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Alternativas, riesgos e incertidumbre

hay incertidumbre, un fenómeno no mensurable: la derivada del ataque del gobierno de Rodríguez Zapatero a la letra y los principios de la Constitución de 1978

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Hace un año me atreví a dar mi opinión sobre qué podría esperar un inversor español de 2005. Recuerdo –se puede consultar en Libertad Digital- que era partidario de invertir en la Bolsa española con preferencia sobre otras alternativas; en concreto, que era mejor apostar al índice de la Bolsa que invertir en la compra de inmuebles. Los datos han confirmado que en esta apreciación, al menos, no me equivoqué. El índice IBEX ha subido algo más del 18%, mientras que el precio medio de la vivienda lo ha hecho en torno al 10%, aunque, dentro del IBEX, han sido las cotizaciones de las grandes constructoras e inmobiliarias las que, en conjunto, más han subido.
 
También pensaba hace un año que el dólar iba a seguir perdiendo valor con el euro y que podría llegar a 1,30 dólares por euro. ¡Tremendo error! El dólar se revalorizó hasta 1,19 dólares/euro. Explicaciones, como siempre a posteriori, no faltan: la subida de los tipos de interés del dólar hasta el 4,5%, la crisis institucional europea, el rechazo al proyecto de Constitución europea de Giscard, un crecimiento europeo menor que lo esperado a principios de año y, mientras, la economía norteamericana, siempre al borde del abismo según los expertos, y a pesar del Katrina, de Irak y los precios del petróleo, volvía a crecer alrededor del 3,5%, creando empleo y reduciendo el déficit público, aunque no el del comercio exterior, que continúa en niveles similares al año anterior, por razones que tienen que ver con el manejo arbitrario de los tipos de cambio de casi todas las monedas del resto del mundo.
 
¿Qué hacer en 2006? Y pienso en el inversor medio español. Ciertamente no se puede esperar mucho del mercado monetario, pues aunque los tipos de intervención del Banco Central Europeo vuelvan a subir, lo harán muy moderadamente y los tipos a largo no parece que vayan a incrementarse, por lo que, al menos en España, los tipos de interés reales serán otra vez negativos. A evitar, pues, los fondos de dinero.
 
Los precios del mercado inmobiliario, tanto en el caso de viviendas como en el de oficinas es posible que sigan creciendo, pero menos que en 2005, y en los mercados locales en los que ya hay mucha oferta, no subirán en absoluto. Dicen los expertos que en 2006 los precios promedio subirán un 8%, frente al 10%, 12% y 15% de 2005, 2004 y 2003 respectivamente. En cualquier caso, un mercado muy difícil para cualquier inversor. Mejor dejárselo a los muy cualificados.
 
¿Volverá a subir el índice IBEX? Creo que sí. Y creo que esta alternativa de inversión es mejor que cualquiera de las otras posibles inversiones dentro de España, por las siguientes razones: la economía española seguirá creciendo en 2006, aunque quizá algo menos que en 2005, exactamente lo contrario que opina el ministerio de economía, por las siguientes razones:
 
La construcción y el resto de inversiones posiblemente mantendrán el ritmo de crecimiento. El sector exterior restará más que en 2005. El consumo crecerá a un ritmo similar, o algo menos, que el pasado ejercicio, porque el endeudamiento familiar pesará más. A lo que contribuirá cualquier mínima subida de los tipos de interés.
 
Si todo eso ocurre, las compañías españolas que cotizan en el IBEX verán aumentar sus beneficios, podrán seguir distribuyendo dividendos y sus cotizaciones volverán a subir, aunque parten ya de niveles altos. Por lo que estamos hablando de subidas menores que en 2005.
 
Hay riesgos en la economía española que pueden afectar rápidamente al crecimiento; como el nivel de endeudamiento familiar, la estructura del pasivo del sistema financiero y la falta de competitividad de una parte importante de nuestra industria (básicamente del sector del automóvil), la menor competitividad de nuestro sector del turismo (que afectará tanto a clientes nacionales como extranjeros) y el efecto, limitado pero negativo, de un nuevo aumento del precio del petróleo.
 
Hay, por otra parte, posibles efectos positivos en nuestra economía. Quizá el más importante sería la recuperación de la confianza de los consumidores alemanes y el efecto arrastre que sin duda significaría para el conjunto de la economía europea.
 
Y  hay incertidumbre, un fenómeno no mensurable: la derivada del ataque del gobierno de Rodríguez Zapatero a la letra y los principios de la Constitución de 1978 que, en la medida en que afecte al funcionamiento de las instituciones, podría influir muy negativamente en la confianza tanto de los consumidores españoles como de los inversores nacionales y extranjeros. Y una vacilación en el consumo, el motor de nuestra economía desde hace muchos años, puede tener inmediatos efectos paralizadores en el crecimiento.
 
En 2006 hay, en mi opinión, dos grandes países, Alemania y Japón, que tienen mejores perspectivas que en 2005. En Japón, el sector financiero parece haberse saneado tras una crisis que ha durado casi 15 años y que ha dejado huella en el sector público, que tiene un endeudamiento brutal, y la deflación –fruto de la desconfianza de los consumidores sobre el futuro– se ha moderado hasta casi desaparecer. Desde el punto de vista del inversor medio, los índices de las bolsas de valores de esos países pueden ser una alternativa tan buena o mejor que la española.
 
Por supuesto que hay muchas otras alternativas, como las bolsas de algunos países emergentes y determinados sectores de la economía americana, pero me parece que invertir en cualquiera de esas alternativas es una decisión compleja, que sólo debe tomarse si se confía plenamente en la opinión de los expertos que uno tenga.
 
En lo que respecta al cambio del tipo del euro con el dólar, prudencia. Se trata, en definitiva, del último precio de la economía mundial, que recoge billones de informaciones sobre la evolución de todos los otros precios del mundo y como tal precio último, excepto en casos muy extremos, es imposible una predicción. A lo más, podrá tenerse una opinión. La mía es de absoluta neutralidad. Aunque a largo plazo, diez o quince años, nunca viene mal tener los activos personales denominados en diferentes divisas, encuentro tantas razones para creer que el dólar se va a revalorizar (básicamente por la continuación del crecimiento de la economía norteamericana, los altos tipos de interés del dólar, el posible comienzo de la salida de Irak, los bajos tipos de interés del euro y el posible mal funcionamiento, otra vez, de la economía europea) como para creer lo contrario (escaso nivel de ahorro del conjunto de la economía norteamericana, endeudamiento familiar, posible enfriamiento del mercado inmobiliario, fortalecimiento de otras grandes economías competidoras, como Alemania y Japón).
 
No es un panorama fácil, ni mucho menos, el que se presenta al inversor en 2006. De hecho es tan difícil, o más, que el del pasado año, aunque en un entorno favorable, porque si en 2004 la economía mundial creció un 5%, en 2005 parece haberlo hecho por encima del 4%, y en 2006 es posible que esta cifra se mantenga o incluso vuelva a subir ligeramente. Un entorno de crecimiento siempre favorece la actividad económica y ayuda a rentabilizar las inversiones hechas con  sensatez.
 
Y eso es todo. ¡Buena suerte!

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