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La salvación de Zapatero

Zapatero, en fin, quizá no gane las elecciones con estas medidas, entre otras cosas porque no tenga tiempo suficiente para presentar sus resultados, pero serán, sin duda alguna, los únicos servicios que haya prestado a España.

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Después de que el decreto para ajustar el déficit público haya abierto una corriente de opinión a favor del Gobierno, ya sabemos que el presidente de la CEPYME, Jesús Barcenas, en declaraciones a esRadio, ve con buenos ojos que la reforma del mercado laboral, impuesta también por la UE al Gobierno de Zapatero, para frenar la crisis económica y financiera, salga sin el acuerdo de los llamados agentes sociales. Por esta senda, obviamente, el Gobierno ha conseguido crear una corriente de opinión muy favorable a sus intereses, incluso antes de aprobar el decreto. El Gobierno, pues, intentará cumplir otra vez con Bruselas y, naturalmente, aprobará el día 16 de junio un decreto que, además de seguir las prescripciones exactas de la Comisión, pasará a la historia de nuestro deshilvanado Estado Social, entre otras razones, porque esta reforma será infinitamente más importante que la llevada a cabo por el PP en el año 1997.

Mi presentimiento de que Zapatero "pasará a la historia" por esta reforma, sin embargo, no significa que Zapatero consiga detener fácilmente la llegada del PP al poder. Una cosa es la historia y otra, muy distinta, unas votaciones. De momento, el PP tiene las mejores expectativas por la torpeza y maldad de las "políticas" de Zapatero. Una prueba más de este vaticinio es la encuesta de Metroscopia para El País del domingo, que predice la victoria por una amplia mayoría del PP sobre el PSOE en unas elecciones generales. Por lo tanto, quizá tampoco el próximo decretazo sobre el mercado laboral le sirva a Zapatero para mantenerse en el Gobierno. Quizá no pueda detener el descalabro del PSOE en número de votos, que podría rozar el ridículo comparado con las derrotas electorales de los años 1996 y 2000. Quizá ya sea demasiado tarde para hallar en un par de medidas la tabla de salvación que consiga salvar al tipo, sin duda alguna, que ha llevado a España al mayor naufragio de su historia reciente.

De acuerdo, Zapatero lo tiene difícil, pero no imposible, porque jugará fuerte con la reforma del mercado laboral. Una vez que ha aceptado cumplir con las rectificaciones impuestas por la UE, no creo que Zapatero se detenga demasiado en las exigencias de los sindicatos y la patronal. Ya no le sirven ni unos ni otra. Ni siquiera informará a la oposición del decreto. A Zapatero en estos momentos le sobran, sí, todos. He ahí la primera conquista de Zapatero para su nueva política: quiere y, sobre todo, puede enterrar con todos los lujos posibles un modelo de concertación laboral muerto.

El decreto sobre el mercado de trabajo pondrá fin, pues, a la pantomima de la concertación entre sindicatos y empresarios, presididos por el Gobierno y vigilados por la oposición. El Gobierno toma la iniciativa y se adelanta a todos. Y vuelve a abrir, reitero, una corriente de opinión pública a su favor. No será esta reforma meramente cosmética, como suponen algunos; por el contrario, según ordena la UE, irá a los centros clave del problema, o sea, se centrará en un abaratamiento de los costes laborales y tocará sus tres partidas fundamentales: salarios, cotizaciones a la Seguridad Social e indemnizaciones por despido. La reducción de las indemnizaciones por despido conseguirá aplacar, por un lado, a los empresarios y, por otro, a los sindicatos, porque irá acompañada de un nuevo tipo de contrato de trabajo único y fijo para quien acceda al empleo, o sea pondrá límites al crecimiento exagerado del empleo precario.

La otra gran medida de esta reforma de Zapatero, que podría convertirla fácilmente en su tercera conquista política, se referirá al modelo de negociación entre empresarios y trabajadores. Si dejo al margen la triste noción de "representación delegada" sobre la que se monta la falsa representatividad del duopolio sindical español, la negociación colectiva, máxima figura jurídica y sindical de nuestros "asilvestrados" sindicatos, puede pasar a otra vida. Más aún, la desaparición de la negociación colectiva o, lo que es lo mismo, la eliminación de los convenios sectoriales o territoriales no sólo pueden mejorar nuestro mercado laboral y disminuir las cifras del desempleo, sino que puede dar lugar a un nuevo sindicalismo más ágil y moderno.

La descentralización de la negociación a través de una "cláusula de descuelgue" será, en mi opinión, clave para que las empresas conjuguen y adapten sus relaciones laborales a las necesidades de producción, pero, sobre todo, dará al traste de una vez por todas con esa tupida y oscura red de intereses espurios de sindicatos y grandes patronales. Zapatero, en fin, quizá no gane las elecciones con estas medidas, entre otras cosas porque no tenga tiempo suficiente para presentar sus resultados, pero serán, sin duda alguna, los únicos servicios que haya prestado a España.

Curioso: Bruselas impone y Zapatero sobresale. Trágica, España.

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