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A la espera de reformas

En todos esos países se ha registrado una política monetaria muy permisiva, que ha provocado, como efecto más llamativo, la subida del precio de la mayoría de los activos, una subida que en todas partes ha encarecido la vivienda.

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Reproducimos a continuación el tercero de una serie de artículos escritos por Alberto Recarte para Libertad Digital que conforman el ensayo titulado La nueva España. El trabajo completo consta de los siguientes capítulos:

  1. Un país sin fronteras
  2. Nuestra economía
  3. A la espera de reformas
  4. Nuestra inmigración: ¿qué inmigrantes tenemos?
  5. Aspectos positivos de la inmigración
  6. Aspectos negativos de la inmigración
  7. Conclusiones

A la espera de reformas

7. España: un país a la espera de reformas

El que se produzcan o no esas reformas, tradicionalmente denominadas estructurales, cuya necesidad será evidente en el momento en que nuestro actual modelo de desarrollo económico cuantitativo se estanque, determinarán que el actual ciclo alcista termine en un caos, con millones de parados, muchos inmigrantes sin apoyos familiares, y un gasto social desbordado o que se puedan transformar muchos empleos, en concreto los ligados a la construcción, en puestos de trabajo de una economía más centrada en servicios turísticos y la producción de bienes y servicios en los que podamos ser competitivos.

Por nuestra experiencia política, desde los últimos lustros del franquismo, antes de la implantación de la democracia, sabemos que las reformas que estimulan el crecimiento cualitativo sólo se implantan cuando hay incentivos políticos suficientes. El principal incentivo es el temor al comportamiento electoral de una población insatisfecha, desengañada, con una proporción significativa de parados. Ese incentivo político no existe en España en este momento con un desempleo del 8,5% de la población activa y el pleno empleo, de hecho, en muchas autonomías. Podemos hacer listas de los problemas ligados sobre todo a la pérdida de competitividad, que desembocarán en dificultades económicas y en desempleo. Pero esa lista de potenciales debilidades no es un incentivo suficiente para una clase política no muy diferente de la del resto de países democráticos, que se mueve en el día a día. Las reformas suscitan una reacción negativa de importantísimos grupos de presión, como son la mayoría de los medios de comunicación, los sindicatos, el resto de los partidos, la propia Iglesia Católica, por supuesto los ecologistas, y grupos poderosos de empresarios acomodados. Por el temor a la posible reacción negativa de esos grupos de presión y a sus también posibles efectos electorales, las reformas se retrasan, por más que sean perentorias. Las reformas de 1992 y las que emprendió el PP desde 1996 sólo se pudieron llevar a cabo porque la crisis del periodo 90/92, que llevó el desempleo a más del 24% de la población activa, acompañado de una corrupción sin límites, silenció a los sindicatos y a la izquierda política.

8. España: un país fuerte, con graves desequilibrios

No es una casualidad que el aumento de la población activa se traduzca en crecimiento económico. El caso de España no es excepcional. Hay países, como Australia, la propia China y Estados Unidos, éste con un pequeño parón en 2000, que llevan creciendo tanto tiempo como nosotros. En los cuatro casos la inmigración ha impulsado el crecimiento al aumentar la oferta de mano de obra; en el caso de China por la huída del campo a la ciudad. Al margen, por supuesto, de las diferencias sustanciales en otras políticas, que hacen que Estados Unidos sea el país del mundo donde más crece la productividad. En todos esos países se ha registrado una política monetaria muy permisiva, que ha provocado, como efecto más llamativo, la subida del precio de la mayoría de los activos, una subida que en todas partes ha encarecido la vivienda. La diferencia entre España y esos tres países es que nosotros no tenemos política monetaria. En esos tres casos se está intentando controlar los precios, la inflación y el propio ciclo con subidas de tipos de interés; China los está subiendo y en Estados Unidos la subida de tipos probablemente ya ha producido efectos en el crecimiento. En cambio, en España estamos inermes al ser parte del euro ante el continuado y brutal aumento de la masa monetaria en circulación. Nuestro ciclo continuará más que el de los demás, con la excepción de China, hasta que la pérdida de competitividad dificulte nuestra financiación externa y frene la demanda interna.

En otro artículo ("Fuerte, pero frágil"), he dado mi opinión sobre la salud de la economía española, sobre los riesgos, los desequilibrios y el final de la parte expansiva del actual ciclo: lo que sí es evidente es que sin la oferta de mano de obra que significa la inmigración sería muy difícil seguir creciendo, pues las tensiones de un exceso de demanda, ahora sobre los salarios, serían más fuertes, lo que se traduciría en una mayor subida de precios y una mayor pérdida de competitividad internacional, lo que aceleraría el final de la parte expansiva del actual ciclo.

En esta etapa de fuerte desarrollo cuantitativo nos hemos referido a la inmigración como una de las bases que lo han permitido. Son muchas las voces que se pronuncian sobre su bondad o sobre los aspectos negativos que acarrea. Por eso creo que merece la pena hacer un análisis más detallado de las consecuencias económicas y políticas de la misma, desgranando y distinguiendo sus efectos generales positivos y negativos.

Próxima entrega: Nuestra inmigración: ¿qué inmigrantes tenemos?

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