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La paradoja entre crecimiento económico y deterioro educativo

A quien más afecta es a los menos favorecidos económicamente. Al igualar por abajo ha eliminado una vía de promoción intelectual, económica y social fundamental para personas con pocos recursos.

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Reproducimos a continuación la segunda entrega de un artículo escrito por Alberto Recarte para Libertad Digital titulado Reflexiones sobre La Gran Estafa, el libro de Alicia Delibes. El trabajo completo consta de los siguientes capítulos:

  1. Reflexiones iniciales
  2. La paradoja entre crecimiento económico y deterioro educativo
  3. La educación y el futuro de España

Permítanme, en relación con este tema, una serie de consideraciones generales sobre por qué un país como España, con grandes deficiencias educativas, ha sido capaz de crecer en el pasado y por qué continúa haciéndolo.

  1. España ha vivido sucesivos procesos de aperturas al exterior –o globalización, como la denominamos ahora– desde la guerra civil. Constituyen una apertura al exterior el plan de estabilización de 1960, el acuerdo preferencial con el entonces Mercado Común en 1970, la incorporación a la Unión Europea en 1986 y desde hace unos años, la globalización. Todos esos procesos han repercutido positivamente en la economía española, no sin pequeñas y grandes crisis y destrucciones de empleo en los sectores que eran menos productivos que los del mundo al que nos abríamos, empezando por la agricultura, que empleaba a cerca del 30% de los españoles en 1976 y donde ahora sólo trabajan el 2% del total.

  2. No era suficiente abrirse al exterior para crecer. Abrirse es positivo si la apertura se traduce en mercados mayores, precios más bajos, adopción de tecnologías más productivas, y, a nivel personal, mayor capacidad de ahorro, mayor posibilidad de inversión y de iniciativa personal junto con una mayor y mejor financiación; una serie de fenómenos que han ocurrido en este periodo en España.

  3. Junto a estos factores de orden económico casi puro, hay otra serie de precondiciones necesarias para que la apertura al exterior y a la mayor competencia nacional e internacional resulten en mayor crecimiento nacional y mayores rentas per cápita.

    Sin pretender ser exhaustivo, el que exista un Estado de Derecho, con leyes, tribunales y registros de la propiedad que aseguren que la propiedad privada se respeta, es un factor de primordial importancia. Hay excepciones a esta norma general, como atestigua el caso de China, donde no hay Estado de Derecho como tal. Pero incluso en este caso, el desarrollo de este país habría sido imposible sin la limitada, pero evidente, recuperación de la propiedad privada, por más que su sistema de protección de derechos individuales siga conectado al partido comunista chino, que actúa cada vez más como una organización mafiosa, corporativista y nacionalista de la clase dominante china, en una sociedad enormemente jerarquizada.

    Hay muchos otros factores, que no voy a mencionar ahora, que explican porqué en unos países se crece y en otros no, pero uno de ellos es, ciertamente, el nivel educativo de la población.

  4. Desde el punto de vista del sentido común, tal y como nos lo explica Alicia Delibes, educación se debería identificar con instrucción, definida como el conjunto de conocimientos adquiridos que son necesarios para entender el mundo que nos rodea, para poder asimilar una formación académica o profesional y para poder comunicarnos con ese mundo. Pero también implica, más generalmente, hábitos de trabajo, aceptación de una cierta disciplina y conocimiento de los derechos y deberes que implica vivir en sociedad.

    En 1960 el nivel de instrucción de los españoles era globalmente mucho más bajo que el actual. El analfabetismo alcanzaba a más del 30% de la población, la escolarización estaba limitada y los que cursaban estudios universitarios eran minoría. Pero, las tradiciones y la historia transmitida por las generaciones anteriores hicieron de los españoles de la época un grupo humano capaz de entender el mundo que les rodeaba, de adaptarse a las nuevas circunstancias y de instruirse para aprovecharse de las oportunidades que significaba la mayor libertad que comenzó a existir en España a partir de 1960. Creo que lo mismo puede decirse de los españoles en 1970, 1986 y de los que hoy trabajan en una economía que es una más en un mundo globalizado. Pero es posible que el conjunto de los españoles de dentro de 10 ó 15 años esté menos preparado y tenga menores conocimientos que el conjunto de los actuales.

  5. Esa transformación económica de España ha sido posible porque la ideología que se autotitula progresista, ya fuera corporativista, marxista, o socialista, fue derrotada en gran parte del mundo, y también en España, en un largo proceso que se extiende desde el final de la guerra civil hasta hoy mismo.

    Esa ideología proclamaba, y todavía defiende, que la libertad, en este caso económica, es nociva para el crecimiento, que la libertad crea desigualdades insuperables, que impide la mejoría económica de los menos favorecidos, que la libertad resulta en una sociedad de clases con diferencias cada vez más hondas entre sus miembros. La solución para todas esas ideologías es siempre la misma: intervención de los poderes públicos –que deben tomar las grandes decisiones–, igualitarismo –en salarios, pensiones, condiciones de trabajo– y, por supuesto, limitaciones en la propiedad privada.

