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Información contra movilización

Las respuestas del arzobispo, como no podía esperarse otra cosa de un hombre inteligente, no sólo dejaban en evidencia al entrevistador, sino que daban una larga explicación sobre la necesidad del pluralismo informativo en una democracia.

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La batalla que algunos medios de comunicación están librando contra los silencios y vaguedades del Gobierno en torno al 11-M y la negociación con ETA es, sin duda alguna, una batalla de la democracia. Por el momento, a pesar de alguna desafección y ataque de envidia, están ganándola los demócratas. Si no fuera así, cómo explicar el descenso de ventas de El País o los bajos índices de audiencia de la Cuatro. Los cientos de miles de ejemplares que El País ha dejado de vender en julio y agosto quizá tengan también una explicación política. Por supuesto, el ridículo índice de audiencia del informativo estrella de la Cuatro también puede explicarse políticamente. A uno y otra no les interesa la información sino sólo la movilización.

Por desgracia para ellos, y por suerte para la sociedad democrática, la tarea siempre necesaria de la movilización de los medios de comunicación no es nada sino está acompañada de una decente y competente información. Ésta es, hoy, una pieza clave de nuestra endeble democracia. De momento, la batalla, se mire por donde se mire, la están ganando los medios que se concentra seriamente en la información. A la vista están los resultados espectaculares de algunos de estos medios en el crecimiento de sus audiencias.

Por el contrario, los medios de comunicación socialistas hace tiempo que bajan y bajan sin que nadie pueda parar su caída. El País es el ejemplo más relevante, naturalmente, porque hace tiempo que dejó de informar no con solvencia, sino simplemente se olvidó de informar. Su afán partidista, en todos los ámbitos, lo ocupa todo. A veces resulta escandaloso. Sus titulares lejos de informar sólo pretenden influir en un determinado sentido en el lector a través de una persuasión ridícula. Cualquier cosa es buena, excepto darnos una información ajustada a lo sucedido; por ejemplo, en vez de informar sobre el acto terrorista de los tres encapuchados, que aparecieron en Oyarzún lanzando tiros al aire sin que la policía autonómica ni la Guardia Civil hiciera acto de presencia, prefería intoxicar, movilizar no se sabe qué conciencias, con el titular: "El presidente actuará con contundencia". ¿Qué significa ese titular? Nada, porque nada decía, por supuesto, sobre el propio acto terrorista, o sea, sobre la necesidad de buscar, encarcelar y juzgar a los autores. Tampoco informaba sobra la falta de diligencia de la policía ni de las autoridades autonómicas. Menos todavía relataba la actitud de los presentes y su asentimiento a la soflama que lanzaron los terroristas.

En consonancia con ese afán ideológico y falsificador de la realidad del periódico de Prisa, pueden analizarse todas las entrevistas que lleva a cabo el periodista estrella de la cadena de televisión Cuatro. No hay personaje político o autoridad religiosa de marcado carácter democrático que no sea alanceado dialécticamente por este señor para presentarlo como un tiradillo dispuesto a criticar a su propia casa, o su sistema de referencia intelectual. Este periodista parece haber perdido por completo la perspectiva informativa para situarse en el plano de la insidia y el engaño. Todo por sacar un titular que movilice y satisfaga los bajos instintos de sus correligionarios. La entrevista a Rajoy fue una antología de engaños, malas intenciones y guiños totalitarios para enfrentar al jefe de la oposición con los ciudadanos.

El afán inquisidor de este hombre también quedó bien reflejado en el "interrogatorio" al que sometió al arzobispo de Sevilla, García Amigo. Por fortuna, las respuestas del arzobispo, como no podía esperarse otra cosa de un hombre inteligente, no sólo dejaban en evidencia al entrevistador, sino que daban una larga explicación sobre la necesidad del pluralismo informativo en una democracia. García Amigo fue contundente en su explicación no tanto porque manifestase que la COPE es una bendición de Dios, sino porque sin la COPE y otros medios similares el entrevistador no sería considerado un periodista sino un monigote del poder.

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