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Religión y totalitarismo

Lo grave es que esa mentalidad soviética de desprecio y, en el fondo, persecución del cristiano es fácilmente observable, en la España de hoy

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El mal gusto y la torpeza dominan a quienes se oponen a la visita del Papa a España. Algunas de sus expresiones, por ejemplo, las vertidas en artículos de opinión me han hecho recordar lo peor de la tradición anticlerical, su sectarismo totalitario, y su repercusión en nuestra renqueante democracia. No he podido dejar de recordar, por mil razones y corazonadas, a la vieja URSS y a la nueva Rusia. Los comunistas persiguieron con saña la religión. La persecución de la religión en la URSS fue el principal estandarte para aniquilar la libertad. No consiguieron, sin embargo, erradicarla ni entonces ni ahora. La prueba es que sigue habiendo millones de creyentes y practicantes de diferentes religiones, especialmente la cristiana ortodoxa.

Pero, por otro lado, es obvio que nadie en su sano juicio puede decir que ese tipo de "educación" o adoctrinamiento ateo no hubiera calado en esa sociedad, repito, entonces y, por desgracia, ahora. El comunismo ha muerto en Rusia, sí, pero no fracasó totalmente en su empeño criminal, porque millones de personas vivieron, aparentemente, felices sin religión igual que vivieron sin libertad. Las consecuencias de esas carencias aún las pagan, ya lo creo que las pagan, y a un precio cruel los actuales rusos. Los rusos, como millones de españoles y otros tantos pueblos del planeta, pudieron y, naturalmente, pueden sobrevivir perfectamente adaptados, casi como los animales se acostumbran a todos los medios, sin necesidad de religión y, por supuesto, sin saber qué es la libertad. Sólo los seres humanos desarrollados, especialmente a través de una educación libre, pueden vivir genuinamente esas experiencias morales.

Es evidente que los comunistas sabían lo que hacían y el material delicado que manejaban: el ser humano. Ese ser complejo era y es menester, según esta gente, reducirlo a mera animalidad. Algo en lo que, por favor no nos engañemos, obtuvieron éxitos inéditos. He ahí varias generaciones de rusos sin formación religiosa y sin libertad; aún hoy, insisto, las viejas y las nuevas generaciones están sumidas en el desconcierto de no saber manejar la libertad y en el más absoluto desconcierto moral y religioso. El nihilismo, el no estimarse a sí mismo, viene de ahí y es la peor tragedia a la que se enfrentan los mejores jóvenes rusos. En buena parte los fracasos actuales dela democracia proceden de esa incultura de la libertad, de todas las formas de libertad, y de modo paradigmático de la libertad de conciencia religiosa.

Lo grave es que esa mentalidad soviética de desprecio y, en el fondo, persecución del cristiano es fácilmente observable, en la España de hoy, no sólo en sectores intelectuales de la "izquierda" sino de cierta derecha autodenominada agnóstica y atea. Esa mentalidad totalitaria, generalmente basada en el terrorismo intelectual de una filiación que une a jacobinos y bolcheviques, y a estos últimos con los nazis, es uno de los grandes males de la democracia.

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