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1. Ajustes y saneamientos

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2003: dificultades económicas e incertidumbre política

Introducción

Hay muchos aficionados a la economía que utilizan la schumpeteriana muletilla de la “destrucción creadora” para describir todos los periodos de crisis económica. Es una apreciación equivocada, pues de la destrucción no tiene porque surgir, y de hecho no surge, nada. La referencia, sin embargo, a un elemento de ajuste, de eliminación de los excesos, es fundamental para que cualquier economía pueda crecer sanamente, en ausencia de una política inflacionaria proactiva, que puede producir una recuperación artificial y temporal.

Es, para mi, evidente, que en 2002 no terminará, totalmente, el proceso de ajuste y saneamiento económico que empezó en Estados Unidos –y después se extendió al resto del mundo– en la primavera de 2000. La duda es si terminará en 2003, y cuándo dentro del año, si la respuesta es positiva. El ajuste de precios, la reconsideración de los distintos valores de cada activo productivo, el saneamiento o la desaparición de las empresas afectadas por el descenso de la actividad económica es un proceso permanente, pero que sólo en momentos que llamamos de crisis se generaliza, porque afecta a todos los agentes económicos, tras los excesos de sobreinversión en algunos sectores importantes o de gasto público por parte del estado sin una financiación adecuada.

Para volver a un crecimiento sostenido será preciso sanear el sector tecnológico, de los media y las telecomunicaciones, el de la banca de inversión y la banca en general, el de los seguros y el de la aviación; al margen de nuevos ajustes en muchos otros sectores, afectados por caídas posteriores de la demanda, como el turismo y el del automóvil –las dos mayores industrias españolas, por cierto. Asimismo, será preciso ajustar en las carteras el valor de las inversiones y compras en los países más castigados por la crisis: toda Iberoamérica, otra vez parte de Asia –resentida por la nueva caída de las expectativas japonesas y las dudas respecto a la fiabilidad de las cuentas chinas. Por último, en tercer lugar, los ajustes en la economía real habrán de corresponderse con los valores de las sociedades afectadas, por uno u otro fenómeno, que cotizan en bolsa.

Además de esos temas previos, la realidad económica se puede ver afectada por el precio del petróleo y la posible guerra con Irak. Podemos tratar como una variable exógena esto último, pero no su repercusión en el precio del petróleo, que ya registra, a niveles entre 26 y 29 dólares/barril, las prácticas restrictivas de la OPEP y la incertidumbre respecto al suministro de petróleo del conjunto de los países del Medio Oriente.

El catálogo de problemas de fondo que pueden afectar en 2003 a la actividad económica global –especialmente en Estados Unidos– se completa con los tipos de interés, la demanda de viviendas y su precio. Según se combinen esas incógnitas, tendremos uno u otro panorama. No hago referencia a la política fiscal, porque, con la excepción de España y un pequeñísimo grupo de países, el resto, en general los grandes, empezando por Estados Unidos (1,5% de déficit público), pero básicamente Alemania, (más del 3%), Francia (cerca del 3%) e Italia (más del 2,5 %) sufren déficit abultados, que no les permiten ningún margen de maniobra. España lo tiene, y puede hacer política económica, como veremos más tarde, al tratar específicamente las perspectivas económicas españolas para 2003.

Los sectores en crisis y la Bolsa

Las noticias respecto a las quiebras, suspensiones de pagos y ajustes de capacidad de los principales sectores afectados directamente por la crisis de sobreinversión de los noventa, indican que los ajustes están en marcha en todo el mundo, pero que todavía no han terminado. Esta semana, la prensa económica refleja, entre otros muchos, los problemas de France Telecom, los del grupo ABB y las deudas de Vivendi. Tampoco ha terminado en sectores afectados secundariamente por la apreciable reducción del crecimiento del consumo: el sector del automóvil y el turismo, aunque el ajuste de estos es más sencillo, pues es suficiente con restringir la actividad productiva, bajar precios o cerrar instalaciones, ante la ausencia de problemas generales de solvencia o liquidez (excepto en la italiana FIAT).

Las bolsas de todo el mundo han registrado caídas muy profundas desde 2000; en muchos casos, países, sectores, y empresas se está volviendo a cotizaciones de 1997, la correspondiente a sólo un año de “exuberancia irracional”. En términos de PER y de rentabilidad por dividendo, las cotizaciones están todavía altas, pero esta información hay que matizarla con el nivel de los tipos de interés real y, por tanto, con la rentabilidad alternativa del mercado de dinero y de bonos a medio y largo plazo. Probablemente estamos en un momento del proceso de ajuste en el que hay muchos valores que están en niveles adecuados y otras que son todavía demasiado caros. Lo difícil es hacer una clasificación correcta de los que están en una u otra situación.

Desde un punto de vista general me atrevería a decir que el ajuste en valores cotizados podría terminarse a finales de 2002, con lo que desaparecería una de las grandes incertidumbres que atenazan las expectativas de los inversores y consumidores. Este último trimestre de 2002 es muy importante, porque las cotizaciones terminarán por reflejar el nivel de resultados efectivos de todo el ejercicio económico, unos datos mucho peores de los que los analistas habían descontado a principios de año.

Las inversiones en terceros países

La crisis en las economías de los países desarrollados ha sido una catástrofe para la mayoría de los que se encuentran en vías de desarrollo (o de subdesarrollo). En particular, la crisis de Argentina –que casi ha supuesto la desaparición económica del país– ha afectado a empresas españolas, americanas, italianas, francesas y chilenas, sobre todo. Por otra parte, la caída del comercio exterior a nivel mundial es un fenómeno excepcional desde la II guerra mundial y el mejor índice de la extensión de la crisis. El descenso de las inversiones directas en países no desarrollados está afectando gravemente a Iberoamérica, que, por su parte, y en la inmensa mayoría de los casos, no ha sido capaz de hacer una transición al sistema de economía de mercado y a una democracia de mínimos. Los inversores europeos y americanos todavía se verán afectados por el desenlace de las elecciones en Brasil y por el previsible declive mexicano, pero no son magnitudes semejantes a la de Argentina.

En cuanto a Asia, Japón continúa restando. China crece, pero no se sabe cómo ni cuanto, ni si productivamente. El resto de los antiguos “tigres” vuelve a sufrir el relativo estancamiento de la economía norteamericana.

A las alturas del año en que nos encontramos, y con escenarios de crisis descontados en casi todas las cotizaciones de las empresas que han invertido en esos países –quizá con la excepción de México– lo lógico es que en 2003 no se produzcan nuevas necesidades de ajustes por este concepto.

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