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La impaciencia socialista

No veo fácil conciliar el liderazgo de la protesta callejera y el ataque a las fuerzas policiales en toda España, con un trabajo sensato en las instituciones

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La impaciencia es un fuego que devora el futuro. Así comenzaba una meditación de Galdós, a propósito de algún Episodio Nacional, y continuaba diciendo, entre la amargura del escéptico y la alegría del sabio, la impaciencia consume lo que aún no ha nacido y pudo nacer; la impaciencia es un reto del destino; es un heraldo implacable de la derrota, del arrepentimiento y de condenación de sí mismo. Recuerdo esta idea sobre la impaciencia política, porque, por todas partes, veo socialistas llenos de ira y rabia dispuestos a reconquistar el poder por una vía antidemocrática: la violencia en las calles, la violencia revolucionaria, sí, ya ha hecho acto de presencia.

La prueba principal de esa vía violenta para reconquistar el poder es que el Fouché del PSOE, Pérez Rubalcaba, ironiza sobre ella y desprecia a los demócratas que denuncia esta práctica revolucionaria. Las algaradas provocadas por la izquierda estos días son unos ejercicios de estiramiento, una puesta a punto de su musculatura, para asustarnos sobre su poderío. Van rápidos en sus acciones. Son impacientes. Sus discursos y acciones rebosan ira. Violencia.  El PSOE por ese camino roza el abismo. Podría acabar suicidándose. Cuidado, señor Rubalcaba, que esto no es ya un ataque coyuntural, el día de reflexión ante de las elecciones, a las sedes del PP, sino que estaríamos hablando de convertir la tentación totalitaria en una estrategia de partido revolucionario. En cualquier caso, no veo fácil conciliar el liderazgo de la protesta callejera y el ataque a las fuerzas policiales en toda España con un trabajo sensato en las instituciones.

En otras palabras, creo que Pérez Rubalcaba puede fracasar a la hora de hacer compatibles, por un lado, la tranquilidad de los socialistas que controlan buena parte de las grandes empresas de España, y, por otro lado, el liderazgo socialista de la "guerrilla urbana" que ya está en las calles de España. En mi opinión, no es suficiente el proceso de ideologización y engaño llevado a cabo por los socialistas en los últimos años para resolver esa contradicción. Pérez Rubalcaba se siente fuerte con la "política callejera"; más aún,  además de los sindicatos que le apoyan, cree que hay suficiente basura ideológica que lo protege. No comparto el parecer del líder socialista.  Es cierto que los manuales zapateriles de Educación para la Ciudadanía, las actuaciones de los acampados del 15-M  y los libros mazorrales que pueblan nuestras librerías a favor de la violencia revolucionaria, etcétera, le han allanado el camino para conjugar retóricamente la revolución y el  orden riguroso de los grandes empresarios "socialistas" del capitalismo. Ahí están, cómo ponerlo en duda, las bases ideológicas para  tomar las calles unos días.

Sin embargo, eso tiene un límite, o mejor, carece de entidad política, porque el Gobierno de Rajoy reaccionará democráticamente para acabar con su jueguecito trágico. El Gobierno tendrá inexorablemente que contestar con los múltiples medios del Estado, entre ellos con una política de comunicación firme, seria y persistente, pero, al final, tendrá que utilizar con proporcionalidad el medio específico, propio e intransferible, del Estado de Derecho: la violencia contra los que impiden la convivencia democrática. La utilización inteligente del "monopolio legítimo de la violencia" por parte del gobierno de Rajoy acabará fácilmente con la impaciencia de Rubalcaba.

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