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Volver a empezar

Jamás pensé que está película fuera a conmover otra vez mis entrañas. La primera película española que consiguió un Oscar permanece actual. Fresca. Limpia. Narra sentimientos. No hay artificio ni engaños. Sólo narración.

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Conozco una persona muy inteligente que me dijo en América: "Garci es un filósofo de la vida cotidiana. Tiene frases memorables. Por ejemplo, ‘el mundo lleva dos copas de menos’". Regresé a España y se lo conté a Garci, mientras paseábamos por El Retiro; se puso muy contento y me pidió las señas de su anónima admiradora, porque quería regalarle las nuevas ediciones de sus películas Volver a empezar y Canción de cuna. Seguimos hablando y, al final, se me olvidó darle razón postal de quien coleccionaba sus frases, pero aún no había visto Volver a empezar.

Hoy, por casualidad, he vuelto a recibir noticias de esa espectadora de instantes eternos; va al grano y me dice: "Cuando veas Garci dile que por fin pude ver Volver a empezar, me encantó y me conmovió hasta las lágrimas, no sabes cómo lloré... está ya entre mis películas favoritas". También me transcribe dos frases, entre otras que ha elegido de esta cinta, para su cuaderno particular de filosofía: "Por favor no me diga que no, es asunto de vida o muerte. Ya le contaré, pero tenemos que bailar la próxima". "En realidad, sólo se envejece cuando no se ama."

Gracias a esa deliciosa noticia, me he armado de valor para ver de nuevo la cinta de Garci. Veo con fruición la película de Garci, veinte años después de haber sido estrenada. No salgo de mi asombro. Jamás pensé que está película fuera a conmover otra vez mis entrañas. La primera película española que consiguió un Oscar permanece actual. Fresca. Limpia. Narra sentimientos. No hay artificio ni engaños. Sólo narración. Hace un mes salió la nueva edición de esta película, editada por El Corte Inglés y Espacio de Cine, presentada por Garci; un segundo DVD, que acompaña a esta entrega, recoge un cortometraje sobre Alfonso Sánchez, el gran crítico de cine, dirigido por el propio José Luis Garci, y otros extras que quizá ayuden no sólo a ver, otra vez, una película imprescindible de la historia del cine, sino a releerla.

¿Releerla para qué? Para hallar dignidad allí donde abunda el resentimiento y el odio. Me explico. He visto varias veces la palabra dignidad recogida en la prensa española del domingo. Malo. Cuesta darle algún crédito a este vocablo en la boca de los políticos. Tampoco me ofrece garantías de honestidad, sinceridad y transparencia, cuando es utilizada frecuentemente por los periodistas. ¿No será que su uso frecuente trata de ocultarnos la realidad? Seguramente, detrás de esa reiteración sobre la necesidad de ser dignos, se escondan muchas vidas indignas. Poco ejemplarizantes. Y, sin embargo, tenemos que buscar vidas dignas en un mundo lleno de indignidades. Lo contrario sería caer en la indefensión aprendida, la abulia del obtuso, o peor, la terrible servidumbre voluntaria de quienes prefieren dejarse llevar antes por la manada que por la libertad.

Así pues, para no caer en el absoluto desamparo, es decir, en el desamparo aprendido, busquemos arquetipos de dignidad allí donde abunda una vida política, moral e intelectual, reflejo último de la vida cotidiana de un país, llena de indignidades. Es el momento de ver otra vez Volver a empezar. También el cine de Garci enseña que el miedo a combatir la indignidad, la abulia y la mentira, es infinitamente más terrorífico que el peligro mismo.

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