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La barbarie de Zapatero

Pocos signos, pues, para la esperanza hallamos en el desconocimiento permanente que muestra Zapatero de la Oposición y, quizá, también al revés. Remar en la misma dirección no es cosa de los políticos españoles.

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La encuesta del CIS es inapelable. Rubalcaba ya está por delante de Zapatero. Ratifica que el presidente del Gobierno es un cadáver político. Puede que sea cierta la retirada de este hombre de la candidatura a la presidencia. Pero, mientras decide si se queda o se va, sus declaraciones no sólo hacen daño a su partido sino a todo el tejido institucional. La política, el arte de pactar, languidece sin que nadie de la casta política sea capaz de regenerar el ligero imaginario democrático. En verdad, la legislatura está peor que muerta. Huele mal por todas partes. Es imposible algún tipo de catarsis política con Zapatero al frente del Gobierno.

Por ejemplo, ayer, en el Congreso de los Diputados, Zapatero pedía con gesto impostado respeto para los sindicatos, naturalmente, a la vez que despreciaba a la Oposición para la tarea de gobierno al decir: "Al PP se le han subido las encuestas". No es alternativa. Por este camino, Zapatero no hace sino repetir, e incluso elevar a la enésima potencia, una imagen cainita de la "política" española de todos los tiempos: se gobierna sólo para los nuestros y se desprecia a los otros. Acaso por eso, a los ojos de los ciudadanos, la vida política española se presenta pesada, lenta e inútil. El PSOE de Zapatero ya no da más de sí mismo, excepto para seguir generando destrucción y odio entre los españoles; por ejemplo, le concede a Mas, en Cataluña, lo que niega a los de Castilla-La Mancha, Murcia o Madrid.

Pocos signos, pues, para la esperanza hallamos en el desconocimiento permanente que muestra Zapatero de la Oposición y, quizá, también al revés. Remar en la misma dirección no es cosa de los políticos españoles. Han hecho del desconocimiento de sus diferentes "propuestas" la única manera de estar en el espacio público político. Los políticos no hablan para encontrar puntos de coincidencias, o sea, políticas viables para todos, sino para insultarse y prometerse odio eterno en nombre de su "ideología" o su tradición. Los políticos españoles, lejos de hacer política, niegan la viabilidad de cualquier acuerdo. Parece que el Gobierno tiene prohibido aceptar cualquier propuesta de la Oposición, y viceversa. He ahí el impulso ciego, la mera ambición de poder, que define la barbarie política española. La democracia española representa, nos guste o no, una civilización bárbara. No hay nada más allá de la mera ambición de poder.

Pero, ayer, Zapatero fue más allá del tópico: no sólo despreció a los adversarios políticos, sino que se pasaba por el arco de triunfo las encuestas del CIS, o sea, lo que digan los ciudadanos al presidente del Gobierno a través de un Instituto Oficial le importa una higa. Aunque es práctica común de los políticos españoles despreciar las encuestas electorales, especialmente si los resultados les son desfavorables, un jefe de Gobierno, sencillamente por respeto a la propia institución que ha realizado la encuesta, debería ser un poco más prudente y, sobre todo, mostrar maneras democráticas. En fin, malo es caer en el tópico, por ejemplo, decir que la única encuesta verdadera es la que surge el día de las elecciones, pero peor es despreciar los sondeos electorales. Este Zapatero empieza a resultar patético.

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