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Alberto Míguez

Ceuta y Melilla, cabezas de puente

El semanario francés L’Express publica en su último número unas interesantes revelaciones sobre la red de agentes “durmientes” de la organización Al Qaeda recientemente detenidos por los servicios de inteligencia y la gendarmería marroquíes. El dirigente máximo de la red, cuyo nombre completo no ha sido todavía revelado, era un ciudadano de nacionalidad saudí casado con una marroquí y formado en Afganistán. Se había instalado en Casablanca, aunque otros dos miembros de la red, también saudíes, vivían en Tánger y Fez con diversas coberturas. Uno de ellos se dedicaba supuestamente a la importación de textiles, otro había fundado una agencia de empleo y el tercero intentaba localizar terrenos para instalaciones turísticas. Sus papeles estaban en regla, aunque el visado de tres meses para permanecer en territorio marroquí había caducado.

Las comunicaciones exteriores de la red se hacían a través de Internet y utilizaban para ello los ciber-cafés, una industria que cada día se desarrolla más en Marruecos. En el interior del país se comunicaban mediante teléfonos portátiles y contaban con la complicidad de una serie de agentes secundarios marroquíes que habían facilitado sus identidades para abrir cuentas corrientes en diversos bancos.

El objetivo principal de la red marroquí era preparar una operación suicida contra algún buque de guerra norteamericano o de la OTAN cuando atravesase el estrecho de Gibraltrar. Se trataba de hacer estallar una motora “Zodiac” cargada de explosivos partiendo de Ceuta o Melilla.

El comando se trasladó en dos ocasiones a las dos ciudades españolas para comprar las “Zodiac” y estudiar las posibilidades de detección del tráfico a través del estrecho desde alguno de los promotorios próximos, probablemente el monte Gurugú cercano a Melilla o el Monte Hacho, en Ceuta, desde el que se domina el estrecho. Las armas y, sobre todo, los explosivos serían aportados por un segundo equipo que relevaría al primero formado por agentes “durmientes”.

La operación se parecía bastante a la que preparó y realizó Al Qaeda en el puerto de Adén, en Yemen, contra el lanza misiles norteamericano “USS Cole” el 12 de octubre del 2000 y en la que murieron 17 marines. También entonces, una lancha cargada de explosivos estalló contra el navío que hacía escala en el puerto de Adén para cargar agua y alimentos antes de partir para el Golfo Pérsico.

El hecho de que la “Operación Gibraltar” de Al Qaeda tuviera como cabeza de puente y observación una de las dos ciudades españolas en el Norte de África (probablemente Ceuta) preocupa obviamente a las autoridades españolas, que fueron debidamente informadas por los servicios marroquíes y norteamericanos. Preocupa también que durante las dos visitas de los agentes del primer equipo de Al Qaeda a Ceuta y Melilla no fueran detectados y hubieran podido pasar tranquilamente las fronteras: uno de los agentes poseía un visado de Schengen, válido para seis meses, por lo que no se excluye que se hubiera trasladado a España y hubiese regresado a Marruecos vía Ceuta.

Todo induce a creer que tal vez tuvieron también cómplices o amables corresponsales en cualquiera de las dos ciudades. Intentar la compra de dos o tres “Zodiac”, que se suelen utilizar también como “pateras”, no es precisamente algo fácil ni discreto en Ceuta y Melilla: quienes venden estas motoras suelen informar a la policía de quien las compra y para qué. No es precisamente un comercio libre ni incontrolado.

La operación marroquí demuestra, además, los lazos de estrecha cooperación que unen a los servicios de inteligencia y contrainteligencia del reino alauita con los de Estados Unidos. Los americanos consideran a Marruecos como el aliado más firme y fiable de la región, y eso explicaría su apoyo sin falla a las tesis marroquíes sobre el Sahara Occidental.

Las redes de Al Qaeda en el Magreb pueden, en cualquier momento, ser “despertadas” con una simple llamada telefónica. Estas redes, por muy discretas que sean, siguen siendo operativas. Lo demostraron recientemente, haciendo estallar un camión cargado de combustible al lado de la histórica sinagoga de la isla de Djerba, en Túnez, cuando era visitada por un grupo de turistas alemanes y franceses, 16 de los cuales murieron en el atentado. Las autoridades tunecinas comenzaron negando que la destrucción de la sinagoga fuese un atentado, pero no tuvieron más remedio que reconocerlo cuando la policía alemana inició una investigación a fondo sobre el lugar donde se produjo la explosión y la identidad del chófer del camión, que murió en el acto. Sin embargo, sus jefes y colaboradores no han sido todavía detenidos, ni siquiera detectados, pese a que Túnez es una dictadura policíaca y miles de islamistas se hallan en la cárcel.

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