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Tiempo de contradicciones

Vivimos, sí, tiempos de contradicciones personales y colectivas, de graves antítesis entre medios de comunicación y partidos políticos, de severas discordancias entre los diagnósticos de una crisis política y las propuestas para resolverla.

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De contradicciones políticas está formada la época que nos ha tocado vivir, aunque sospecho que esas discordancias y paradojas no son más duras ahora que en otros tiempos, entre otras razones porque siempre hubo políticos que vapulearon a sus contemporáneos con imprudencias y, sobre todo, anteponiendo los intereses personales a los políticos. A los comunes. Vivimos, sí, tiempos de contradicciones personales y colectivas, de graves antítesis entre medios de comunicación y partidos políticos, de severas discordancias entre los diagnósticos de una crisis política y las propuestas para resolverla. La vivencia de esas contradicciones, sin embargo, no debería de llevarnos a instalarnos en el terreno de la inmoralidad, del todo vale, y sálvese quien pueda sin importarnos los costes que otros tengan que pagar por una "salvación egoísta". Eso sería tanto como instalar la inmoralidad en el terreno de lo común. De la verdad política.

Por el contrario, creo que los absurdos políticos, el teatro de esperpentos en el que se ha instalado la elite de un partido político, tienen que ser respondidos con la coherencia personal o, al menos, con el intento de vivir del modo más coherente posible con esos disparates del que nosotros no somos responsables. Es menester, pues, que en el terreno del análisis político procuremos por nuestro buen gobierno personal, o sea para ahorrarnos la consulta del psiquiatra, tanta coherencia intelectual como moral. Las contradicciones de las elites políticas no pueden llevarnos a la incoherencia lógica. Espero que un ejemplo sea suficiente para aclarar mi propuesta, mi demanda de coherencia personal, ante las contradicciones que el entorno político del PP está creando en los medios de comunicación.

Imagínense la posición de un editor, pongamos a Pedro J. Ramírez en su carta del domingo pasado, que argumentaba, no entro ahora en si el análisis era acertado o falso, a favor de la dimisión de Rajoy de la presidencia del PP "por sentido común"; pero, y sigan imaginando, que a la vez este mismo director no se atreviera a criticar a los "líderes" regionales, por ejemplo, a Javier Arenas en Andalucía, que respalda la posición de Rajoy. ¿Qué diríamos? Ya sé, ya sé, que es mucho imaginar, porque Pedro J. Ramírez no caería nunca en esa tentación. Pero, supuesto de que cayera, diríamos que es, sin duda alguna, un periodista incoherente. Más aún, diríamos que es un inmoral, porque lo que dice en un sitio, en Madrid, no valdría para otro lugar, en este caso Andalucía.

Precisamente por eso, sí, porque Pedro J. Ramírez no es un incoherente, o sea, sabe que la verdad es universal o no es, ni tampoco es un inmoral, es decir, que critica a Rajoy y a quienes apoyan su posición, yo escribí un artículo el lunes de esta semana, en El Mundo de Andalucía, apoyando sus razones, y por supuesto su línea editorial, centrándome no en la figura de Rajoy sino en la de uno de sus "legitimadores": Javier Arenas. Pero, como quiera que mi columna, discutible como toda opinión política, ha sido criticada en algunos medios por carente de información y por incoherencia con la línea de El Mundo, hela aquí para que ustedes, queridos lectores, juzguen sobre la verdad o falsedad de esa crítica.

Raro es el día que uno no encuentre a un militante del PP que te cuente las verdades del barquero. El otro día, casi por casualidad, me sorprendieron unos del PP de Málaga. Me asombraron con críticas sensatas y razonadas a sus líderes andaluces. Me dieron tanta información por escrito que si se publicara, sin duda alguna, haría sonrojar a más de un dirigente. Parece que la lucha entre los militantes de base del PP y sus dirigentes es a muerte. Los primeros quieren democracia, mientras que los segundos sólo pretenden poder personal. Es suficiente preguntar por su líder, Arenas, y al momento sólo escuchas quejas y quejas. Sí, sí, el PP en Andalucía ha perdido las elecciones. El máximo responsable del fracaso es Arenas, pero nadie parece reconocerlo.

En efecto, este político es tan hábil que hace como si la cosa no fuera con él. Ha creado un teatro de ensueños para derivar todas sus responsabilidades en no se sabe muy bien qué o quién. Arenas es un prestidigitador de sus fracasos. Aspira a liderar la oposición en Andalucía eternamente. Y, además, te insisten esos buenos militantes del PP: Arenas "es el máximo responsable" de la movida, en realidad, de la crisis del PP nacional. Uno trata de rectificar a quienes así hablan, por ejemplo, citándoles que ha sido directamente Rajoy quien se ha enfrentado a María San Gil, o a Esperanza Aguirre, pero, inmediatamente, te cortan para espetarte: Falso. Arenas lidera todas esas movidas. Él se ha puesto a la cabeza de la manifestación a favor de Rajoy. Es el cancerbero principal para cerrar el camino a cualquier otra candidatura que pretenda competir con la de Rajoy.

Esto que transcribo, desgraciadamente, no es sólo una opinión personal, sino es algo que pregonan, insisto, cientos de militantes del PP a los que Arenas, o sus intermediarios, han pedido los avales para que Rajoy se presente al Congreso de Junio como único y soberano candidato a seguir presidiendo un partido, que ha perdido ya dos veces con Rajoy las elecciones en España antes los socialistas. Arenas, pues, presenta un panorama del PP de Andalucía que no corresponde con la realidad. No todo es relajo y sosiego. El apoyo de Arenas a Rajoy trata de ocultar el propio fracaso, pero, sobre todo, adaptarse a la nueva situación riéndose.

Siempre es así cuando de lo que se trata es de mantener el poder de un partido. Sonríen todos los enanos ante la crisis, casi la ruptura, del PP. Todos están ahí. Juntos, muy juntos, están los vociferantes y los recatados, los prudentes y los engolados por sus miserias. Bullen. Diputados, senadores y miles de cargos del PP bullen. Bullen y bullen como si estuvieran en una gusanera. No quieren saber otra cosa que no tenga que ver con su personal y egoísta futuro. No quieren percatarse de que nos estamos jugando algo más que el mantenimiento de sus sueldos y prebendas. Sus miserables parcelas de poderes les impiden ver que estamos ante una crisis de envergadura. Estamos ante una nueva crisis de España. Del poder de la nación española. Pero pasan de todo por sus miserables intereses personales.

¿Quizá fueron un poco exageradas las informaciones que me dieron los correligionarios de Javier Arenas? Quizá, pero mi deber era transmitir ese malestar.

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