    El efecto de esas políticas limitadoras de la libertad y de la intervención del sector público dirigido, por supuesto, por un grupo de hombres que se pensaban capaces de interpretar la historia y de decidir por todos nosotros lo que nos convenía (porque ellos tienen una capacidad excepcional, ya sea como vanguardia de la clase obrera, cirujanos de hierro o visionarios nacionalistas), ha supuesto la miseria de muchas generaciones de hombres en gran parte del mundo.

    Hasta que las ansias de libertad y el ejemplo de que las sociedades más libres son las más justas y desarrolladas y donde mayores posibilidades de promoción social existían, se han impuesto. Nadie hoy reivindica el marxismo, el corporativismo, o el socialismo, pues sus ideas han provocado pobreza, estamentización social, corrupción y crímenes.

  6. Pero esas ideas marxistas, intervencionistas, de confianza en dirigentes iluminados capaces de manejar la administración pública, se han enquistado y hecho fuertes, en España, en el sector educativo.

    Los dirigentes marxistas, socialistas y nacionalistas mantienen el ideario corporativista: la libertad individual es negativa. La libertad individual se traduce en desigualdad. Las diferencias en capacidad intelectual se traducen en desigualdad. Las diferencias en nivel de rentas se traducen en desigualdad. La educación, en el sentido de instrucción, crea desigualdad, porque la aprovechan los más favorecidos económicamente y los más capacitados intelectualmente.

    Conclusión de los progresistas: es preciso que el sistema educativo sirva no para instruir y transmitir conocimientos, sino para retrasar la aparición de las inevitables desigualdades. Ese retraso –y ésa es la esperanza de los izquierdistas– podría ser permanente si se consigue que en los años de escuela los estudiantes reciban una carga de valores igualitarios que influya en sus comportamientos políticos posteriores. Un posicionamiento político de los denominados progresistas, que se traduciría en un voto sin fisuras, hoy, en España, al PSOE e IU y, en las autonomías nacionalistas, a los partidos independentistas.

  7. Esa concepción del sistema educativo, no como forma de transmitir y enseñar conocimientos, sino de inculcar determinados valores se completaba, ya desde la primera reforma de Villar Palasí, como explica Alicia Delibes, con una política económica intervencionista, una presión fiscal expropiatoria, una utilización del gasto público cuyo objetivo básico no era el crecimiento sino afianzar el poder de los políticos que se ocultaban tras la ideología progresista y una política de rentas igualitarias, que impediría –en teoría– la aparición de diferencias salariales entre los españoles.

    Esa segunda parte del programa se vino abajo, definitivamente, con la caída del muro de Berlín, pero la política educativa limitadora, igualitarista e ideologizadora se ha mantenido, como si nada hubiera ocurrido en España y en el mundo.

  8. Consecuencia: nuestro sistema educativo ocupa un tiempo precioso de nuestros jóvenes, que se ven privados de la posibilidad de aprender y profundizar en muchas materias fundamentales. Pero a quien más afecta es a los menos favorecidos económicamente. Al igualar por abajo ha eliminado una vía de promoción intelectual, económica y social fundamental para personas con pocos recursos. Ahora les resulta a éstos más difícil destacar académicamente a base de inteligencia y esfuerzo. En un mundo con formación académica muy limitada se está potenciando, paradójicamente, a los que una vez terminados los años de escolarización obligatoria cuentan con más ayudas para promocionarse profesionalmente. Y ésos son, por supuesto, los hijos de familias con más recursos económicos, los que tienen mayores conexiones sociales y familiares, los que cuentan con familias de empresarios ya establecidos, y los que tienen, entre otras, conexiones políticas y sindicales. El dinero y la influencia de amigos e instituciones políticas o politizadas permiten, una vez terminada la escolarización obligatoria, educarse en las mejores universidades, de dentro y fuera de España, y comenzar a trabajar en los sectores empresariales más prometedores. Los sacrificados son los que sólo cuentan con inteligencia y fuerza de voluntad, que tendrán que hacer un esfuerzo aún mayor que en el pasado para mejorar su educación y su futuro.

Estas reflexiones no habrían sido posibles sin el libro de Alicia Delibes, sin su exposición histórica, de cómo el pensamiento mágico marxista, el intervencionismo y el nacionalismo se ha apoderado de nuestro sistema educativo. Alicia Delibes ha conseguido exponer con lucidez la vinculación del pensamiento totalitario de Rousseau con la Institución Libre de Enseñanza, la escuela socialista, las reformas educativas de los últimos años del franquismo, la introducción de la LOGSE y ahora de la LOE. Una ideología que aborrece al hombre tal y como es, con sus virtudes y defectos y que se propone crear un "hombre nuevo", que responda, en sus valores y comportamientos, a los que consideran positivo las ideologías progresistas. Un hombre sujeto a los deseos e ideología de los que aborrecen la libertad, porque consideran que la libertad engendra desigualdad y pérdida de influencia social y política de los partidos nacionalistas e izquierdistas.

El libro de Alicia Delibes es la historia, antes apenas contada, de las manipulaciones de los enemigos de la libertad en el mundo de la educación en España. Pero no es sólo una historia nacional, pues en la mayoría de las ocasiones nos encontramos con que las posiciones progresistas en el sector educativo español son un reflejo tardío del pensamiento izquierdista internacional. Lo auténticamente nacional es sólo el posicionamiento inicial de la Institución Libre de Enseñanza, hasta que se convierte en la punta de lanza de la intervención pública en el sistema educativo.

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