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4. El futuro: lo positivo

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Libertad Digital ha resumido en cinco artículos la conferencia Análisis de la economía cubana. Proyecciones para una reconstrucción pronunciada por su presidente en el ciclo que la Fundación Hispano Cubana dedicó al centenario de la constitución de la Isla.

Existen, afortunadamente, otras circunstancias positivas que mitigan y pueden incluso llegar a saldar el balance negativo de más de cuarenta años de castrismo.

La educación. Cuba tiene una tradición cultural que no se ha perdido definitivamente, como atestiguan las publicaciones, las creaciones empresariales, las obras de arte y las aportaciones intelectuales de los cubanos tan pronto se liberan de la opresión del castrismo. La experiencia de países del este de Europa, como la República Checa y Hungría, es que, donde hubo cultura y educación, es mucho más fácil construir un estado de derecho y una economía de mercado que en los países que nunca han disfrutado de estas tradiciones.

Los disidentes. Ellos son el mejor activo de la Cuba actual y de la Cuba post-castrista. Sin ellos no habría ninguna esperanza. Al margen de lo que representan para el resto de los cubanos, y de cualquier ser humano con un mínimo de dignidad, es de destacar la multiplicación de grupos disidentes de las más diversas ideologías.

La proximidad a Estados Unidos. La situación geográfica de Cuba es el gran activo de su economía. El desarrollo de la industria del azúcar tuvo lugar porque la demanda norteamericana de ese producto crecía imparablemente durante la segunda mitad del siglo XIX y primera parte del siglo XX. Después, el azúcar cubano tuvo un cupo especial, a precios privilegiados, dentro de las importaciones norteamericanas. Otras industrias se vieron igualmente favorecidas por la proximidad: el tabaco, el incipiente turismo y la producción hortofrutícola y ganadera, entre otras.

No sólo se beneficiarían estas industrias. La tecnología norteamericana, la proximidad de los grandes puertos del sur de los Estados Unidos y las masivas inversiones que podrían tener lugar, justifican que la proximidad geográfica sea el primero de los activos de la economía cubana.

Los exiliados cubanos asentados en Estados Unidos. Los envíos de los exiliados cubanos en Estados Unidos es la principal fuente de divisas del castrismo. Además de generadores de transferencias, una situación que presumiblemente se mantendría en caso de reformas democráticas, el exilio cubano ha conseguido unos niveles de formación, acumulación de rentas y capacidad de influencia política que lo distinguen del resto de las colonias de emigrantes de otros países instalados en Estados Unidos. El idioma común favorecerá la transferencia de tecnología; el conocimiento del país y los lazos familiares permitirán canalizar una enorme cantidad de pequeñas y grandes inversiones; y el influjo político asegurará que Cuba volverá a contar con un trato diferencial en muchos mercados, agrícolas y no agrícolas, que permanecen cerrados para otros muchos países.

La potencialidad turística y agropecuaria. Ya hemos mencionado estas industrias como las más beneficiadas por la proximidad y apertura del mercado norteamericano. Cuba podría especializarse, como estaba empezando a hacerlo antes de 1959, en productos que demanda el mercado norteamericano, abandonando, en muchos casos, el cultivo del azúcar, que sólo es rentable en contadas ocasiones, tierras determinadas y trabajadas con maquinaria especializada.

La dolarización. Los residentes en Cuba hace mucho tiempo que hacen sus cuentas en dólares norteamericanos. La legalización de la tenencia de dólares ha sido una de las pocas medidas positivas de los últimos años del castrismo, aunque nada asegure que cualquier día no se vuelva a prohibir su circulación. Si no se produjera una vuelta atrás, la economía cubana contaría, en caso de cambios democráticos, con la solución de uno de los mayores problemas de cualquier país, como instrumentar su política monetaria. Cuba debería renunciar a tener una moneda nacional propia. Los posibles efectos negativos de depender del dólar se atenuarían en el caso cubano, porque su economía estaría firmemente integrada en la norteamericana, con 2 millones de cubanos viviendo en Estados Unidos, con inversiones potencialmente enormes de ese origen y con la mayoría de sus ingresos por ventas de bienes y servicios en esa moneda. Por otra parte, la dolarización de derecho sería una recuperación de la plena convertibilidad del antiguo peso cubano, de antes de 1959, que siempre estuvo respaldado por dólares en las reservas del banco central.

Ayuda financiera pública norteamericana e inversiones desde ese país. Una cuba democrática contaría con ayuda alimentaria, en un primer momento, además de con subvenciones a fondo perdido para educación, sanidad y la reconstrucción de la administración pública y de parte de las infraestructuras, así como con la apertura de muchos mercados de bienes y servicios norteamericanos.

Más importante serían, sin duda, las masivas inversiones privadas que podrían producirse. En artículos especializados se ha mencionado que la inversión norteamericana, sólo en turismo, podría superar los 3.000 millones de dólares anuales durante bastante tiempo. Las nuevas inversiones tendrían por objeto desarrollar otras potencialidades, compitiendo abiertamente con terceros y confiando en el desarrollo de la propia economía cubana y en su integración con las de los países más próximos, en especial con la de Estados Unidos.


Artículos anteriores de la serie:
1. Los datos
2. La pobreza
3. El futuro: lo negativo

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