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¿Escuelas de bienvenida o centros de reclusión?

Se trata de "socializar" a los inmigrantes bajo un único dogma: la finca en la que moran se llama Generalidad –España, por supuesto, no existe–, y sólo tiene un amo: Montilla el del PSC.

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La Generalidad de Cataluña, apoyados por el ministro de Trabajo y la secretaria de organización del PSOE, han propuesto separar, que es una forma de recluir, a los menores inmigrantes de 8 a 16 años en centros especiales para adaptarlos al sistema educativo catalán (sic). Quien esté comprendido entre esas edades, no haya sido escolarizado y, naturalmente, sea inmigrante, reúne las condiciones para ser sometido a un proceso de segregación, separación y "socialización educativa" al margen del sistema educativo español. Los objetivos de la Generalidad son claros: "Informar y orientar sobre el sistema educativo catalán (no español). Sensibilización y fomento del uso de la lengua catalana (no la española). Iniciar procesos de familiarización con la realidad cultural catalana (no la española) mediante talleres educativos, culturales y deportivos."

La perversidad de la idea fue concebida merced a desde hace años existe un programa de apoyo al sistema formal de escolarización para los niños inmigrantes. Es el conocido proyecto de los Espacios de Bienvenida Educativa (EBE), algo así como una red de apoyo paralelo al educativo formal para que los niños inmigrantes se integren mejor y más rápidamente en el sistema escolar español. Los EBE constituyen todo un programa de integración educativa, que viene siendo desarrollado hace ya tiempo a través de Aulas de enlace en Madrid, o de acogida en Cataluña, o temporales en Andalucía, pero que la Generalidad de Cataluña quiere instrumentalizar para separar, segregar y programar a niños inmigrantes en súbditos catalanes.

Seguramente, la operación no se llevará a cabo de momento por las críticas recibidas, entre las que destaca el incumplimiento de los artículos 78 y 79 de la LOE, que no permite forma alguna de "segregación" o separación de los niños inmigrantes sin escolarizarlos previamente; pero estoy convencido de que la iniciativa de Montilla es la primera batalla de una guerra que trata no tanto de crear guetos, cosa obvia para quien conozca las intenciones de los socialistas y nacionalistas, cuanto de pastorearlos en su provecho. En otras palabras, se trata de "socializar" a los inmigrantes bajo un único dogma: la finca en la que moran se llama Generalidad –España, por supuesto, no existe–, y sólo tiene un amo: Montilla el del PSC. Todo se les permitirá a los inmigrantes, excepto no votar a los socialistas y nacionalistas.

Montilla parece haber rectificado, insisto, de momento, y ha dicho que esos espacios de acogida, o de Bienvenida Educativa, no serán obligatorios. Aunque sólo los padres que lo deseen podrán acogerse a la medida de pasar por estos espacios antes de integrarse en el sistema escolar, creo que la voluntariedad será sólo formal, conociendo cómo actúan los socialistas en materia educativa. ¿O es que acaso formalmente no existe el bilingüismo en Cataluña, cuando en realidad millones de niños no pueden ser escolarizados en castellano?

La "valiente" medida, según la calificación de Corbacho, del departamento de Educación de la Generalidad no tiene otro objetivo que mostrarle a los inmigrantes una sórdida alternativa: o se adaptan al nacionalismo socialista catalán o lo pasarán mal. Montilla sabe tan bien como Orwell que "desde el punto de vista de los Bajos, ningún cambio histórico ha significado mucho más que un cambio en el nombre de sus amos". Y aquí, según parece decir la Generalidad, no hay más amo que Montilla.

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