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Los datos de la economía española

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La subida de los precios del petróleo nos va a afectar –ya lo está haciendo- tanto en el nivel de precios como en la actividad económica.

En 1998 y 1999, los pagos al exterior por importaciones de petróleo superaron los 900.000 millones de pesetas, cerca del 1 por ciento del PIB. En 2000, esos pagos fluctuarán -en función de los precios finales del petróleo- entre 2 y 2,5 billones de pesetas; es decir, entre el 2 y el 2,5 por ciento del PIB.

Esa diferencia de un punto a un punto y medio del PIB es una transferencia real de rentas de la economía española al exterior. Y ese, precisamente, es el nivel del efecto de la subida de los precios del petróleo en la actividad económica.

Afortunadamente, la situación de la economía española no tiene nada que ver con la existente a finales de los años setenta y, además, en aquella época las importaciones de petróleo suponían el 5,5 por ciento del PIB frente a las cifras actuales ya mencionadas, sustancialmente más bajas.

Lo que no puede inferirse es que la crisis no nos va a afectar. Si la economía española tenía previsto crecer un 4 por ciento en 2000, el crecimiento se verá afectado entre un punto y un punto y medio. Por tanto, el aumento del PIB podría ser, finalmente, del 2,5 al 3 por ciento. Aunque, como probablemente el aumento de la factura del petróleo no se repercutirá íntegramente en 2000, sino que en parte se soportará en 2001, el aumento final del PIB será de algo más del 3 por ciento.

Y también nos va a afectar a los precios. Hasta el momento, han subido los precios de los carburantes, pero los sectores más directamente afectados: agricultores, transportistas e industrias más consumidoras de combustible, todavía no han repercutido el aumento de precios. Por ahora, sólo se está produciendo un estrechamiento de los márgenes empresariales, sin solución en el caso de los agricultores que, en gran parte, tienen precios intervenidos y tasados por la Política Agraria Común (PAC) pero que, en el resto de los casos, se traducirá en un aumento de sus precios finales de difícil cuantificación en este momento. Para la economía española significa que el IPC, con mayor probabilidad que a primeros de año, se acercará al 4 por ciento de aumento, un nivel enormemente alto, de difícil control y con efectos que empezarán a ser palpables en la competitividad exterior de la economía española.

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