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Impuestos y política

Rebajar el nivel de análisis a las burradas paleomarxistas, por llamarle algo, de Alonso es descender a la época de las cavernas políticas.

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Hace tiempo que los españoles dejamos de vivir en la apoteosis del Estado de bienestar, entre otros motivos, porque las autonomías han roto la unidad de mercado del Estado-nacional, merced a unas "políticas" de carácter secesionista del Estado-nacional. El caso paradigmático y, seguramente, trágico es la aplicación del Estatuto de Cataluña. Si a ello añadimos que tenemos 17 "Estaditos" o taifas gastando sin freno alguno, nadie es su sano juicio puede seguir hablando con sensatez de que España sea un Estado moderno de bienestar. Eso es, hoy por hoy, una falsedad más del gobierno de Zapatero. No hay Estado de bienestar porque el mercado está cada vez más desvertebrado y el Estado en vías de desaparición. En esas circunstancias defender la subida del IVA como única solución para mantener el "Estado de bienestar" es "política de brocha gorda". Populismo barato.

Los Estados de bienestar se fundamentan, en verdad, sobre una política de impuestos medianamente razonable. Algo de lo que carece España. A pesar de la implantación universal del IRPF a finales de los setenta, o del impuesto del IVA con la entrada, en 1986, de España en la Comunidad Europea, nadie dirá que esos son medidas suficientes para hablar de una política sensata de impuestos. En fin, nadie en su sano juicio considerará que los impuestos directos o los indirectos, en España, forman un modelo de justicia social. Cualquier cosa puede decirse de nuestra política fiscal, excepto que sea razonable, entre otros motivos, porque no pagan más los que más tienen. Y porque tampoco está claro que una subida de impuestos, con o sin otras medidas convergentes y paralelas, logren detener las cifras exageradas de nuestro déficit público.

En cualquier caso, el debate de los impuestos es siempre complicado tanto en regímenes dictatoriales como en los sistemas políticos democráticos, o falsamente democráticos como es el caso español. Es un debate, diría un sabihondillo, técnico. De acuerdo, no es sencillo fijar quién, cómo y cuánto se debe pagar; pero de ahí a mantener, como ha dicho el portavoz del grupo socialista en el Congreso, señor Alonso, que el PP quiere eliminar servicios públicos esenciales, por ejemplo, educación y sanidad, porque no desea que el IVA suba dos puntos, media un abismo. Estas declaraciones son de tal salvajismo intelectual que resulta difícil comprender cómo este hombre representa al partido del Gobierno.

Porque esas declaraciones rebasan la inmundicia populista, es menester insistir en que el debate de impuestos es, en efecto, complejo, y prueba de lo que digo es que este periódico mantiene posturas enfrentadas a propósito de la subida del IVA propuesto por el Gobierno; pero rebajar el nivel de análisis a las burradas paleomarxistas, por llamarle algo, de Alonso es descender a la época de las cavernas políticas. Oyendo a este tipo de políticos tiendo a pensar que el nivel del "discurso" político de nuestros parlamentarios, especialmente los del PSOE, está al mismo nivel, o quizá peor, que los de Venezuela y Cuba.

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