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Los riesgos para nuestra economía

El tercer gran riesgo interno que, en mi opinión, tiene hoy la economía española no es de tipo económico, sino de tipo político.

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Reproducimos a continuación la tercera y última entrega (punto V) del ensayo elaborado por Alberto Recarte sobre la situación de la economía española

Consulte la primera y segunda entregas del mismo.

V. El final del ciclo expansivo

Como tuve ocasión de exponer en otro artículo (Libertad Digital, "La economía española en 2006: ¿Crisis o mantenimiento del ciclo expansivo?", 1 de febrero de 2006), nuestro ciclo expansivo terminará cuando se modifiquen algunos de los factores que nos han permitido crecer todos estos años.

a) Los factores externos

Una subida significativa de los tipos de interés del euro nos afectará profundamente. Afectará al valor de la vivienda, a la inversión futura en este tipo de bienes y a todo tipo de inversiones. La economía española ha estado funcionando con crecimientos espectaculares de la cantidad de dinero en circulación. La M1 ha crecido el 20%, la M2 el 14% y la M3 el 11% en el último año, frente a cifras muy inferiores de aumento en otros países del área euro. Eso significa que una subida de los tipos de interés puede afectar, en España, a la creación de dinero y a la disponibilidad de liquidez más que a otros países del área euro. La misma falta de proporcionalidad en el crecimiento de la oferta de dinero que se ha producido con unos bajos tipos de interés, puede verse sustituida por un descenso, más que proporcional, de la cantidad de dinero en circulación, si los tipos de interés subieran significativamente.

El otro posible shock externo es el del petróleo. Si el petróleo se mantiene en 2006 en torno a los 70 dólares el barril y el consumo en el año se mantiene también respecto al de año anterior, puede producirse una subida media de 20 dólares el barril, lo que significaría mayores pagos al exterior por cerca de 10.000 millones de euros, algo más del 1% del PIB. El efecto en nuestro crecimiento nunca sería tan grande, porque los precios de compra del petróleo suelen tener un porcentaje significativo de tipo fijo. Una subida, por tanto, que no pararía el crecimiento, pero que lo frenaría en algunas décimas.

El tercer factor que puede afectar negativamente a nuestro crecimiento es la pérdida de impulso del resto del mundo. La balanza por cuenta corriente de los últimos años, a pesar del enorme déficit que registra, no se puede explicar –habría sido mucho peor– sin tener en cuenta que la economía mundial está creciendo a tasas elevadísimas. Este año 2006 puede volver a crecer el 5%, porque tanto Estados Unidos (que crece al ritmo del 4,8%), como China (que crece por encima del 10%, más de lo programado por su gobierno) y la propia Alemania, se están comportando de una forma más dinámica de lo previsto. Ese entorno de crecimiento arrastra positivamente a nuestra economía. Si el mundo se estancara, porque Estados Unidos redujera sustancialmente su expansión, China se viera frenada por el precio del petróleo o la reevaluación de su moneda o por cualquier otra causa y la Unión Europea, con Alemania al frente, volviera a estancarse, la economía española sufriría; sus exportaciones se estancarían y las importaciones reducirían su crecimiento, pero no excesivamente, porque podríamos importar –y lo haríamos– a precios mucho más bajos que los actuales, con lo que nuestro déficit exterior se ampliaría con rapidez.

Un cuarto factor a tener en cuenta es el tipo de cambio del euro. En estos momentos el tipo con el dólar es de 1,26 dólares/euro, frente a apenas 1,20 hace un par de meses. Si el euro se revalorizara hasta 1,30-1,40, como predicen muchos economistas, nuestras exportaciones sufrirían y nuestras importaciones se dispararían. Nuestro déficit exterior volvería a crecer hasta quizá el 10%-11% del PIB, lo que limitaría bruscamente la posibilidad de sostener nuestro modelo de crecimiento.

b) Los riesgos internos

La mayor amenaza para nuestro crecimiento es nuestra tasa de inflación, situada en torno al 4% (3,9% en marzo de 2006). No está claro que podamos luchar contra ella, pues la inflación es, ante todo, un fenómeno monetario y con los actuales tipos de interés del euro y el crecimiento ya analizado de la M1, M2 y M3, la inflación es inevitable. Podría, por supuesto, evitarse el aumento de precios en sectores monopolísticos o de escasa competencia, si se hicieran las reformas liberalizadoras adecuadas o, en otro ámbito más general, se ampliara el superávit de las cuentas públicas. Pero, por ejemplo, si falta mano de obra, los salarios subirán y tendremos costes de producción más altos e inflación más alta. Una situación posible, porque nuestra tasa de paro es del 9%, pero concentrada en Andalucía, Extremadura, Asturias y Canarias. El resto de España funciona, de hecho, con pleno empleo. Y hay indicios de que no es posible que siga aumentando la oferta de trabajo como hasta ahora. Como es lógico en expansiones tan intensas y largas como la española, ya no hay suficiente mano de obra para seguir creciendo, incluso contando con que la inmigración siga llegando, legal o ilegalmente.

