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Aprenda a calcular el crecimiento económico de España, 3

Las tasas de crecimiento del PIB pasarían a situarse en torno al 2%, un porcentaje similar al promedio de la Unión Monetaria Europea

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El presente ensayo de Alberto Recarte, que publicamos en cuatro entregas, constituye una inestimable ayuda para comprender el crecimiento económico de España y el método para calcularlo. Dedicada especialmente a los lectores de Libertad Digital, esta nueva serie de artículos analiza los cambios en el modelo de crecimiento español y permite pronosticar cómo será en años venideros. Cualquier duda o consulta sobre este artículo será, como siempre, respondida en el consultorio económico de Libertad Digital Televisión: tomasyrecarte@libertaddigital.tv. Puede consultar la primera y segunda entregas.

¿En qué consiste el cambio de modelo de crecimiento? Especialmente, en la reducción de la tasa de Formación Bruta de Capital con respecto al PIB. Lo normal sería pasar del 30 al 24%-25% del PIB. Con lo cual, y si se mantuviera el ahorro (22,5%), nuestra necesidad de ahorro exterior pasaría del 7,8% del PIB de 2006 al 1,5-2,5%; todavía importante, pero justificado para una población en rápido crecimiento.

Si eso ocurriese, y va a ocurrir, la economía crecerá menos o decrecerá y el empleo crecerá menos o decrecerá. La población no aumentará mucho; sería difícil que decreciera, dados los procesos de agrupamiento familiar que permiten nuestras leyes y el hecho de que nuestro sistema legal y policial no el más adecuado para controlar la entrada de inmigrantes.

Y, en principio, y de forma permanente, las tasas de crecimiento del PIB pasarían a situarse en torno al 2%, un porcentaje similar al promedio de la Unión Monetaria Europea en los últimos años, a no ser que apareciera algún sector especialmente productivo que sustituyera al de la construcción. Una evolución que parece razonable, pues nuestra economía no sólo no es especialmente productiva, sino que está centrada en el suministro de servicios, que difícilmente crecerán sustancialmente en los próximos años, por más que nuestra producción industrial esté creciendo con fortaleza desde principios de 2006.

El ajuste, es decir, el proceso que nos llevará a invertir y consumir privadamente menos, ya ha comenzado a producirse. Han empezado a reducirse los precios de las viviendas usadas y a reducirse sustancialmente la venta de las nuevas, por lo que el valor neto de la riqueza de las familias, y de muchas empresas, se está reduciendo, mientras se mantienen sus deudas y sus obligaciones financieras. Esa evolución negativa se dejará sentir en el sector de la construcción (en lo que se refiere a las viviendas) y en el consumo privado. Y en otros ejercicios, en el resto de la Formación Bruta de Capital. Además de en el sector financiero y en el coste del crédito.

En los once apartados que siguen he intentado esquematizar y cuantificar cómo podría producirse el ajuste derivado de los excesos de inversión en el sector de la construcción:

  1. El 9,3% del PIB en 2006 en construcción de viviendas soporta un sector que termina ahora mismo alrededor de 700.000 viviendas al año.

  2. El número de nuevos hogares que se crearán en 2007 (se espera en torno a los 410.000), más la demanda de segundas residencias, tanto para españoles como para extranjeros, puede justificar una demanda conjunta de 500.000 viviendas más en 2007.

  3. En realidad, las viviendas terminadas en los últimos 6 años, más las viviendas que se van a terminar en 2007 y 2008 (en el supuesto de que se terminen las viviendas comenzada en los últimos dos años), sumarán, en total, alrededor de 4,9 millones de viviendas.

    En el periodo 2000-2008, la creación de nuevos hogares y la demanda de segundas residencias justificarían la demanda de 4,1 millones de viviendas.

    Luego es posible que, si se mantuviera en 2007 y 2008 el ritmo de terminación y entrega de viviendas comenzadas entre 2005 y 2006, en 2008 sobren 800.000 viviendas en España; de las de nueva construcción. Sin tener en cuenta otros posibles excesos en un parque de 23 millones de viviendas en toda España. La proporción más alta del mundo en relación a la población total.

