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Aspectos positivos de la inmigración

El conjunto de los ingresos fiscales adicionales recibidos por las administraciones públicas por la presencia de inmigrantes podría suponer, por tanto, al menos la parte más cuantificable, del orden de 11.000 a 12.000 millones de euros anuales.

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Reproducimos a continuación el quinto de una serie de artículos escritos por Alberto Recarte para Libertad Digital que conforman el ensayo titulado La nueva España. El trabajo completo consta de los siguientes capítulos:

  1. Un país sin fronteras
  2. Nuestra economía
  3. A la espera de reformas
  4. Nuestra inmigración: ¿qué inmigrantes tenemos?
  5. Aspectos positivos de la inmigración
  6. Aspectos negativos de la inmigración
  7. Conclusiones

10. Los aspectos positivos de la inmigración

He procurado sistematizar en las siete secciones que integran este apartado las principales razones que explican todo lo positivo de la inmigración, desde su contribución al crecimiento global de la economía al aumento de la recaudación fiscal. No son argumentos definitivos ni tienen todos el mismo peso ni son incontrovertibles, pero creo que recogen las valoraciones positivas que todos hemos hecho en un momento u otro.

La inmigración también provoca problemas, pero esos aspectos los dejamos para el siguiente apartado.

  1. La inmigración ha contribuido decisivamente al crecimiento del PIB nacional y per cápita, y al propio alargamiento del ciclo. Lo que, a su vez, se ha traducido en otras evoluciones positivas, no cuantificables directamente. La primera es que ha permitido una sustancial acumulación de capital humano y físico; por su parte, en segundo lugar, el tejido empresarial se ha fortalecido y, en tercer lugar, las cuentas públicas se han equilibrado, a pesar de las rebajas de impuestos y los grandes gastos que sigue suponiendo el esfuerzo en inversión pública de todas las administraciones. Un reciente estudio de la Caja de Barcelona hace hincapié en los aspectos económicos positivos de la inmigración, aunque sacando conclusiones sin fundamento, al afirmar que sin inmigrantes nuestro PIB habría descendido. Es evidente que sin inmigración no habríamos podido crecer de la forma que lo hemos hecho, pero no tendría porque haberse producido una caída del PIB.

  2. Ha permitido la definitiva incorporación de la mujer española al mercado de trabajo. En 1994 había 4 millones de mujeres españolas ocupadas. Hoy, a principios de 2006, suman algo más de 8 millones. Del total del empleo creado en el periodo 1984-2006 (7,7 millones), los inmigrantes han cubierto 3 millones, y el resto es el aumento del empleo entre los españoles de origen, con absoluto predominio de la generación de empleo femenino sobre el masculino.

    Un dato fundamental, pues se trata de un grupo de población mejor preparado, en promedio, que el de los hombres. Esa incorporación explica, en mi opinión, todo el aumento de productividad de la economía española en estos años, por más que haya sido muy bajo.

  3. Ha proporcionado flexibilidad a un mercado de trabajo rígido. Esa flexibilidad ha permitido no sólo que el promedio de los aumentos salariales haya sido inferior al aumento de la inflación sino que, aún más importante, ha compensado el excesivo intervencionismo administrativo y laboral sobre las condiciones y horarios de trabajo. Por poner un ejemplo, para las empresas del sector del automóvil la flexibilidad es más importante que el nivel salarial.

  4. Ha permitido el mantenimiento y el crecimiento de algunos sectores productivos. En concreto, de la agricultura y la construcción. Es verdad que el sector agrario apenas supone el 3% del PIB, pero su mantenimiento tiene importancia para otros sectores, como el industrial de transformados agrarios, el transporte y muchos servicios ligados al mismo.

    Igualmente significativa es la presencia de inmigrantes en el sector de la construcción donde, legalmente, son el 20% de un total que sigue creciendo y hoy ocupa a 2,5 millones de personas. Y probablemente son muchos más. Y se trata del sector que más ha crecido en estos últimos años. Sin inmigrantes no habría sido posible iniciar, como en 2006, la construcción de cerca de 800.000 viviendas y seguir acometiendo un importantísimo conjunto de obras públicas y civiles.

  5. Ha rejuvenecido la población. La población residente en España ha pasado del estancamiento a principio de los noventa, con un problema de envejecimiento sustancial, a crecer a tasas anuales superiores al 1,1%. La ligera mejoría de la tasa de natalidad tiene que ver, también, más con la presencia de mujeres inmigrantes que con un aumento de fecundidad de las españolas de origen. Es verdad que el solo aumento de la población no resuelve el problema a largo plazo de la financiación de las pensiones públicas pero, en cualquier caso ha retrasado bastantes años la crisis del sistema. Ahora hay más tiempo, si se quiere, para hacer reformas.

  6. La inmigración es la mejor forma de Ayuda al Desarrollo. Las transferencias públicas, la denominada Ayuda al Desarrollo, ya sean nacionales o de organismos internacionales, han demostrado su ineficacia para ayudar a países en vías de desarrollo, que sólo son capaces de aprovecharlas si se dan una serie de circunstancias muy poco habituales.

    España puede jactarse de haber dado empleo a alrededor de 4 millones de extranjeros, a los que se ha acogido y dado servicios médicos, educación, gratuitos, y ha permitido e incentivado el acceso a la propiedad privada. Esos inmigrantes, por otra parte, hacen transferencias al exterior, a sus familias, de parte de sus ingresos. En 2005 sumaron 3.800 millones de euros. Los inmigrantes son los auténticos agentes del desarrollo de sus países de origen. El total de las rentas de su trabajo, los 2,2 millones que trabajan oficialmente, y el resto que lo hace ilegalmente, probablemente alcanza los 30.000 millones de euros anuales, algo menos del 3% del PIB, una cifra que es, por ejemplo, el 50% del total de la inversión extranjera directa en China, y que ha supuesto un factor clave durante muchos años para el desarrollo de ese país.

  7. Ingresos públicos por parte de las distintas administraciones derivados de la presencia de inmigrantes.

    • Los ingresos directos y cuantificables son los siguientes:

      • Aportaciones a la seguridad social: 5.000 millones/año.
      • Ingresos por IVA: alrededor de 2.500 millones/año.
      • Ingresos por IRPF: un mínimo de 500 millones/año.
      • Pago por Impuestos de Transmisiones patrimoniales (que se pagan en la compra de viviendas de segunda mano): alrededor de 2.000 millones/año (en el caso de que se adquieran, como parece, alrededor de 120.000 viviendas anuales, a un precio promedio de 250.000 euros).
    • Los ingresos indirectos y no cuantificables tienen que ver con la mejoría de las cuentas de resultado de las empresas y el correspondiente pago del impuesto sobre sociedades que, en la parte de actividad adicional derivada del aumento de la demanda de una población en crecimiento, podrían suponer cualquier cifra, entre 1.000 y 3.000 millones de euros anuales.

    • Finalmente, existen otra serie de tasas e impuestos, como los que existen sobre los combustibles y el alcohol y tasas municipales que pagan plenamente los inmigrantes, pero de todavía más difícil cuantificación.

El conjunto de los ingresos fiscales adicionales recibidos por las administraciones públicas por la presencia de inmigrantes podría suponer, por tanto, al menos la parte más cuantificable, del orden de 11.000 a 12.000 millones de euros anuales.

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