien hecho. No pongo en duda su plausibilidad científica. La recogida de datos puede que sea correcta. Pero tengo la sensación de que nadie toma en serio algo que esté patrocinado por el Ministerio de Sanidad. Su descrédito es absoluto. Illa, el ministro de la cosa, y su segundo en el seguimiento de la enfermedad, Fernando Simón, no tienen legitimidad intelectual para respaldar un estudio serio. Mientras que estos hombres no se marchen del ministerio, nadie inteligente le prestará atención a esta institución.

Pero, suponiendo que el citado estudio sea correcto, ¿cuál es su principal aportación para el conocimiento de la enfermedad de la COVID-19? El trabajo ha puesto de manifiesto que el 5% de la población española ha tenido contacto con el COVID-19 y ha desarrollado anticuerpos contra él. Sí, eso es todo. No es poco. Para obtener este y otros datos, se han realizado más de 200.000 pruebas diagnósticas a 60.000 ciudadanos elegidos al azar entre menores de un año a nonagenarios en tres oleadas distintas. Unos 5.000 profesionales sanitarios de 2.400 ubicaciones distintas de todas las Comunidades Autónomas y 29 laboratorios se han prestado para realizarlo. Sin embargo, por desgracia, todo ese esfuerzo apenas vale para nada, porque la investigación, sin duda alguna, ajustado a los estándares de la corrección estadística, tiene fecha exacta de caducidad, o sea, solo nos proporciona una foto fija de la pandemia en un momento concreto. De ahí que los presentadores del estudio, casi todos ellos cargos políticos, reconozcan que tiene que repetir la investigación periódicamente. ¿Lo harán o todo es un brindis al sol? Pronto lo veremos. Septiembre está a la vuelta de la esquina.

Quien no pierde el tiempo con estudios correctos sobre el terrible virus es Bill Gates, cuya Fundación Bill & Melinda Gates han destinado un fondo total de inversión de 250 millones de dólares para "apoyar al desarrollo de diagnósticos, terapias y vacunas contra el virus". En pocas palabras, sospecho que Gates se ha adelantado a la mayoría de los gobiernos del mundo, o sea, ya ha contratado a todos aquellos sabios que tengan algo que aportar contra el virus.

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