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La incógnita de China

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La economía china continúa creciendo a ritmos cercanos al 10%, más incluso de lo que esperaban los analistas. Esa cifra es todavía más llamativa de lo que parece, pues el crecimiento se concentra en determinadas regiones, donde viven entre 300 y 400 millones de personas, de entre los 1.300 millones que habitan ese país. Esa evolución ha sido posible por los cambios introducidos hace alrededor de veinte años por Deng Tsiao Ping, que significaron el final de la experiencia socialista en la economía; por más que sean muchos los sectores y las áreas económicas, sociales y laborales –por no hablar de la organización política- que continúan reguladas por disposiciones gubernamentales que mantienen un control despótico por parte del Partido Comunista Chino. Una de las causas del crecimiento, al margen de esos cambios económicos limitados, es la atracción de ahorro exterior, -en torno a 60.000 millones de dólares anuales-, que ha financiado una parte sustancial de la expansión y la instalación de grandes multinacionales, que aprovechan el tamaño del mercado chino, la posibilidad de exportar a todo el mundo, las condiciones laborales –sin límites horarios y vacaciones sólo nominales- junto con bajos salarios, disciplina militar y financiación barata por parte de un sistema crediticio que es la parte más débil de la economía china.
 
Este esquema de crecimiento no es sostenible indefinidamente. Si todo sale bien, habrá un momento en el que las condiciones laborales serán más racionales, el crédito se modere, el ahorro externo no sea tan abundante como lo es ahora y en el que aumente sustancialmente el consumo interno. Este cambio llevará tiempo; quizá estemos hablando de quince o veinte años. E irá en paralelo con la lucha para conseguir el reconocimiento de derechos políticos por los habitantes de China que naturalmente, querrán alcanzar la condición de ciudadanos y ver respetados sus derechos. Aunque el proceso puede terminar trágicamente.
 
Mientras se produce esa transición la realidad es que, en este momento, el aumento de la producción de bienes y servicios en China está influyendo positivamente en la economía mundial, empezando por Japón, que merced a las ventas al mercado chino está creciendo en torno al 2% anual.

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