Ese posible aumento general de salarios se trasladará a los precios, que subirán; pero, como los tipos de interés del euro se mueven a impulsos de lo que ocurre en Alemania y Francia, esa mayor inflación en España no provocará un cambio en la política monetaria de la Unión Monetaria ni, como sería lógico para frenar la inflación, un menor crecimiento de la cantidad de dinero vía mayores tipos de interés. Simplemente, tendremos una mayor inflación, una menor competitividad, una ampliación de nuestro déficit exterior y una merma todavía mayor en nuestro crecimiento. El fin del ciclo expansivo en España se producirá, probablemente, por el efecto de la inflación y la consiguiente pérdida de competitividad, antes que por los factores externos a que se ha hecho referencia. Y en esto nos diferenciamos de Estados Unidos, Australia y China, los países con los que podemos compararnos. Todos ellos tienen moneda propia y política monetaria propia. Nosotros no. Por eso nuestro ciclo es tan extremo, tan lineal, tan sin fluctuaciones. Ocurre que simplemente nuestros desequilibrios no afectan a nuestra moneda, el euro, ni a los tipos de interés ni a la oferta de dinero ni a las disponibilidades de crédito.

Un segundo factor interno que puede provocar la desaceleración económica puede ser el estancamiento, o el descenso, de los precios de la vivienda. Eso ocurrirá, en última instancia, cuando sea evidente el exceso de oferta de vivienda. Si esto ocurriera; mejor, cuando esto ocurra, el consumo se retraerá, porque la riqueza de las familias se verá resentida. Pero, para que este efecto riqueza se note el descenso de precios de las viviendas tendrá que ser significativo porque, mientras tanto, en los últimos 12 años, la riqueza neta de las familias españolas ha pasado a suponer el 600% del PIB, frente al 400% del PIB en 1994. Ese 600% se descompone en un 500% el valor de los inmuebles, un 170% el valor de los activos financieros, y un 70% el endeudamiento total de las familias. Por tanto, un descenso del precio de las viviendas afectará al consumo inevitablemente, pero partimos de unos niveles de riqueza mucho más altos que al comienzo del actual ciclo expansivo. Naturalmente, una crisis de vivienda afectará, también al sector de la construcción y a la población ocupada en ese sector (alrededor de 2,4 millones de personas), en gran parte inmigrante. Probablemente estamos hablando de una pérdida de empleo sustancial, que se sumaría a los otros factores desencadenantes de la crisis y que afectaría bruscamente al consumo y a la inversión.

El tercer gran riesgo interno que, en mi opinión, tiene hoy la economía española no es de tipo económico, sino de tipo político. El gobierno de Rodríguez Zapatero ha roto la unidad política, ha envalentonado a todos los separatismos, no respeta la ley, como pone de manifiesto su intervención en la OPA sobre Endesa y hace caso omiso de la Constitución. Ese comportamiento resultará, en algún momento, en la ruptura del mercado interno, inseguridad jurídica y una reconsideración de las familias y empresas españolas sobre sus perspectivas futuras. Sin olvidar que algunas de las medidas legislativas que se están aprobando tendrán un reflejo cuantitativo muy considerable en el gasto público, en concreto las que afectan a la financiación de las autonomías y a los gastos que se derivarán de leyes como las de Dependencia e Igualdad.

En la medida en que la inseguridad jurídica se traslade a los consumidores y a las empresas y el gasto público corriente crezca significativamente, la Formación Bruta de Capital se verá afectada inmediatamente, lo que frenará nuestro crecimiento económico, nuestra productividad y nuestra competitividad internacional.

Por eso decía en la introducción que la economía española es muy fuerte pero muy frágil. Fuerte por su tamaño, su empleo, la riqueza acumulada, y la preparación de la mano de obra y frágil por la dependencia de factores económicos externos e internos, y por la inesperada presencia de riesgos políticos, que pueden desestabilizarnos más profundamente que cualquiera de los económicos mencionados.

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