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Falta de credibilidad

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Entre Gescartera y el ataque terrorista a Nueva York y Washington, el ministro Montoro ha presentado las líneas generales del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2002. Hasta conocer las interioridades del documento, una vez que pase por el Congreso, lo único que cabe es analizar el cuadro macroeconómico sobre el que se han calculado ingresos y gastos fiscales.

1 Se supone que la economía crecerá en 2002 al 2,9%, una cifra que no se sustenta en nada, pues el propio gobierno cree que el crecimiento bajará a cerca del 2% a finales de este año 2001. Y no está claro ni cómo se va a recuperar la economía mundial –empezando por la americana– ni cuándo, pues las manifestaciones de optimismo de Greenspan y O´Neill sobre el rebote a mediados de 2002, no tienen mucho fundamento.

El único dato que podría mejorar las expectativas a corto y medio plazo sería el mantenimiento del precio del petróleo en torno a los actuales 20-22 dólares/barril. Un descenso de casi 10 dólares en promedio nos devolvería el crecimiento que nos ha restado la subida del petróleo en los últimos dos años.

De momento, pues, desconfianza con este dato. Y es el segundo año en el que no resultan creíbles las cifras. Ya ocurrió en 2001 cuando el cuadro macroeconómico preveía un aumento del PIB del 3,6%, que nos pareció excesivo, por no hablar de la previsión de inflación al 2%. Una cifra en torno al 2% de crecimiento sería mucho más lógica, aunque asimismo difícil de alcanzar, dado el efecto depresivo de la introducción del euro, el ataque terrorista y la caída de la inversión en bienes de equipo –la cual, sorprendentemente, el cuadro macro prevé que crecerá sobre 2001.

2 Se supone un fortísimo crecimiento, nuevamente, del empleo –más de 270.000 nuevos. Por supuesto, si se crece al 3% se creará ese empleo, pero con un crecimiento en torno al 2% está por ver cuánto empleo creará la economía española. Lo cual produce otro gran problema: los inmigrantes van a seguir entrando, pero ahora podrían no encontrar trabajo.

3 Se renuncia al superávit fiscal de 0,2%, previsto en el Plan de Estabilidad, pero se mantiene el equilibrio que se va a alcanzar este año. Para lo cual se descansará mucho más que el presente año en el superávit de la Seguridad Social. La explicación del gobierno de cómo se produce un crecimiento del superávit de la Seguridad Social con un menor incremento del PIB es demográfica: en 2002 se jubilan muchas menos personas que los años anteriores, porque alcanza los 66 años la generación de los nacidos en 1936, el primer año de la guerra civil, menos numerosa que las anteriores. Un dato cierto, pero que hay que corregir, porque los españoles se jubilan, en promedio, a los 62.5 años de edad.

Más previsible sería, por tanto, un pequeño déficit del conjunto de las Administraciones Públicas, que sería aceptable si se situara en torno al medio punto del PIB. Excepto que se hagan menos obras públicas. Una elección difícil en un año de estancamiento.

4 No hay objetivo de inflación conocido, pero el deflactor del PIB se situará en torno al 2,8%. Un objetivo que parece alcanzable, dado el recorte en el crecimiento, el empleo y a la vista del menor crecimiento del crédito bancario.

Todo se fía, como en pasados años de crisis, a la posible recuperación del segundo semestre. Wishful thinking.

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