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La crisis y el 11 de septiembre

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2. La crisis y el 11 de septiembre
3. La reactivación


La crisis y el 11 de septiembre

La crisis de Estados Unidos no es, pues, una crisis de una de las locomotoras del crecimiento mundial –o, incluso, de la más importante– sino la prueba palpable de que la globalización económica es real y de que lo que está ocurriendo es el final de la historia de las economías nacionales como entidades independientes, aunque interrelacionadas. La crisis de lo que se ha denominado “nueva economía” es una crisis global, porque todo el mundo desarrollado, en mayor o menor medida, ha participado en el proceso de inversión en este tipo de tecnologías y porque los países en vías de desarrollo o han producido y exportado, también, este tipo de bienes y servicios o se han beneficiado del crecimiento general que esas inversiones han propiciado.

Lo sorprendente del ciclo de crecimiento que acaba de terminar es que las tasas de aumento de la productividad y de los propios PIBs, no han sido uniformes. Una prueba evidente de que el tremendo crecimiento de la economía norteamericana sólo se explica por el funcionamiento flexible de sus instituciones y la libertad de movimientos de sus factores de producción, en tanto que el débil crecimiento europeo responde al excesivo gasto público y al intervencionismo administrativo y de que la depresión japonesa es fruto, también, de sus desequilibrios internos, del intervencionismo y del peso creciente del gasto y la deuda pública.

La reactivación, cuando se produzca, será también global, pero nuevamente veremos diferencias en las tasas de crecimiento, según el grado de flexibilidad y libertad de los diversos países. Lo que es evidente es que la recuperación tendrá que comenzar en Estados Unidos, el país que primero tuvo que hacer frente a la desaceleración y el primero que está purgando los excesos del anterior ciclo.

En este panorama de agotamiento del ciclo, los atentados del 11 de septiembre han actuado de catalizador, acelerando el proceso de ajuste que ya estaba en marcha desde hacía un año, y creando una situación de crisis en sectores que no se habían visto afectados por la desaceleración, como el transporte, los seguros, el ocio y los suministradores de bienes y servicios a estos sectores.

El aumento del gasto público, militar y civil, que ha aprobado el Congreso de los Estados Unidos puede significar un incremento de la actividad que, en parte, compense el descenso del conjunto de la economía, pero, hoy por hoy, ni siquiera un aumento de 130.000 millones de dólares de gasto público, más del 1% del PIB norteamericano, es significativo frente a las pérdidas de la nueva economía, un millón de millones de dólares a nivel mundial. Pueden significar un cierto colchón en determinados sectores, pero no tienen capacidad para hacer frente a la desaceleración internacional.

Este sábado se publicará el tercer y último epígrafe del artículo "El fin del primer ciclo global".

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