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2. La pobreza

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Libertad Digital ha resumido en cinco artículos la conferencia Análisis de la economía cubana. Proyecciones para una reconstrucción. pronunciada por su presidente en el ciclo que la Fundación Hispano Cubana dedicó al centenario de la constitución de la Isla.

PIB y renta per capita. Según datos oficiales, el PIB cubano alcanzó en 2000 un total de 27.000 millones de pesos corrientes (17.000 millones de pesos constantes de 1981). Esta cifra se puede comparar con la deuda exterior, que es la resultante de sumar 11.000 millones de dólares en moneda convertible reconocida por el gobierno castrista, más 25.000 millones de antiguos rublos convertibles con la desaparecida URSS; más 2.000 millones de rublos, también convertibles, con países del este de Europa; más 2.000 millones de dólares más con otros proveedores y suministradores. Convirtiendo los antiguos rublos al tipo de cuatro por un dólar, llegamos a una cifra total de endeudamiento exterior de más de 20.000 millones de dólares.

¿Es mucho o poco ese endeudamiento exterior? En relación con las exportaciones de mercancías y con los ingresos por turismo, que entre ambos alcanzan 3.600 millones de dólares, es una cifra abrumadora, pues con los ingresos netos de esos dos rubros sólo se podrían pagar los intereses de la deuda y amortizar anualmente el 10% del principal, pero sin importar absolutamente nada. Desde una perspectiva económica internacional, una relación de uno a cinco entre exportaciones y deuda se considera una catástrofe.

Por turismo se ingresan alrededor de 2.000 millones de dólares, pero no se sabe cuál es el resultado neto de la actividad, porque el aprovisionamiento de los hoteles es básicamente extranjero, y, además, hay que pagar a los operadores y permitirles un beneficio sobre su actividad. Los ingresos por exportaciones de bienes sólo alcanzan 1.600 millones de dólares. Hace 25 años, a precios subvencionados por la URSS, sumaban más de 5.000 millones de dólares. Y antes del castrismo, en 1959, alcanzaron los 700 millones de dólares, lo que equivaldía a unos 4.500 millones de dólares de hoy.

Los envíos de exiliados no aparecen en las cuentas del Banco Central de Cuba, aunque en la partida de transferencias corrientes netas del exterior, 850 millones de dólares, se podrían recoger parte de estas remesas. Según fuentes norteamericanas, estamos hablando de que las familias cubanas en la isla reciben entre 800 y 1.000 millones de dólares anuales. Las subvenciones venezolanas en forma de petróleo barato, se calcula que pueden suponer cerca de 1.000 millones de dólares. A esto hay que añadir un promedio de 500 millones de dólares anuales por inversiones extranjeras en bienes nacionales, (en total, en 10 años, según el Banco Central de Cuba, las inversiones extranjeras han alcanzado 5000 millones de dólares). Estos son los datos básicos que explican la miseria en que vive la población.

Para mantener el nivel de pobreza imperante en la Isla, con hambre pero sin desnutrición severa, con educación, pero sin medios pedagógicos, y teniendo que explotar el trabajo de los escolares y permitir la prostitución de la juventud, hacen falta, al menos unas importaciones anuales de cerca de 6.000 millones de dólares. Y, como vimos en el artículo precedente, Cuba ingresa 4.100 millones de dólares. Sin la ayuda de Chávez el país se endeudaría en 2.000 millones de dólares más anualmente. Con el petróleo barato venezolano el desbalance anual es de 1.000 millones de dólares, que es, más o menos, lo que recogen las estadísticas oficiales.

No cabe duda de la capacidad vendedora de Castro. A lo largo de los años ha engañado a los soviéticos, a los países socialistas extranjeros (excepto China, que no se dejó), a los banqueros occidentales, a las compañías estatales suministradoras de seguros de crédito a la exportación de los países occidentales, al gobierno de Franco, al de Suárez, Felipe González y José María Aznar, al resto de los gobernantes europeos, a los principales suministradores de Cuba, a la Argentina de Campora y a la de Videla, y, ahora a la Venezuela de Chávez, (aunque éste engaña, a su vez, a la población venezolana, porque dice que Cuba paga, a cambio del petróleo servicios médicos y educativos). Agotados los suministradores de créditos, ha convencido a hoteleros, tabaqueros, mineros y “telefónicos”.

Pero lo que de verdad ha volcado la balanza, permitiendo que la población cubana se mantenga en un estado razonable de salud —ya que no de otras cosas— han sido las transferencias de los exiliados. Sin ellas estaríamos hablando ahora de una tragedia todavía mayor. Son los exiliados los que han roto el embargo norteamericano. Y la lluvia de dólares que recibe el régimen castrista por esta suma de millones de decisiones individuales no ha servido económicamente para nada. Ha permitido sostener el nivel de vida de los que lo reciben, pero no ha propiciado cambios en la política del castrismo. Igual que los eventuales beneficios de un levantamiento del embargo de los Estados Unidos se traduciría en un aumento de los dólares recibidos por el Gobierno, que permitiría vivir un poco mejor a la población y mucho mejor a la clase dirigente, pero no servirían para sanear la economía.

Las razones de la pobreza. Cuba es pobre porque a Castro le resulta más fácil controlar a la población cuando la preocupación general es cómo llegar al día siguiente. Cuba es pobre porque cada vez —y son bastantes— que se ha producido una mejora en las condiciones de vida, ya sea por un alza del precio del azúcar, o por una mayor ayuda internacional, o por el éxito de los pequeños negocios individuales, o por la mayor productividad de los campesinos cuando se les ha dado libre acceso a los mercados para parte de su producción, Castro ha intervenido para doblegar las iniciativas personales, para aplicarles impuestos ( por cierto, el único legado de las ideas Solchaga) expropiatorios, para que fuera evidente, para todos, que la isla era suya, que sólo él tiene iniciativa y capacidad de decisión. Y hace mucho tiempo que decidió mantener un poder omnímodo y marginar —excepto para perseguir, encarcelar y expulsar del país—, a cualquier cubano que se atreviera a tener una postura ética que contradijera sus mandamientos, o demostrara tener alguna iniciativa económica que pudiera traducirse en ahorro y cierta sensación de independencia.

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1. Los datos

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