  4. Supongamos que en 2008 se produce, bruscamente, el ajuste en el sector de vivienda y que el valor de lo invertido en el sector de viviendas fuera equivalente a la construcción de 500.000 viviendas, aunque se terminen las 700.000 previstas en este momento. Eso significaría una reducción del 28%, aproximadamente. En este caso, el sector de la construcción de viviendas reducirá en la inversión total en viviendas el PIB de 2008.

  5. Pero habría otros efectos que se sumarían indefectiblemente al anterior; en concreto, la reducción del consumo permanente de las familias relacionado con la entrega de nuevas viviendas (acondicionamiento y amueblamiento de esas viviendas que dejan de construirse). Y, quizá más importante, la reducción del consumo corriente como consecuencia del efecto riqueza por el menor valor de todas las viviendas, dada la reducción de precios que ya se está produciendo, sobre todo en las de segunda mano.

  6. El empleo en el sector de construcción de viviendas se podría reducir hasta en 300.000 personas, en lugar de aumentar, como hoy se prevé, en 100.000 trabajadores. En el conjunto de la economía –y siempre que el resto de la economía continuara funcionando igual– el empleo podría crecer en 200.000 personas, es decir, un 1% frente a las tasas del 3% anual actuales.

  7. Todo ello afectaría al consumo, que no podría crecer, como ahora, al 3,5% anual. La tasa de crecimiento podría ser –teniendo en cuenta los subsidios y prestaciones por desempleo– en torno al 2,5%. El efecto que tendría en el crecimiento del PIB de 2008 sería una notable disminución de su aportación respecto a la de los pasados años.

  8. Por tanto, la menor construcción de viviendas y el menor empleo significarían un crecimiento del PIB inferior al 2%.

  9. Esos efectos de reducción en el crecimiento o de menor crecimiento –en el caso del consumo privado–, podrían compensarse con un mayor consumo público, mayor inversión en infraestructuras y mayores transferencias públicas para consumo privado por parte de la Administración Central.

  10. La suma del crecimiento del resto de las partidas, el del consumo del sector público, el de los otros componentes de la Formación Bruta de Capital y el mantenimiento sin variación de las existencias, daría como resultado un aumento determinado de lo que se denomina Demanda Nacional, que es la suma de todo lo que los residentes en España consumimos e invertimos en un año concreto.

  11. Como esa Demanda Nacional no se satisface sólo con productos fabricados en España sino con importaciones, ya sean bienes como tales o como servicios, y como mucho de lo que fabricamos y de los servicios que se ofrecen desde España se usan en el exterior, hay que hacer un ajuste, que consiste en restar las importaciones (que sí consumimos aquí) y sumar las exportaciones (que se producen en España pero que se utilizan por otros fuera de España).

    El resultado es que el sector exterior interviene decisivamente a la hora de determinar nuestro crecimiento real.

    En los últimos años –normal, porque importamos mucho más de lo que exportamos, tanto porque necesitamos productos que en España no se suministran (como gran parte de la energía), como porque muchos bienes y servicios son más baratos en el exterior que en España–, el balance exterior ha sido negativo y ha restado crecimiento al que podría haber sido en función de nuestra Demanda Nacional. En concreto, en 2006, el sector exterior restó 0,8 puntos al crecimiento y en 2007 es posible que la cifra sea similar.

    Sin embargo, veremos en la próxima entrega que el sector exterior podría sumar al crecimiento, porque nuestra menor Demanda Nacional nos permitiría importar menos, mientras nuestras exportaciones crecerían más que hasta ahora, tanto porque la Unión Europea crece más, como porque nuestras empresas tendrían que hacer un esfuerzo para vender en el exterior lo que dejarían de vender dentro de España. Excepto, naturalmente, que los precios de la energía –del petróleo, el carbón y el gas–, volvieran a subir significativamente, en cuyo caso el sector exterior no compensaría la debilidad interna. Sería el peor de los mundos.

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