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La reducción de la brecha entre gasto y ahorro

La primera condición para superar la crisis de la economía española es que el desbalance entre lo que gastamos y lo que ahorramos se reduzca en ese 10% del PIB, en 100.000 millones de euros.

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El presente ensayo de Alberto Recarte, que constará de tres entregas, es un análisis de la situación actual de la economía española y de sus perspectivas de recuperación a medio plazo y largo plazo.

Durante los últimos diez años, a partir de 2000, y más rápidamente desde 2004, los españoles hemos estado consumiendo e invirtiendo por encima de nuestras posibilidades. En el año 2007, el exceso de gasto del conjunto de las administraciones públicas, empresas y hogares fue del 10% del PIB, alrededor de 100.000 millones de euros. Esos excesos de consumo e inversión de todos los agentes económicos mencionados han terminado por traducirse en un endeudamiento neto de todos los agentes económicos residentes en España de cerca del 85% del PIB, 877.000 millones de euros en junio de 2009. El bruto, es decir, nuestro endeudamiento total, sin restar las inversiones y préstamos de empresas y familias españolas al exterior, es muy superior, casi 2,3 billones de euros.

Ese ritmo de gasto en consumo e inversión era insostenible. Sobre todo a partir de agosto de 2007, cuando desaparece no sólo la financiación internacional sino la nacional en los países más afectados por la crisis. Y para un país tan dependiente de la financiación internacional –básicamente bancaria– como España, el comienzo de la crisis financiera internacional catalizó una crisis económica que ya había comenzado con una reducción significativa de las ventas de viviendas a finales de 2006.

La primera condición para superar la crisis de la economía española es que el desbalance entre lo que gastamos y lo que ahorramos se reduzca en ese 10% del PIB, en 100.000 millones de euros.

Ese proceso está en marcha. En los primeros seis meses del año 2009, el exceso de inversión sobre nuestro ahorro se ha reducido al 6% del PIB. En concreto, hemos gastado 31.983 millones de euros más de lo que hemos ahorrado en los primeros 6 meses de 2009, frente a un exceso de gasto de 54.848 millones en el mismo periodo del año anterior. Esa cifra le parece suficiente a instituciones como el Banco de España. Otras como el FMI o la OCDE creen que para España el equilibrio se alcanzará con un déficit de ahorro de entre el 2% y el 3% del PIB. Creen que no es necesario más ajuste. Y que con ese déficit, que sigue significando, al fin y al cabo, un aumento del endeudamiento nacional, la economía española alcanzará el equilibrio en sus cuentas exteriores. En mi opinión se equivocan. El ajuste económico se terminará cuando el déficit de ahorro haya desaparecido. Y el crecimiento –que no la creación de empleo– sólo será posible cuando ahorremos más de lo que gastamos.

La desaparición del déficit de ahorro de la economía española, que es idéntico, por definición, al déficit de la balanza por cuenta corriente y de capital, se puede lograr por dos vías, por aumento del ahorro interno y por la disminución de la inversión.

En la economía española están ocurriendo ambos fenómenos, aunque en estos momentos sea difícil la cuantificación de las dos vías. La tasa de ahorro nacional se situaba en el 20% del PIB en 2007 y probablemente una cifra similar en 2008. Sabemos que en los últimos meses la tasa de ahorro de las familias ha aumentado en casi seis puntos, habiendo pasado del 8% al 14% del PIB en 2009. Por su parte, el ahorro de las administraciones públicas ha pasado del 2% del PIB, positivo, en 2007, a probablemente un déficit cercano al 12% del PIB en 2009. No es probable que con ese enorme déficit público la tasa nacional de ahorro haya aumentado. Sería necesario que los 14 puntos de menor ahorro y de déficit de las administraciones públicas se hubiera compensado con los 6 puntos positivos de los hogares y más de 8 puntos de mayor ahorro de las empresas. Sería posible, pero complicado. Supondremos que las empresas están ahorrando esos 8 puntos del PIB más, pero no más de ese porcentaje.

El ajuste se está produciendo en la inversión. La tasa de inversión nacional (la Formación Bruta de Capital Fijo) se está reduciendo aceleradamente. Esa tasa, que era de alrededor del 29% del PIB, todavía, en 2008 debe estar cerca del 24% del PIB a mediados de 2009. Con un ritmo acelerado de descenso. Es posible que en el último trimestre de 2009 la tasa de inversión en viviendas se reduzca del 7% del PIB de 2008, en promedio, al 4%. Y que la tasa de inversión en el resto del sector de la construcción se reduzca en uno o dos puntos sobre el 8% del PIB que alcanzó en 2008. Por su parte, la inversión en bienes de equipo y bienes de naturaleza similar, que en 2007 y 2008 rondaban en conjunto el 14% del PIB, podrían reducirse hasta el 9% del PIB en el cuarto trimestre de 2009. Si esto fuera así nos encontraríamos con que la tasa de ahorro del conjunto de la economía nacional sería del 20% del PIB y la tasa de inversión estaría en torno a esa misma cifra, también el 20% del PIB. Para el conjunto del año no sería así, pues los tres primeros trimestres habrán registrado una mayor tasa de inversión, pero la cifra última podría situarse incluso en el 22% ó 23% del PIB. Una parte sustancial de la necesaria reducción del gasto nacional se habría producido.

