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El proyecto ITER, al que España aspiró con una oferta atractiva y la aportación de cuantiosos fondos presupuestarios, no se quedará en Europa. Los gobiernos de los países miembros de la Unión Europea no se atrevieron a contrariar la grandeur francesa y eliminaron la oferta española, de tal manera que sólo Francia competirá con Canadá y Japón por la adjudicación definitiva, que se prevé para la primavera de 2004.
 
La prepotencia de Chirac, y su apoyo al régimen de Sadam Husein, coloca a Francia, sin embargo, en la lista de los perdedores. Estados Unidos nunca va a consentir que el proyecto se instale en suelo francés. Por el contrario, Japón es su aliado –y el de España– en la reconstrucción de Irak, y es posible que veamos tropas japonesas en ese país, en los próximos meses, en lo que sería la primera vez, tras la segunda guerra mundial, en que el ejército japonés saliese de sus fronteras.  Esa toma de partido, junto con otros sesenta países, en el conflicto iraquí, se resolverá en confianza del gobierno norteamericano y en muy altas probabilidades de hacerse con el proyecto. 
 
El aislamiento francés comienza a ser evidente. La presidencia de Chirac está siendo un desastre para Francia, incapaz de solucionar sus problemas internos y con una posición internacional cada vez más precaria, tanto en la propia Europa como en el resto del mundo.

 

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