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Realismo político o triunfalismo ideológico

El realismo socialista trata de frenar su caída en las urnas, mientras que el triunfalismo del PP no aumenta las expectativas de sus votantes.

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La política como profesiónes uno de los ensayos más grandiosos que Max Weber, el gran filósofo y sociólogo alemán, ha legado a la cultura política de nuestra época. Surgido de una conferencia pronunciada a los estudiantes de la Universidad de Munich, durante el invierno revolucionario de 1919, Weber confronta su trabajo científico como filósofo de la política con la política concebida como profesión, es decir, como una forma de acción de personas concretas para ganarse la vida en el interior de los partidos políticos. Bajo el trasfondo de las ideas revolucionarias de la época, Weber obliga a sus oyentes a conocer sin ilusiones, como diría posteriormente su esposa, todos los procesos y fenómenos de sociología política que determinan de una manera típica la maquinaria política. Weber nos ha legado el realismo para analizar cualquier posible cambio político; más aún, si Weber en una época convulsa apostó por el realismo contra los narcóticos revolucionarios, e incluso combatió con inteligencia a quienes confundían el deber ser con el ser, tanto más hoy, en una época de relativa estabilidad democrática, deberíamos ser realistas.

Sin realismo es imposible analizar la situación política de España. Esa lección de Weber me pone sobre aviso sobre algunos grandes titulares de cierta prensa del domingo; por ejemplo, no me cabe en la cabeza que un periódico en su primera página diga que Rajoy sigue subiendo, cuando todos los indicadores nos muestran lo contrario. Me explico. Es obvio que todas las encuestas, análisis políticos y otros indicadores del futuro de la vida política muestran con contundencia, desde hace meses, que Rajoy está por delante de Zapatero. Hace siete meses, incluso hace tres meses, la distancia entre el PP y el PSOE era cada vez mayor. Hace semanas que la tendencia se detuvo. Peor aún, por desgracia para el PP, esa ventaja está reduciéndose.

Las causas de esa reducción están también a la vista; la bajada de Rajoy está siendo estudiada, curiosamente, por los mismos que levantaron hace unos meses acta de su subida. Esos análisis y encuestas son realistas. No engañan. Todos esos indicadores muestran una foto de la sociedad, e incluso en su modestia indican tendencias muy claras; por ejemplo, una de esas tendencias es que, a pesar del silencio de Rajoy, su falta de programa y su ambigüedad ideológica, el PP sube. La razón de esa subida era obvia: Zapatero estaba amortizado. Agonizando. Había perdido la confianza de la mayoría de sus votantes. También en España, como en otras democracias más desarrolladas que la nuestra, la gente no vota tanto a favor de alguien como contra alguien. Rajoy sube, en efecto, porque el electorado vota contra Zapatero

Eso es, sencillamente, realismo. Pero el problema viene ahora, una vez que esa tendencia a la subida de Rajoy se ha detenido, o mejor, que hemos pasado de una diferencia de 18 puntos, de hace unas semanas a 14 puntos, según encuestas serias y contrastadas. ¿Cómo explicar este cambio? Ahí va mi hipótesis. Quizá sea un argumento. Creo que el PSOE ha asumido el desgaste de su líder y se ha preparado de varias formas para amortiguar el golpe. Por el contrario, el PP no ha tomado en serio a quienes critican, con realismo y sin oportunismos baratos, sus peores deficiencias, a saber, no atreverse a decir con claridad qué van hacer con España. En otras palabras, el PP se ve ya ganador por mucho, mientras que el PSOE ha asumido con realismo su devenir político, y, junto con sus terminales mediáticas, está preparándose para detener el golpe electoral de varias maneras. Mientras el PSOE trata de reducir distancias, el PP no parece querer aumentarlas. El PSOE es realista. Político. El PP está en otra cosa. Pareciera que la política para el PP es cosa de otros.

Mientras que Zapatero, por un lado, está jugando con su candidatura, a la vez que trata de salir airoso, aunque muy tarde, del fiasco económico en el que él mismo nos ha situado, y el propio PSOE, junto a su grupo de comunicación de preferencia, Prisa, por otro lado, operan sobre un contexto de absoluta deslegitimación de Zapatero para detener la sangría de votos socialista, el PP está lejos de actuar en términos realistas y no ven que tengan nada que cambiar para seguir avanzando. Los líderes del PP callan, o se engañan, sobre quienes muestran que Rajoy puede gobernar, pero su silencio, es decir, su falta de liderazgo, y su carencia de un programa concreto alternativo de gobierno puede pasarle factura, incluso podría impedirle alcanzar la mayoría absoluta... En fin, el realismo socialista trata de frenar su caída en las urnas, mientras que el triunfalismo del PP no aumenta las expectativas de sus votantes.

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