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2. La eliminación del corralito

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La decisión de congelar los depósitos bancarios y de convertir caprichosamente el activo y el pasivo de los bancos a pesos nacionales a tipos de cambio diferentes, han quebrado el sistema financiero y asegurado que pocos argentinos utilizarán los servicios de estas instituciones en el futuro.

Para romper el corralito es necesario que todos los argentinos puedan recuperar su dinero, valga lo que valga, directamente, en billetes, o mediante la entrega de certificados que se puedan vender en el mercado, lógicamente a descuento, y que ofrezcan, para salvar las apariencias, una mínima rentabilidad. Los bancos, a su vez, tendrán que vender, o descontar, sus activos en el banco central, que les dará billetes en un caso o certificados que equilibren los depósitos que tienen que devolver, en el otro.

En este proceso, muchas instituciones financieras descubrirán que su problema es de solvencia y no de liquidez y tendrán que cerrar sus puertas. De hecho, la evolución de los acontecimientos desde que Duhalde arrebató el poder a De la Rúa, con la complicidad de Alfonsín, se traduce en que una parte sustancial de los servicios bancarios serán innecesarios en el futuro, porque los argentinos preferirán realizar sus transacciones en billetes o a través de instituciones diferentes de la banca. Hay un exceso de capacidad que será necesario resolver. Así, es muy probable que desaparezca una parte sustancial de la banca extranjera, por lo que, de una forma u otra, los bancos inversores extranjeros tendrán que dar de baja en su activo todas las inversiones que han hecho en el pasado en bancos argentinos. Y lo peor no sería este hecho, sino que alguna autoridad judicial no argentina admitiera a trámite, en algún país civilizado, la demanda de los depositantes argentinos contra los bancos extranjeros a cuyas filiales confiaron sus ahorros. Lógicamente esas demandas no deberían a prosperar, porque sólo el estado argentino es culpable de las pérdidas de los depositantes, pero un litigio de esas características podría afectar negativamente las expectativas de cotización de los bancos extranjeros implicados.

El levantamiento del corralito implicará una enorme pérdida de valor, en el mercado, de los pesos en relación con el dólar y ese proceso derivará necesariamente en un alza de los precios interiores, en una inflación que no tiene por qué desembocar necesariamente en hiperinflación. Que lo haga o no dependerá de lo que gaste el conjunto de las administraciones públicas argentinas y de cómo se financie ese gasto.

De lo que no cabe duda es de que si continua el corralito, la destrucción de Argentina como país será inevitable y que en esa tesitura lo más razonable sería un golpe de estado cívico-militar que pusiera fin a la corrupción de la actual república.

1. La moneda y el tipo de cambio

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