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Hacia la recesión

Me reafirmo en mi predicción de hace más de un año sobre que nuestro crecimiento estará por debajo del 2 por ciento. Entre el 1,5 por ciento y el 1,7 por ciento.

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Olvídense, momentáneamente, del paro y la inflación. Tiempo habrá de analizarlos. Fíjense, en cambio, en la cifra de afiliados a la Seguridad Social. En diciembre de 2007, el número de los afiliados cerró en 19.195.755. ¿Por qué es tan importante ese dato?
 
1º)  En los últimos doce meses el empleo ha crecido en España en 425.000 personas aproximadamente, un 2,2 por ciento anual, frente a tasas del 3,5 por ciento a principios de año y mucho más altas en años anteriores. No obstante, de estos años no es posible extraer consecuencias, pues fueron los años en que la regularización de inmigrantes se reflejó en un descomunal aumento de afiliados a la Seguridad Social.
 
2º)  Un 2,2 por ciento de crecimiento de los afiliados a la Seguridad Social, si suponemos, como se viene haciendo, que su productividad anual crece entre el 0,8 y el 1 por ciento anual, significa que la economía española habría crecido en torno al 3,2 por ciento. Lejos de los promedios de crecimiento que nos ha suministrado el INE, del 4 por ciento en los dos primeros trimestres del año, del 3,8 por ciento en el tercero y de una cifra a determinar en el cuarto, que estará o deberá estar cercana al 3 por ciento.
 
3º)  Analicemos el empleo en los últimos tres meses de 2007. Según la Seguridad Social, los afiliados pasaron de 19.290.985 de finales de septiembre a 19.195.755 a finales de diciembre. Un descenso de 100.000 personas en toda España. En términos porcentuales una caída del 0,5 por ciento. Y como suponemos que la productividad de los ocupados sigue creciendo al 1 por ciento, el resultado final es que en el cuarto trimestre de 2007 el PIB se contrajo, probablemente, un 0,5 por ciento en relación con el último mes del trimestre anterior y un 1 por ciento en base anual. Basándonos en promedios trimestrales el resultado es que en el tercer trimestre trabajaron en España 19.356.740 personas y en el cuarto trimestre el promedio decreció hasta los 19.320.199. Con esos datos la economía sólo crecería lo que crece la productividad, el 1 por ciento anual.
 
4º)  El empleo no crece en España desde el mes de abril de 2007. En diciembre había menos personas ocupadas que en mayo; exactamente 107.434 menos.
 
5º)  En los próximos meses de enero, febrero y marzo de 2008, pase lo que pase en las elecciones, esa tendencia, en mi opinión, se va a acentuar. El número de ocupados se va a reducir en cifras absolutas o, todo lo más, va a permanecer estancado.
 
6º)  Con el empleo no sólo estancado sino decreciendo, el resultado es que España en 2008 crecerá, probablemente, muy poco.
 
7º)  Olvídense de un 3,3 por ciento de crecimiento fijado en los presupuestos generales del estado para 2008, y del 3 por ciento que ahora dice Solbes, y del 2,8 por ciento de la mayoría de los analistas y del 2,5 por ciento del más pesimista de los bancos.  Me reafirmo en mi predicción de hace más de un año sobre que nuestro crecimiento estará por debajo del 2 por ciento. Entre el 1,5 por ciento y el 1,7 por ciento. Y ello será posible porque aunque de la caída del empleo total y del mantenimiento de la productividad se deduce un crecimiento de entre el 0,5 por ciento y el 1 por ciento, las transferencias públicas vía prestaciones y subsidios de desempleo, las mayores pensiones y unos impuestos directos ligeramente inferiores, permitirán que el consumo privado crezca algo más de lo que ocurriría sin esos estabilizadores automáticos y sin los cambios legislativos aprobados, que implican mayores transferencias, o devolución de impuestos a familias y empresas.
 
En próximos artículos podremos hacer consideraciones sobre el paro, que seguirá creciendo en 2008, y sobre nuestra desbocada inflación, nada menos que el 4,3 por ciento en diciembre de 2007; pero entiendo que en este momento lo que hay que analizar son las perspectivas de crecimiento para 2008.
 
Para saber lo que está pasando estén atentos a las cifras de afiliados a la Seguridad Social y a las de recaudación del IVA, que según los presupuestos de 2008 debería crecer el 5,6 por ciento. Si el IVA crece menos, si por ejemplo continúa en el 1 por ciento del último año, la contracción económica será más fuerte incluso de lo que hemos visto en los párrafos anteriores.
 
Olvídense del seguimiento de los ingresos del resto de los impuestos estatales. El IRPF no será un buen indicador, porque han bajado las retenciones y, aunque aumente la recaudación por la revisión automática de los salarios de acuerdo con la evolución del IPC de diciembre, será difícil de discriminar el resultado final, pero me parece difícil que crezca al 5,2 por ciento previsto en los presupuestos. Olvídense también de la evolución de la recaudación del Impuesto sobre Sociedades, que es posible que crezca incluso más que el 6,2 por ciento previsto en los Presupuestos del Estado, pero que tampoco nos sirve como indicador, porque ese impuesto se paga a hacienda en base a beneficios trimestrales, aunque luego se ajuste a la realidad en las declaraciones anuales.
 
Por tanto, las perspectivas, ahora confirmadas, apuntan a peor: Ajuste brusco. Caída de la actividad estrepitosa. Problemas en el sector promotor, generalizados a partir del segundo semestre de 2008 y afectación, también posterior, de los ingresos y beneficios de constructoras, e industrias auxiliares. Y bancos y cajas afectados en sus resultados en la última parte del año. Y menor crecimiento del crédito. Y crédito más caro.
 
El gobierno de Rodríguez Zapatero no es el causante directo de esta situación. Es culpable por negligencia, por pasotismo, por no haber hecho lo poco que se podía haber intentado para lograr un aterrizaje suave en lugar de la recesión que nos aguarda. Es, en lo económico, simplemente, un gobierno de incapaces. De cómo –y cuándo– salir del hoyo hablaremos otro día.

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