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Los despojos de Zapatero

Zapatero es ya, sin duda alguna, el mayor lastre que arrastrarán todas las federaciones regionales del PSOE hasta las elecciones autonómicas y locales. Ningún barón regional quiere verlo por sus predios.

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¿Conseguirá Zapatero detener el deterioro de su imagen en el interior de su partido? Imposible. Zapatero es ya un cadáver político. Los despojos del líder socialista se lo están repartiendo entre los buitres de las agrupaciones más importantes de su partido. Blanco y Pérez Rubalcaba están muy entretenidos en el reparto del botín. Pero, antes de contar lo que viene, levantemos acta de lo que hay, de la rabiosa actualidad, porque es más rica que nuestra propia imaginación. En otras palabras, la muerte política de Zapatero se puede contar de muchas maneras, pero ninguna contemplará su resurrección. Así es de cruel y terrible la "política", o mejor, el tipo de política que ha creado alguien que ha despreciado a millones de ciudadanos sin importarle su nación.

Hay dos formas de contar su muerte, que tienen, aquí y ahora, una fuerte presencia en los medios de comunicación. Unos, sus más tiernos amiguitos, cuentan el triste final del Maquiavelo vallisoletano cual plañideras contratadas para el evento; lloran, lloran y lloran sin ver salida alguna "a la cosa" después del sepelio. Otros, más realistas y previsores, repiten con frialdad de sondeo electoral el siguiente diagnóstico: Zapatero, sí, está muerto; pero, y aquí viene el pronóstico, además puede conseguir que el PSOE pierda todo su poder territorial; exigen cambios rápidos, limpios y volver a empezar, pero también dudan de cómo hacerlo y a quién recurrir.

En cualquier caso, basta que Zapatero esté dispuesto a aguantar hasta el final, o sea, hasta pudrirse en La Moncloa durante otros casi dos largos años, para que el debate del postzapeterismo pase a llamarse "cómo reconstruir el socialismo en las autonomías". Zapatero es ya, sin duda alguna, el mayor lastre que arrastrarán todas las federaciones regionales del PSOE hasta las elecciones autonómicas y locales. Ningún barón regional quiere verlo por sus predios. El poszapaterismo socialista se nutre de esas mesnadas regionales anti ZP. El caso más relevante, y acaso modélico para sustituir a Zapatero, ha sido el ofrecido por Tomás Gómez en Madrid.

Independientemente de que gane o no el rollo ese de las primarias, que seguramente las ganará, Tomás Gómez ha demostrado a todo el PSOE que Zapatero está más que débil, yace en su catafalco monclovita, y puede que su putrefacción infecte a todo el cuerpo socialista. A cualquier jefe con un poco de poder en el PSOE, excepto Zapatero, le hubiera bastado con nombrar una comisión gestora en Madrid para acabar con cualquier atisbo de "rebelión" de un absoluto desconocido, como Gómez, ante el jefe. He ahí la prueba de que en la sala de máquinas del PSOE ya no se discute sobre el poszapaterismo, sino sobre el daño menor que puede causar un cuerpo muerto en La Moncloa.

En esta situación, por qué no decirlo, cuánto se echa de menos una oposición con un poco más de coraje moral y diligencia democrática.

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