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Observatorios para enfermos

Hay otros sectores que están aprovechando la globalización para crecer internacionalmente. Me refiero al sector financiero, al del turismo, el de telecomunicaciones, el de producción de energía eléctrica y el de la construcción.

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La decisión del gobierno de organizar una serie de observatorios económicos para seguir de cerca la evolución de los sectores más expuestos a la competencia internacional es una muestra positiva de preocupación, pero no parece posible que puedan tomar, o proponer, medidas para mejorar su competitividad. Nos volvemos a encontrar con la globalización y sus efectos. Y para enfrentarse a ella, las medidas sólo pueden ser monetarias, fiscales o laborales, y de orden general, no circunscritas a esos sectores; responsabilidad por tanto, del gobierno como tal y de sus apoyos parlamentarios.

Junto a esos sectores, básicamente industriales, que tienen difícil mejorar su competitividad, hay otros que están aprovechando la globalización para crecer internacionalmente. Me refiero al sector financiero, al del turismo, el de telecomunicaciones, el de producción de energía eléctrica y el de la construcción. ¿Qué tienen en común estos sectores y de dónde les viene la fortaleza? Se trata de empresas suministradoras de servicios, que acumularon un gran capital por su poder monopolístico, o casi monopolístico, antes de las privatizaciones y liberalizaciones de los respectivos mercados, con un tamaño suficiente para aprovechar las economías de escala, invertir en investigación y desarrollo y equipos humanos competentes y bien formados.

Por el contrario, los sectores industriales más expuestos a la competencia suelen tener un tamaño demasiado pequeño para invertir en I+D, no tiene suficiente capital y no han gozado de posiciones de dominio en sus mercados respectivos.

Hay empresas de difícil encaje en otros sectores, como Repsol, comprometida estratégicamente en Argentina, en una maniobra personalista del anterior presidente y que, aunque sea de las grandes en España, a nivel internacional, con las dificultades de suministro de petróleo que se espera para los próximos lustros, le resultará difícil mantener su independencia; lo que quizá sea bueno para sus accionistas y los consumidores. En fin, otro sector en el que España está siendo capaz de resistir la competencia internacional es el de la distribución y venta de artículos de consumo, donde destaca El Corte Inglés y otras cadenas españolas, que lejos de perder cuota de mercado frente a las empresas básicamente francesas, que se han instalado en España, con la apertura al exterior, ganan o mantienen sus cuotas de mercado.

España se industrializó tarde, con políticas proteccionistas y sin posibilidad de avanzar tecnológicamente de una forma autónoma, por falta de economías de escala. Y es lógico prestar atención preferente a estos sectores; pero su supervivencia y mejoría sólo se producirán de la mano de políticas generales impopulares, que sólo puede aplicar un gobierno fuerte y con las ideas claras.

Por contra, contamos con sectores suministradores de todo tipo de servicios competitivos, grandes e innovadores, que también necesitan políticas generales que les permitan mejorar su productividad y compensar las pérdidas de empleo que puedan producirse en los sectores industriales y que arrastren al conjunto de la economía española, como, por cierto, hizo el sector financiero, entre otros, en la economía británica que es, desde hace mucho, una economía de servicios y no una sociedad industrial, a pesar de su tradición.

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