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En torno a la fusión digital

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Al margen de opinar sobre la fusión, o mejor, sobre la compra de Vía Digital por Sogecable, y sobre las condiciones que ha impuesto el gobierno, creo que merece la pena recapitular cómo quedarán los medios de comunicación a los que afecta esta decisión a lo largo de 2003.

1. Habrá una única plataforma digital, Sogecable, en lugar de dos, con lo que se limitarán las opciones de los 800.000 clientes que habían preferido Vía Digital a Canal Satélite Digital, lo cual constituye, en ese campo, por tiempo indefinido, un monopolio en el campo de la televisión de pago y una competencia casi invencible para los únicos otros competidores, las empresas de cable, dado su reducido tamaño. Un monopolio no es, sin embargo, para éstas, una mayor competencia que el duopolio existente en la actualidad, que se concretaba en precios más bajos para los clientes de las dos plataformas y, por consiguiente, en ingresos más bajos para todos los operadores, incluidos los cableoperadores, con lo cual tienen menos opciones competitivas de las que tendrán, al cabo del tiempo, con una única plataforma.

2. Se da una salida a la presencia de Telefónica en Vía Digital –como operador en permanentes pérdidas–, en Antena 3 de Televisión y en Onda Cero. El origen de la intervención de Telefónica en medios de comunicación constituyó una interferencia intolerable del poder político en la gestión de inversiones de una empresa, primero pública y después privada, que fue posible por la deslealtad, incompetencia e interés personal de Juan Villalonga, que aceptó las sugerencias políticas de una presencia masiva en los medios de comunicación, sin rentabilidad para la empresa, pero logrando, a cambio, un inmenso poder personal y político.

Al margen de si Vía Digital podría haber obtenido unos mejores resultados si hubiera sido mejor gestionada desde un principio, había que dar salida al lógico deseo de Telefónica de abandonar esa operación, perdiendo lo menos posible para sus accionistas; y, para mí, es evidente que las pérdidas serían menores y las posibilidades de ganar mayores si, en lugar de cerrar Vía Digital, lograba que ésta se integrara en una nueva Sogecable de la que detentaría el 17%.

Todo lo cual no significa olvidar cómo el felipismo favoreció al grupo Prisa, tanto en el momento de otorgamiento de una licencia para Canal+ como posteriormente, al variar las condiciones de esa concesión, en detrimento del resto de los competidores, al tiempo que se permitían artificios contables entre Canal+ y Sogecable que, lejos de aclararse, terminaron con la condena del juez Gómez de Liaño. La solución no era crear una nuevo grupo Prisa favorable al gobierno, como ha demostrado ampliamente la realidad, sino esperar y permitir que otros grupos se decidieran a invertir voluntariamente en medios de comunicación, lo cual implicaba que tenían que creer que había un mercado potencial, además de estar dispuestos a arriesgar su dinero.

3. Al final del proceso habrá nuevos grupos empresariales en Antena 3 de televisión, Onda Cero, Localia y las locales del grupo Correo. Y aunque yo no valore especialmente el número de competidores, da una respuesta a los que creen que la competencia se identifica con la presencia de un número determinado de competidores y con la ausencia de monopolio y no con la inexistencia de barreras legales a la entrada en el mercado de que se trate.

Siempre que, por supuesto, se cumpla la ley. Si el poder ejecutivo permite que no se respete la legislación vigente y que no se apliquen las sentencias –como está haciendo en el caso de la integración de Antena 3 de radio en la cadena Ser– nada de todo lo dicho, ni lo que se dice a continuación, tiene ningún valor.

4. Desgraciadamente, no se altera la presencia pública en televisión. Las cadena nacionales 1 y 2, más las cadenas autonómicas y locales públicas son mucho más importantes que la creación de una nueva Sogecable en el ámbito de la formación de la opinión. Curiosamente, el gobierno del PP no ha aprendido que, aunque nombre a los cargos directivos de las cadenas nacionales y autonómicas que controla, no es capaz de hacer variar la opinión de la inmensa mayoría de los redactores y las inclinaciones de los programas hacia las posiciones políticas que en teoría defiende. El izquierdismo militante y el populismo que respiran todos los medios públicos no se han modificado un ápice durante los años de gobierno del PP. Es obvio que la decisión significativa era la de la privatización, de resultado político incierto para el poder, pero generadora de disciplina empresarial que es, al final del proceso, la mejor medicina para lograr opiniones responsables.

