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¿Extravagancia o interés partidista?

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Cuanto más tiempo pasa y más se publica sobre las causas últimas de la reprimenda del Ecofin al gobierno irlandés por su política fiscal, más convencido estoy de que estamos asistiendo a una estratagema del socialista Solbes, ayudado por los también socialistas gobiernos de Francia, Alemania e Italia, para poder atacar, en su momento, la política económica del gobierno español, el único conservador en la unión monetaria.

Ya he expresado mi opinión de que lo único que merece la política económica irlandesa es elogios ( La excepción irlandesa ). A las razones ya dadas habría que añadir que, a pesar del descenso de los impuestos y del aumento del gasto público programado, el superávit fiscal alcanzará, en 2001, nada más y nada menos que el 4,3% del PIB y que la deuda pública descenderá hasta el 27% del PIB al final del presente año.

El gobierno irlandés ha explicado que el objetivo de la reducción de impuestos es que aumente la oferta de mano de obra –animada por la menor imposición— y el ahorro privado; para evitar, precisamente, el sobrecalentamiento en la economía, que se traduce en inflación. La receta de Solbes es la opuesta “no crezcas y no tendrás inflación”; dos formas de ver las cosas.

Pero, a fin de cuentas, Irlanda no es significativa en Europa, pues su PIB apenas alcanza el 1% del global comunitario.

Distinta situación es la de España, cuyo PIB es el 11% del total comunitario y que también ha tenido un gran éxito a nivel europeo, creciendo sostenidamente durante los últimos cuatro años a un promedio del 4%, creando casi tres millones de puestos de trabajo desde 1996 –más del 50% de todo el que ha generado la intervenida Europa—aunque con una inflación elevada (3,7% en enero de 2001 sobre el mismo mes del año anterior), aunque en retroceso, y con la pretensión –y este es el pecado abominable— de volver a bajar los impuestos, en particular el IRPF, aunque sea por una cuantía bastante ridícula.

La socialista Europa ya ha tenido que asistir al espectáculo de una España conservadora que baja los impuestos y que no sólo no pierde ingresos fiscales sino que recauda y crece más y está harta de soportar el éxito del modelo irlandés, forzando, además, a otros países –a la propia Alemania— a rebajar también sus impuestos. Y en lontananza se adivina la posibilidad de que Berlusconi gane las próximas elecciones en Italia y se inspire –así lo ha declarado— en el modelo español para crecer.

En mi opinión se están velando las armas para desautorizar el deseo –el tenue deseo, desgraciadamente— del gobierno español de rebajar los impuestos –y de paso ya sería el momento de reducir, también, la presión fiscal.

Cuando el gobierno español explique que la rebaja de impuestos va a reducir el superávit fiscal programado, y que seguirá coincidiendo con una inflación más alta que el promedio de la Unión Monetaria, el socialista Solbes utilizará el precedente irlandés para fustigar al gobierno español, que sí es una parte considerable del PIB comunitario, e intentar congelar la iniciativa, reduciendo, así, significativamente, casi la única posibilidad que tenemos de volver a impulsar el ciclo de crecimiento de nuestra economía.

Por otra parte, da la impresión de que la rebaja de impuestos que ha anunciado el gobierno español tiene motivos puramente políticos –cumplir el programa electoral— olvidando el fundamento de la propuesta, que unos impuestos más bajos favorecen el crecimiento, como bien sabe, y dice, el gobierno irlandés, y como supo el gobierno del PP de la anterior legislatura.

Por eso sorprende la reacción del gobierno español en Europa, que ha apoyado la crítica a la política económica irlandesa –que es la suya propia en grado menor— aunque la matice con comentarios críticos sobre la situación presupuestaria en Alemania y Francia.

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