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Productos textiles y globalización

Para España, y para cualquier país desarrollado, o con libertad de comercio, la globalización, en definitiva sus relaciones económicas con el resto del mundo, es más importante que su pertenencia a una asociación regional.

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No hay duda de que la globalización, la libre circulación de bienes, servicios y capitales, es el fenómeno económico más significativo de los pasados años, del presente y de los próximos 10 ó 20 años. Para España, y para cualquier país desarrollado, o con libertad de comercio, la globalización, en definitiva sus relaciones económicas con el resto del mundo, es más importante que su pertenencia a una asociación regional, llámese Unión Europea, NAFTA o Mercosur; hasta ese punto han cambiado las cosas. El crecimiento económico español depende más de lo que ocurra en el resto del mundo que de lo que ocurra en la propia Unión Europea.
 
Un ejemplo de lo que significa la globalización lo tenemos en la evolución del comercio mundial de productos textiles. En 2004 terminó el acuerdo multi-fibras, que significaba, a nivel mundial, un sistema de cuotas de exportación e importación de cada país para este tipo de productos. A partir de enero de 2005 hay libertad absoluta de comercio de estos productos. Los primeros datos, los correspondientes a enero y febrero registran, en el caso de Estados Unidos, un aumento del 70% de las importaciones procedentes de China de estos productos. Y lo mismo habrá ocurrido en el resto del mundo (la Unión Europea ha aumentado un 45% las importaciones de China) y ciertamente en el caso de España. Los organismos especializados especulan con que cerca de 30 millones de empleos en este sector en todo el mundo se van a ver afectados; en el caso del mundo desarrollado con pérdidas directas de empleos; en el caso de países menos desarrollados o en vías de desarrollo, como México e Indonesia, sus pérdidas de empleo también pueden ser significativas. Los ganadores serían China y la India, donde habitan cerca de 2.400 millones de personas, el 40% de la población mundial. El efecto está siendo tan brutal que ya se oyen voces pidiendo nuevas restricciones al comercio y a las exportaciones de esos dos grandes países.
 
Los datos de la balanza comercial de China en los primeros meses de 2005 reflejan el salto en sus exportaciones de textiles, pero también de otros muchos productos. Las cifras lo dicen casi todo: los dos primeros meses de 2004 la balanza comercial china registró un déficit de 8.000 millones de dólares; los dos primeros meses de 2005 un superávit de 11.000 millones. En todo 2004 China tuvo un superávit comercial de 32.000 millones de dólares; que no es muy grande, dado el tamaño de su economía. Como referencia, España tuvo un déficit comercial de 60.000 millones de euros, que equivalen, al tipo de cambio actual, a cerca de 80.000 millones de dólares; aunque conviene recordar que España es el país con mayor déficit comercial del mundo; una situación insostenible que refleja nuestra falta de competitividad.
 
Volviendo a las cifras mundiales, Estados Unidos, que se queja amargamente de su comercio con China, registró con ese país en 2004 un déficit de 162.000 millones de dólares; enorme, pero que es apenas el doble del déficit comercial exterior de España, y aquí no se oye ninguna voz de preocupación. Más bien de satisfacción, porque seguimos creciendo, creando empleo y con las cuentas públicas equilibradas. El comercio exterior de textiles es sólo un ejemplo, y muy importante, de lo que significa la globalización. En el caso de España se registra una evolución similar en otros muchos productos: automóviles, electrodomésticos, bienes de equipo. Por no hablar del petróleo y otros productos básicos, como el acero y el cobre, o de servicios como el transporte marítimo. Lo dicho, atención a las estadísticas de comercio exterior, la manifestación más clara de lo positivo y de los riesgos de la globalización, si no se es suficientemente competitivo.

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