5. En la nueva Sogecable el control de Prisa, con alrededor del 17% de las acciones, no es abrumador. Es cierto que parece que existe un acuerdo accionarial con otro de los propietarios significativos, el grupo Viviendi, pero cualquier alianza de este tipo puede modificarse en el futuro, y tiene más poder financiero Telefónica para, en un momento determinado de conflicto, comprar otras participaciones o llegar a otro tipo de acuerdo con Vivendi, que el grupo Prisa.

6. Es evidente que el gobierno permite un monopolio en el campo de la televisión digital, con barreras de entrada difíciles de traspasar pero, desde el punto de vista de la formación de la opinión, me parece menos importante Sogecable que cualquiera de las emisoras en abierto y que las propias televisiones públicas. La plataforma única es una operación económica, con enormes posibilidades de ser muy rentable a medio plazo, y por eso era necesario evitar que los mismos grupos accionariales invirtieran esos beneficios monopólicos en otros medios de comunicación, como creo que ha hecho el gobierno.

7. Las condiciones que ha puesto el gobierno son de difícil interpretación para una persona no experta en estos mercados, pero en general, puede decirse que están dirigidos a limitar los excesos del monopolio que se permite en televisión digital. Quizá lo primero a destacar son las limitaciones a Telefónica, para evitar que los contenidos que controla y, en gran parte, monopoliza, la nueva Sogecable puedan ser transferidos y emitidos por otros medios tecnológicos distintos, como el ADSL. Una preocupación que es no sólo española sino comunitaria, pues la Comisión ya se pronunció sobre este tema cuando se intentó crear, al final del gobierno socialista, una sociedad con Telefónica y Sogecable como accionistas con este mismo objeto.

En segundo lugar, se limitan, en los términos dictados por el Tribunal de Defensa de la Competencia, los derechos sobre los contenidos y se establece la obligatoriedad de dar entrada a canales independientes de Sogecable y sus accionistas, fijando, como precio, el de coste más un margen, que vigilará, junto con otras condiciones, un tribunal arbitral y, en su defecto, la Comisión Estatal de Telecomunicaciones. En tercer lugar, se limitan los precios de venta al consumidor, que sólo podrán subir durante tres años por debajo del IPC previsto por el Banco Central Europeo, en aras de conseguir que el abonado no pague los costes de la fusión y de repartir el exceso de beneficios que se consiga con el monopolio entre todos los partícipes en el mercado.

Ninguna de estas condiciones imposibilita la operación u obliga a repensárselo tanto a Sogecable como a Vía Digital. Son limitaciones que afectan a la rentabilidad a corto plazo y que obliga a la sociedad a ser un poco más plural, pero no interfieren significativamente en el desarrollo del negocio de la nueva Sogecable.

8. En la actualidad, las sociedades de cable no constituyen una competencia significativa para la plataforma digital que se crea. En parte, por su escasa implantación –al haber retrasado, voluntariamente, como en el caso de Auna, el tendido del cable por dudas respecto a su rentabilidad por parte de sus principales accionistas– y en parte porque las sociedades que sí lo han hecho, como ONO, tienen debilidades financieras significativas por tener escasos fondos propios.

Habrá que esperar tres o cuatro años para que el cable sea un auténtico competidor con la nueva Sogecable, momento en el que vencerán la mayor parte de sus contratos con las majors cinematográficas y cuando sólo faltarán uno o dos años para que lo hagan los contratos de Audiovisual Sport con el Barcelona y el Real Madrid. Si para entonces el cable se ha desplegado podría producirse una situación de competencia en este mercado, si no, el predominio de la televisión de pago digital será abrumador y altamente rentable para sus accionistas.

Conclusión. La consolidación del monopolio que se permite en el mercado de la televisión de pago digital era, desde mi punto de vista, inevitable, dado el tamaño del mercado y la elevación de precios de operación que había supuesto el duopolio de Sogecable y Vía Digital, y que ha terminado por expulsar del mercado a la empresa con más fondos propios, Telefónica, pero para la que estas inversiones eran colaterales a su negocio principal. Las limitaciones a la formación de una opinión libre y plural que esta concentración sin duda implica se ven, en parte, paliadas por las disposiciones tomadas en relación con la propiedad de otros medios de comunicación, pero es imprescindible que se compensen mucho más, mediante la privatización de parte de las cadenas públicas y quizá mediante la concesión de nuevos canales en abierto, aunque, en este momento, esta decisión haría sufrir indeciblemente a las actuales empresas privadas de televisión.

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