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Elecciones, el Constitucional y ETA

La decisión del TC, en efecto, significa el reforzamiento de un sistema corrupto. Tan corrompido que yo nunca sospeché que más de un 27% de la población esté de acuerdo con el brazo político de ETA. Otra razón para alegrarme de mi equivocación.

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La campaña electoral discurre por los lodazales de la corrupción. Me explico. Dije aquí, hace un par semanas, que no dejarían presentarse a ETA a las elecciones de 22-M. Me equivoqué. No reconocerlo sería algo peor que falso, estúpido, y, sobre todo, correría el riesgo de caer en las motivaciones perversas de quienes han legalizado el terror. Me alegro de haberme equivocado. Porque ahora puedo contrastar de modo más severo, y quizá dramático, mis argumentos, razones e informaciones con la decisión de un Tribunal Constitucional "oculto", "secreto" y "escondido".

El Tribunal Constitucional, disfrazado de legal, ha cometido una fechoría más contra las bases morales de la democracia. No será la última acción en su larga trayectoria de asalto y persecución del sistema democrático; el TC, bajo el disfraz del valiente ladrón, desmantela la nación, elimina sin piedad el recuerdo de las víctimas de ETA y, por supuesto, sólo se mostrará "cortés" y "amable", como todos los salteadores de caminos, con la "jovencita" aterrorizada ante su poder. Señoritas aterrorizadas simulan ser los partidos políticos, las agencias periodísticas y el resto de actores políticos que susurran al oído del bandolero: "Respetamos lo que hace el ‘Tribunal’ por el bien de todos".

Se imaginan la reacción de esas "jovencitas aterrorizadas", ante el poderío del embozado TC, si alguien les dice que este tribunal ya no actúa como instancia partidaria, ojalá, sino al servicio del terror. Se imaginan las caritas que pondrán las "jovencitas aterrorizadas, si les dicen que el brazo político de ETA no es Bildu. Falso. El aparato político de ETA está las vísceras del propio Tribunal Constitucional. Quizá sea duro para este personal oír este razonamiento, pero es obvia la conclusión, a saber, si la policía, el fiscal, la abogacía del Estado y el Tribunal Supremo dicen que Bildu es ETA, entonces nadie, excepto los propios etarras o sus defensores, podrán decir que ETA no es Bildu.

He ahí el fundamento lógico para no arrepentirme de mi fallido diagnóstico; por el contrario, en cierto sentido moral, me alegro de haberme equivocado, porque ahora puedo comprobar en carne propia el nivel de corrupción de un sistema político coherente, muy coherente, con una inmensa plebe, o populacho, que está a favor de la legalización de ETA. La decisión del TC, en efecto, significa el reforzamiento de un sistema corrupto. Tan corrompido que yo nunca sospeché que más de un 27% de la población esté de acuerdo con el brazo político de ETA. Otra razón para alegrarme de mi equivocación.

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