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La herencia recibida

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Los nuevos responsables económicos del PSOE, básicamente Solbes y Fernández Ordóñez, con Sebastián desplazado a la Moncloa, heredan una situación difícilmente mejorable: casi 17 millones de ocupados, 2,1% de inflación interanual, superávit presupuestario, deuda pública inferior –en 2004– al 50% del PIB y un crecimiento del 2,8%. Por no hablar de un parque de viviendas superior a los 21 millones, una cifra muy alta en relación con la población que se supone vive en España.
 
Pero también con dificultades: nuestra competitividad, que mejoró espectacularmente con las devaluaciones del 92 al 95 y con la entrada en el euro a un tipo de cambio que maximizó esa competitividad, es cada vez más reducida: tanto por la revaluación del euro como por nuestra inflación y salarios, que han crecido más que los de nuestros competidores europeos en estos años, y por el desafío de Asia y el resto del mundo, que tiene el dólar como moneda de referencia. El peso de la construcción de viviendas y obras públicas ha tirado del resto de la economía –en equilibrio fiscal–, pero es posible que la demanda final de este tipo de bienes no pueda seguir creciendo al mismo ritmo de estos años, en los que ha habido que hacer un tremendo esfuerzo para compensar la parálisis de los veinte años anteriores, con la excepción del periodo 85-88, que también fue de crecimiento equilibrado. El precio de la vivienda, un problema real, es, por una parte, una consecuencia inevitable del euro y, por otra, y en algunos lugares, tenderá a resolverse por sí mismo.
 
El PP se enfrentó, al llegar al gobierno, al reto de la creación de empleo, al exceso de tributación sobre los que trabajaban y al déficit público. Y tuvo éxito.
 
Al PSOE le corresponde no destruir lo logrado en estos años, mantener la confianza de consumidores, ahorradores e inversores, y lograr una mayor modernización de nuestra economía. Para conseguirlo, los incentivos fiscales en I+D, y los cantos a la productividad –una constante de las proclamaciones oficiales del PSOE durante los últimos años de oposición a la política económica del PP– son inoperantes. Sólo se puede modernizar y lograr una mayor productividad sobre la confianza y el ahorro de las familias españolas y, con los fondos así logrados, continuar el proceso de acumulación de capital, lo que nos permitirá empresas más grandes, más internacionalizadas y, en definitiva, más productivas. Sin olvidar que el auténtico crecimiento de la productividad se logra sobre la base del mejoramiento de la capacidad personal de los que trabajan. Lo cual requiere mejor educación y experiencia laboral. En este sentido, la creación de puestos de trabajo durante los años de gobierno del PP es la mayor contribución que puede hacerse al aumento general de la productividad, aunque muchos de dichos puestos sean de baja cualificación.
 

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