Ese ajuste es un "brote verde", pues sin él no hay equilibrio económico posible en España.

Que sea un "brote verde" no significa que no tenga costes económicos y sociales. La falta de inversión en viviendas, la desaceleración de las inversiones en otro tipo de obras del sector de la construcción, la reducción de la inversión pública en infraestructuras, a pesar de los 8.000 millones del plan E para las entidades locales, junto con menores inversiones en todo tipo de bienes de equipo, se han traducido en menor actividad y en pérdidas de muchos empleos. Pero, en la mayoría de los casos, se trata de inversiones que no eran necesarias. Hay suficientes viviendas –salvo las lógicas diferencias entre localidades–, hay suficientes oficinas, locales comerciales y naves industriales; y la industria y las empresas de servicios tienen capacidad suficiente, excedentaria incluso, para atender la demanda de consumo nacional cuando la economía española vuelva a crecer a tasas moderadas.

La reducción de la demanda nacional en 2009, a la vista de esa evolución previsible de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), que podría pasar –según hemos analizado– del 29% del PIB en 2008 al 23% en 2009, dependerá del comportamiento del consumo privado.

La reducción del FBCF restará alrededor de 6 puntos a la demanda nacional. El consumo público, probablemente, se incrementará un 5% y como el peso del mismo en el PIB es de alrededor del 18% del PIB, eso significaría una aportación positiva al crecimiento de 0,9 puntos a la demanda nacional.

¿Cómo evolucionará el consumo privado, que era el 57% del PIB en 2008? Los primeros meses de 2009 han sido de desplome. En el segundo trimestre de 2009 se ha reducido un 6% en relación al mismo trimestre de 2008. Ninguna medida ha sido suficiente para contrarrestar los efectos de la pérdida de empleo y el deseo de ahorrar más de empresas y familias. Ni las transferencias públicas a través de mayores prestaciones sociales, ni el empleo artificial creado con los 8.000 millones del plan E y con la reducción del IRPF (4.000 millones de euros, vía reducción de los 400 euros). Tampoco ha sido suficiente la reducción de gasto en combustibles y el ahorro en cuotas hipotecarias propiciado por el desplome del euribor. Pero creo que la segunda parte del año no será tan negativa como la primera para el consumo privado. El descenso del euribor, una referencia fundamental para la deuda hipotecaria del las familias (que se ha reducido en el primer trimestre de 2009 hasta los 646.000 millones de euros) se dejará notar. En el conjunto del año, los menores pagos por cuotas hipotecarias podrían alcanzar los 10.000 millones de euros. La suma de todos esos factores, si suponemos que el precio del petróleo continúa en torno a los 60-70 dólares por barril, permitiría la estabilización del consumo de las familias, a pesar de las pérdidas netas de empleo. El resultado final, sin embargo, dependerá del deseo de ahorrar de las familias. Si se mantiene en torno al 14% del PIB el consumo de las familias se estabilizaría.

Si se produjera esa evolución, ciertamente positiva, el consumo privado restaría alrededor del 2% a la demanda nacional.

En conjunto, por tanto, el descenso de la FBCF restaría 6 puntos a la demanda, el consumo privado restaría 2 puntos y el consumo público añadiría 0,9 puntos. En total, la demanda nacional se reduciría en el 7,1% del PIB. Este dato es compatible con lo que conocemos sobre las cifras de ventas de los comercios, la demanda de automóviles, la menor demanda de consumo eléctrico, la menor actividad turística y las cifras de inversión tanto en construcción de todo tipo como en bienes de equipo.

Afortunadamente, esa menor demanda de consumo e inversión por parte de todos los residentes en España no la está sufriendo sólo nuestro sistema productivo. En una parte significativa se ha producido una reducción de las importaciones de bienes y servicios, por lo que la demanda nacional se cubre, proporcionalmente más que antes, con bienes y servicios producidos en España. Y aunque las exportaciones españolas de bienes también se están reduciéndose muchísimo y el turismo extranjero sufre más de lo esperado, esa reducción conjunta de las exportaciones es mucho menor que la que se está produciendo en nuestras compras totales al exterior. Según los números de que disponemos, en los primeros seis meses del año nuestras exportaciones están disminuyendo en torno al 17%, pero las importaciones lo están haciendo al 22%. En conjunto, por tanto, el sector exterior está añadiendo casi 3,6 puntos al crecimiento. Por eso, gracias al comportamiento del sector exterior, nuestra economía se contraerá para el conjunto del año, no al 7%, sino entre el 3,5% y el 4%. El dato oficial para el segundo trimestre de 2009 es de una reducción del 4,2% del PIB.

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