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Retorno a Industria

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Uno de los insondables misterios de la política, durante los años del PP, es por qué se le han dado sucesivas responsabilidades en el equipo económico a Juan Costa, que abandona su puesto, inédito, en Ciencia y Tecnología, pero incompetente en Hacienda y, mucho más incompetente en la secretaría de Estado de Comercio, donde se distinguió por su falta de interés, sus silencios y sus ausencias.
 
Viene a cuento este recuerdo por la desaparición, esperemos que definitiva, de un ministerio fantasma, que nació sobre la utopía de la Europa renovadora, dispuesta a desplazar tecnológicamente a Estados Unidos, y que iba a presidir la transformación de España en una país en el que la investigación y la tecnología iban a tirar del resto de los sectores. Para vender ese señuelo se suprimió el ministerio de Industria y se dispersaron sus competencias, como si más del 22% del total del empleo en España no mereciera una atención especial.
 
De hecho, toda la industria española, que ha logrado crecer en empleo neto en cerca de 700.000 personas en los últimos ocho años, aunque precisamente en 2003 se perdieron 70.000 empleos, se encuentra en el rompeolas de la globalización. Las empresas que lo componen están teniendo que afrontar el reto de la competencia, por una parte de los países asiáticos, China, India y el Sureste continental –baratos y tecnológicamente avanzados– y, por otra, de los países aún tecnológicamente más avanzados: el resto de Europa, Estados Unidos y Japón.
 
La recreación de un ministerio de Industria no es, en sí, un impulso al sector pero, al menos, y siempre que los responsables sean competentes, permitirá recibir y elaborar la información de lo que ocurre en el mundo industrial globalizado y proponer –dentro de las escasas posibilidades que le quedan en este aspecto a la política económica nacional– medidas para incrementar, o al menos, mantener, la competitividad de nuestras empresas.
 

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