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Alberto Recarte

¿Error, ignorancia o manipulación?

Alberto Recarte
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Puede ser instructivo analizar cómo han interpretado los distintos medios de comunicación los datos de crecimiento del PIB publicados por el INE, correspondientes al segundo trimestre de 2003. Conviene recordar que, en tasa intertrimestral –o sea, el segundo trimestre sobre el primero–, el PIB español aumentó el 0,7%, lo que en tasa anual (groseramente, multiplicado por cuatro) significa el 2,8%, frente al 2,3% de crecimiento interanual, es decir, lo que en la realidad, –estadísticamente para ser más precisos– ha crecido el PIB en los últimos doce meses, desde el segundo trimestre de 2002 hasta el mismo periodo de 2003. Según esto, el ritmo de crecimiento en los últimos tres meses (abril-junio) analizados por el INE se ha acelerado, lo que se corresponde con una mayor afiliación a la Seguridad Social, mayor creación de empleo, mayores ventas de automóviles, mayor consumo de energía y mayores importaciones. Esta prolija descripción introductoria es necesaria porque un medio tan importante como El País se equivoca, tergiversa o no es capaz de interpretar correctamente algunos de los datos del INE. Me refiero a la información que, firmada por L.A.H., publicaba el pasado miércoles 3 de septiembre, en su sección de Economía (pag. 48), así como al un pequeño recuadro sin firma insertado en la misma página.

En primer lugar, no hay comparación, en el texto, entre España y la evolución de la Unión Europea y sus principales miembros. Nada que objetar, a no ser que, en segundo lugar, hurtada esa comparación –que es lo que más destacan la mayoría de los medios de comunicación–, en uno de los cuadros que ilustran el artículo –el de “PIB por países”, que matiza como “Tasas de variación intertrimestral”– se hace una comparación, en la que aparecen, aquí sí, España y los principales países europeos, además de Estados Unidos, Japón y la OCDE. Y se desliza el error de que las tasas de la OCDE, EE UU y Japón no son, como dice, intertrimestrales, sino proyecciones interanuales, es decir, obtenidas tras multiplicar por cuatro el crecimiento del segundo respecto al primer trimestre, que fue del 0,8% aproximadamente en el caso de Estados Unidos. Un lector sin demasiado tiempo para el análisis de lo que está leyendo concluiría que está muy bien crecer al 0,7%, pero que éste es un dato insustancial frente al 3,1% de EEUU y el 2,3% de Japón. El calificativo de error, sin embargo, no se mantiene, porque en el recuadro se incurre en el mismo error, con lo que cabe la duda de si no será una manipulación.

En tercer lugar, en un pasaje del texto, se dice: “Este mayor crecimiento de España, cuyo PIB depende en un 50% de lo que ocurra en el entorno comunitario...” Problema conceptual: el PIB no depende, en ese porcentaje, de lo que ocurra en Europa o en el referido entorno comunitario. Lo único económicamente cierto es que las importaciones de bienes y servicios significan, aproximadamente, el 30% del PIB y las exportaciones un porcentaje algo inferior, por lo que la suma de ambas alcanzan casi el 60% del PIB. A su vez, con la Unión Europea realizamos el 70% del comercio exterior total. Es decir, el tráfico con la Unión Europea significa el 70% del 60%, lo que supone, aproximadamente, el 43% del PIB. Pero de ese porcentaje nunca puede deducirse que el 50% de nuestro PIB depende de lo que ocurra en la Unión Europea. De hecho, lo relevante, a propósito del PIB, es el efecto neto de exportaciones e importaciones que, correctamente, el autor explica que es negativo en un 1% del PIB. Lo más que podría decirse, –al margen del signo del efecto y de su tamaño en relación al PIB–, es que, si el efecto neto exterior fuera neutral, la economía española habría crecido un 3,3% y como esto no ha sido así, por tanto, el comercio con la Unión Europea ha restado como mucho, el 70% del 1%, es decir, el 0,7%, por lo que la Unión restaría el 20% de crecimiento al PIB.

Hoy por hoy es imposible calcular con precisión, y dudo que sea posible alguna vez, en cuánto afecta el sector exterior a una economía nacional. En países o zonas muy extensas, como Estados Unidos o la propia Unión Europea, el comercio exterior significa muy poco, alrededor del 13% del PIB; el 26%, si sumamos exportaciones e importaciones, lo que se conoce también como grado de “apertura de la economía”. En el comercio de la Unión Europea, Estados Unidos puede significar cerca de un 30% del total, con lo que, si utilizáramos la comentada medida del redactor de El País, el efecto de la evolución de la economía norteamericana nunca podría influir en algo menos del 8% del PIB europeo (30% del 26%). Las cifras, una vez más, engañan, porque, probablemente, si la economía norteamericana creciera, otra vez, al 5% anual, los países europeos pasarían, quizá, a crecer el 1% ó el 2%, frente al crecimiento interanual nulo, o el intertrimestral del 0,4% de la actualidad. Y qué duda cabe que no puede dejarse fuera del análisis lo que ocurra con la balanza de capitales, pues lo extraordinario de la evolución de la economía norteamericana es que no ha tenido problemas para financiar, permanentemente, un déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente de alrededor del 4% del PIB, durante unos años con inversiones directas del resto del mundo y, ahora, con compras de bonos del Tesoro, realizadas, básicamente, por China, Japón y otros países del sureste de Asia.

Nuestra limitada cultura económica sufre cuando se cometen errores –algo que todos hacemos, y muchos diariamente. Pero, si a un simple error gráfico se le suma el mismo error por la redacción y, además, se confunde al lector sobre la importancia y significado de conceptos básicos –como qué son y cómo influyen las relaciones comerciales con el exterior en la evolución del PIB nacional– entramos en el campo de la posible manipulación y la ignorancia; o quizás, sólo de la superficialidad.

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