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Política en Eurostat

Pero lo más sorprendente de todo es el silencio del Gobierno español, que parece decidido a aceptar cualquier cosa que diga Chirac; para ellos, europeísmo es servilismo.

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La pasada semana, en un artículo titulado ¿Traición en el INE?, me preguntaba por las causas de que Eurostat hubiera modificado —el 3 de diciembre pasado— el índice de convergencia de España con la Europa a 25, aumentándolo del 95,5%, el dato oficial correspondiente a 2003, al 97,8%.
 
Una fuente absolutamente responsable en el INE me aseguró que ellos no han modificado la cifra del PIB español y que el cambio lo ha hecho, autónomamente, Eurostat, valorando la capacidad adquisitiva de la población española en relación con la del resto de la Europa a 25.
 
Libertad Digital se puso en contacto con el gabinete de prensa del Ministerio de Economía español para preguntar qué había ocurrido. Y quien respondió mintió, pues aseguró que lo que había pasado era que, en una nueva valoración del PIB de los 10 países que acaban de integrarse en la Unión Europea, esos PIB se habían reducido muchísimo, por lo que había subido el índice de convergencia de España. Una mentira flagrante porque, para empezar, en conjunto, el PIB de esos 10 nuevos países significa, aproximadamente, el 4,5% del PIB de la Europa a 25, por lo que ninguna revisión podría haber hecho subir el índice español en 3,3 puntos en un año.
 
También se puso en contacto Libertad Digital con los gabinetes de prensa del Sr. Almunia, el consejero de Economía europea y responsable último de Eurostat, y con el del propio Eurostat; y también nos mintieron. Su explicación fue que esos cambios se producían siempre, y que eran ajustes normales. Absolutamente falso, porque un ajuste de esa magnitud no se había producido nunca antes y porque aplicando el criterio de poder adquisitivo en los diferentes países europeos, el índice de convergencia de España debería haber bajado, pues nuestra inflación fue más de un punto superior a la de los países miembros del área euro —que tienen el mayor peso en el PIB de la Unión Europea. Si la inflación del país en cuestión es mayor que la de los otros, su capacidad adquisitiva disminuye y su convergencia también.
 
La decisión, por tanto, de Eurostat, conocida y aprobada por Joaquín Almunia, es una puñalada a España y, en particular, a nuestro vicepresidente económico, en el momento en que comenzó la discusión sobre la asignación de fondos de cohesión y estructurales. Y no tiene ningún fundamento técnico; es una decisión política, incompatible con una estadística manejada profesionalmente.
 
Pero lo más sorprendente de todo es el silencio del Gobierno español, que parece decidido a aceptar cualquier cosa que diga Chirac; para ellos, europeísmo es servilismo.
 
Las malas noticias no terminan aquí, porque en los próximos tres meses pueden producirse dos acontecimientos:
 
1º) Parece que Alemania ha presentado a Eurostat unas cifras de PIB nacional más bajas de las conocidas y manejadas por Eurostat hasta ahora, y sobre las que se calculan las aportaciones al presupuesto de la Unión Europea. Con un descenso drástico, como el que pretende el Gobierno alemán, para el periodo 2000-2004, si llegara a aprobarse, obligaría a devolver dinero a ese país por parte del resto de miembros, incluida España. Habría un cheque británico y ¡sorpresa! un cheque alemán.
 
2º) El INE español revisará en el primer trimestre de 2005 tanto la cifra de población activa como el PIB español y es posible que se supere, incluso, la cifra de un aumento de 5 puntos en el PIB. Esta revisión confirmaría el éxito económico de España en el pasado pero, si se suma a la decisión política de Eurostat de subirnos la convergencia en 3,3 puntos en 2003, la consecuencia será que, directamente, España se convertirá, ya, en contribuyente neto de la Unión Europea. Al actual Gobierno no parece que le importe. Al fin y al cabo lo pagamos los ciudadanos.

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