Menú

Genghis Kahn en el trullo

Alberto Gómez

La paz y la prosperidad en las sociedades civilizadas se consigue con la monogamia y el derecho de propiedad, que son pactos de no agresión entre los hombres. (Volver)
Aguilib dijo el día 31 de Mayo de 2011 a las 17:55:28:

¿Tribu...? En occidente diríase más bien "una famiglia molto grande"

Un funcionario que cobra del estado (policía, juez, etc.) trabaja para y por los ciudadanos. Y si este, además, tiene carné socialista, trabaja para y por la "famiglia". El ciudadano entonces pasa a ser algo circunstancial, en unos casos, un indiferente, y en otros, un enemigo (de la famiglia, por supuesto)

berdonio dijo el día 23 de Mayo de 2011 a las 17:42:07:

Muy buen artículo. El marco evolucionista aporta una extraordinaria clave bajo cuya luz todo se entiende y cobra sentido: EL SOCIALISMO ES UNA REGRESIÓN A LO MÁS PRIMITIVO. Esto es fundamental entenderlo, porque sin el marco conceptual adecuado no haremos otra cosa que dar palos de ciego.

El socialismo es la vuelta a la tribu, es la reacción contra el orden extenso y la pacífica convivencia emanada del imperio de la ley (destilado operativo de la moral). Es optar por la agresión y la guerra de manera más o menos encubierta: el espectro va desde los socialismos de derechas, los fascismos nacional-etnicistas, que actúan a calzón quitado, sin hipocresías, hasta los socialismos de izquierdas, que pretenden sublimar el robo y la agresión como imperativos de justicia social (los de derechas aluden a una justicia nacional o racial algo más pedestre que el cientismo marxista)

El pacto de no agresión en la sociedad civilizada es la ley en sentido material, las normas generales y abstractas, la esencia destilada de la moralidad. El orden extenso está gobernado por principios y moral “fría” basada en derechos individuales. Por el contrario, el orden reducido o primitivo se sustenta en el cortoplacismo de la moral “cálida”, basada en la confianza, practicable porque, dado el limitado tamaño, sus miembros pueden vigilarse eficazmente unos a otros; aquí, como consecuencia del corto alcance esencial, predomina el tactismo y el pragmatismo en detrimento de los principios.

Ahora se entiende por qué el desprecio a la ley es consustancial al socialismo: tribal y primitivo por definición, el socialista sólo considera a los suyos y excluye al resto, a quien literalmente declara la guerra. Precisa de la agresión permanente para sobrevivir; sus medios son el robo y el asesinato y, oportunista como cualquier depredador, sólo le preocupa el éxito inmediato, por eso carece de principios más allá del ataque metódico. Esto, que se aprecia sin gran dificultad en el socialismo nacionalista, es bastante más sutil en el socialismo marxista o su más acabada expresión, la social democracia. Analicémoslo.

El socialismo es el expolio sistemático de la riqueza bienhabida disimulado con el eufemismo de la redistribución. Sin una burguesía capitalista a la que explotar no hay socialismo, por eso, cuando consigue al fin materializar sus delirios igualitarios, colapsa irremediablemente, como sucedió en la antigua URRS y similares, o bien se mantiene un poco más reduciendo la casta explotadora a una nomenclatura cada vez más exigua y ampliando el ámbito de explotación a una sociedad cada vez más depauperada. El socialismo aplicado sin restricciones es un cáncer que mata pronto a la gallina de los huevos de oro; el problema es la social democracia, es la explotación sostenida, es el parásito que no termina de acabar con su víctima pero la condena a perenne enfermedad. Lo fundamental es entender que socialismo es la expresión moderna de aquellas tribus nómadas que vivían de la rapiña del entorno, lo cual choca con el típico estereotipo del buenismo progre aparentemente tan preocupado por la suerte de los desvalidos: es la bipolaridad habitual de la mente tribal, que cohesiona con solidez a sus miembros mediante una apasionada moral cálida -que fantasea con extender a la humanidad entera- al tiempo que identifica y estigmatiza al enemigo. El progre se solidariza con los más miserables porque inconscientemente ve en ellos a potenciales camaradas ladrones y conscientemente necesita enaltecer y “racionalizar” sus viciosas tendencias; los incluye en la propia tribu frente a la tribu enemiga objeto de su rapacidad: los ricos, los capitalistas. Lo fundamental es comprender la dialéctica subyacente amigo-enemigo característica del socialismo, frente a la convivencia cooperadora, basada en el escrupuloso respeto a la ley, que propone el libre mercado.

Bajo esta perspectiva biologicista se entiende bien la actitud delincuente y amoral de la izquierda y los nacionalismos. Aunque en el fondo sean conscientes de que se trata de puro robo y asesinato, les da igual: es su táctica de supervivencia y siempre encontrarán pretextos para justificar su cinismo. Sin embargo, habría que invitarles a razonar que existe una superior estrategia si consiguen liberarse lo suficiente de sus atavismos; consiste en aceptar la justicia del orden extenso y el mercado, la fría moral del dinero, que a la larga nos hace a todos mucho más pacíficos, ricos y felices. Además, para canalizar los nobles cálidos instintos que tenemos está la caridad privada, la genuina solidaridad.

Bajo esta perspectiva podemos explicar que gente más o menos normal apoye a BILDU, a los asesinos, o que haya mucho “indignado” con el capitalismo.



« 1 »