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España no es un mito

La apuesta política de Pedro Sánchez es el mayor peligro que correrá España en los próximos años.

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La apuesta política de Pedro Sánchez es el mayor peligro que correrá España en los próximos años. Es una apuesta por un mito. Un centauro de centauros. La sustitución de la realidad por expresiones como nación de naciones es el mayor reto al que se enfrentan los ciudadanos normales para defender la democracia. El socialismo se muere en toda Europa, pero los socialistas españoles tratan de sobrevivir agarrándose a una retama seca, podrida, a punto de morir. Me refiero a la idea de nación española recogida en la Constitución de 1978. Ya no sólo está en cuestión el carácter único e indivisible de la nación española, algo que los españoles normales sufrimos desde hace mucho tiempo, sino que se trata de sustituirlo, previa destrucción de todos sus elementos más racionales, por algo tan indefinible como son los sentimientos de nacionalidad local, comarcal, regional y autonómica… La opción ideológica de Pedro Sánchez no es nueva en el PSOE. Consiste en jugar con la idea de nación española para conseguir el poder.

La manipulación del concepto de nación hasta convertirlo en un ideologema funcional, un instrumento retórico, que sirva lo mismo para un roto que para un descosido, será la parte central del argumentario o falsario catálogo de necedades que elaborarán los socialistas para alcanzar el poder con la ayuda de Podemos y los separatistas. No estarán los socialistas aislados a la hora de llenar ese programa de malas ocurrencias y tropelías sobre la nación española. España será convertida en un trampantojo. Algo susceptible de ser manipulado a gusto del consumidor. Da igual decir "nación de naciones" que "me la bufa", como dijo hace unos años un famoso escritor, "España como nación". El PSOE no está solo en la faena de vaciamiento del artículo 2 de la Constitución. Estará acompañado por su propia historia, una parte de su más triste historia, que tuvo sus mayores desgracias en la Segunda República y la Guerra Civil y su mejor fortuna en la etapa de Rodríguez Zapatero. Tiene el PSOE de Sánchez, pues, materiales suficientes en su pasado para nutrir su nuevo programa ideológico.

También el desprecio por la nación que ha caracterizado la historia de España, aquí sí que es triste nuestra historia, acompañará a Sánchez y su Ejecutiva en esta nueva etapa de destrucción total de la España constitucional. Ejemplo de esta triste historia contra la nación española es que su mayor teórico, el hombre que más razones dio en su favor, está negado tanto por la izquierda como por la derecha. ¿O se atreve algún político a citar la idea de nación de Ortega y Gasset?, ¿quién es el valiente que defiende su idea de nación como empresa de futuro basada en la tradición?, ¿ quién no tiene miedo a seguir a Ortega y Gasset en un país lleno de cobardes?

Nadie se rasgue las vestiduras por el contenido bárbaro que recoge la expresión nación de naciones. Nadie se extrañe por que en este juego de los socialistas, llamado plurinacionalidad, participen cientos de hombres-masa, gente que vive de titulares y tópicos, periodistas que oyen la palabra nacióny huyen despavoridos para que no los identifiquen, dicen ellos, con opciones políticas extremas. La nación les importa una higa a la mayoría de los hombres-masa, que habitan en las redacciones de los periódicos, las universidades, las academias y todos los centros de socialización cultural de España. Pedro Sánchez, pues, será fielmente acompañado por muchos medios de comunicación, universidades, cientos de periodistas, profesores, juristas, historiadores, academias de la lengua y la historia, ideólogos, escritores y, en general, por todos los que han sido maleducados en que España no es una nación. Antonio Machado, pues, no ha llegado al hombre-masa. Pocos creen al poeta. Antonio Machado ha fracasado. La mayoría no suscribe sus palabras: "La nación española no es un mito".

Los socialistas han vuelto a apostar por la mitología: "España es una nación de naciones". Mentira. Eso nunca ha existido y, además, es imposible conciliarlo con el carácter único e indivisible de la soberanía nacional que recoge la Constitución de 1978. La sustitución de una realidad histórica por una expresión abstracta es una tragedia para cualquier país. Sólo hay algo comparable en maldad a esa faena, otra inexistencia, la defensa del derecho a decidir. ¿Será ese el nuevo salto de Pedro Sánchez para alcanzar el poder?

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