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Jueces especiales o jueces comisarios

Los jueces actúan como simples piezas de un engranaje, o mejor, de un sistema superior, el Estado, o peor, el gobierno de Zapatero, que representa e indica en cada momento cuál es el fin último, genuinamente “ético”, que debe perseguir la sociedad.

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La humildad es hoy una condición necesaria para entender el significado jurídico, histórico, político y, sobre todo, moral del auto abierto por el juez Garzón para enjuiciar unos supuestos crímenes contra la humanidad del régimen de Franco. Es menester que reconozcamos nuestras debilidades y fracasos a la hora de enjuiciar actuaciones pasadas de este juez, que, como casi todo el resto de la judicatura española, se siente y percibe dependiente del poder político, en general, y del Ejecutivo de Zapatero, en particular. Garzón no es, como algunos dan a entender, una excepción del sistema judicial. Nadie se haga muchas ilusiones sobre la independencia de los jueces españoles. Pero, si todavía quedara algún ingenuo, examine la "elección" reciente del CGPJ y entenderá el problema. Esa "elección" o selección fue un espectáculo patético. Todos pudimos comprobar con bochorno, una vez más, cómo todos los jueces se dejaban pastorear por Zapatero y Rajoy.

Precisamente, porque estamos ante una judicatura, sin duda alguna, de carácter dependiente, cuando no totalitaria, que no está dispuesta a dar la batalla a favor de la genuina justicia, libre e independiente, o sea, no osa cuestionar que el sistema jurídico español pudiera funcionar enfrentándose al poder de las elites políticas, las actuaciones del juez Garzón no deberían de sorprendernos sino, antes al contrario, tendrían que ser analizadas como una pieza más –cierto que exagerada pero eficaz para dar solidez al régimen– del sistema judicial y político español. Quizá un día este juez pasará a segundo plano, o quizá alguien consiga sosegarlo, pero, no lo duden, vendrá otro a ocupar su lugar. De momento, Garzón sigue. Está ahí al servicio del régimen político de Zapatero. Reitero que no es una excepción, una enfermedad, más o menos pasajera del sistema judicial. Al contrario, muestra la esencia del funcionamiento del régimen político: los jueces actúan como simples piezas de un engranaje, o mejor, de un sistema superior, el Estado, o peor, el gobierno de Zapatero, que representa e indica en cada momento cuál es el fin último, genuinamente "ético", que debe perseguir la sociedad.

¿Cuál es esa esencia "moral", la "eticidad" del Estado que señalan hoy Zapatero y los franquistas que pueblan las filas del PSOE y el PP de cara a las próximas elecciones generales? Sencilla: es menester condenar al franquismo en general para salvar a los franquistas en particular. Los franquistas en el PSOE y, por supuesto, los hijos socialistas de los franquistas, están encantados con la operación. Por su parte, los franquistas del PP y, naturalmente, sus hijos "peperos" se ríen y miran cínicamente la historia que inventan los socialistas. Todos participan de una vieja estrategia nazi y comunista, que está teniendo un gran éxito en España: culpable fue el régimen, pero no sus hombres. Eso es "culpa organizada". Culpa colectiva para esconder a los sujetos responsables. Criminal fue el franquismo, pero no los que ejecutaban sus órdenes. Por este camino, el Rey no será llamado a declarar por haber sido nombrado por Franco. Joaquín Ruiz Jiménez no será molestado por haber sido ministro del dictador. Etcétera. Etcétera. Etcétera.

Detrás de esa ocultación de responsabilidades, o mejor, de asignación y reparto de culpas, nadie en concreto podrá ser juzgado por criminal, entre otros razones, porque se trata de una acusación tan genérica como abstractas de "crímenes contra la humanidad". En fin, he aquí el principal motivo de diferenciación que busca el PSOE del PP para ganar las próximas elecciones. Estoy convencido de que tendrá éxito por la carencia de un discurso serio de la oposición para contestar a todas esas patrañas socialistas servidas por una estrategia política implacable. Y, por supuesto, porque el silencio inmoral es más rentable que el compromiso por clarificar una historia terrible.

Así las cosas, lejos de considerar la acción de Garzón y los socialistas como una mera acción de propaganda política, deberíamos de tomarnos en serio que la condenación "metafísica" de todo el franquismo sin hacer distingos acerca de las responsabilidades políticas colectivas por un lado, y sin indagar en las culpas individuales de los franquistas por otro, es una estrategia política de gran calado, obviamente, para enmascarar culpas concretas, evoluciones políticas y, sobre todo, para tapar que los franquistas de ayer pueblan las filas del socialismo de hoy. Por supuesto, insisto, esta operación política no puede llevarse a cabo sin el silencio cómplice e inmoral de aquellos franquistas, o hijos de franquistas, que guardan silencio sobre esta condenación general del franquismo con tal de que a ellos los dejen tranquilos. Pastando con placidez.

En fin, quizá la Fiscalía logre parar a Garzón, pero nadie se extrañe que un día este hombre consiga su más preciado trofeo, a saber, el asentamiento y consolidación de un régimen político que le dé poderes especiales para juzgar presuntos delitos no menos singulares. Garzón, como todos los socialistas, tiene su máxima aspiración en un régimen de jueces especiales. Jueces comisarios. La Dictadura comisarial, teorizada por Schmitt, está cercana en España.

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