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Soberbia nacionalista

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La soberbia del nacionalismo vasco y catalán no les permite asimilar, ni aprovechar, los éxitos económicos del conjunto de España. Durante más de un siglo las oligarquías del País Vasco y Cataluña han acumulado riquezas porque el resto de los españoles lo han permitido; de buena gana, o mejor, con la esperanza de que los políticos no se equivocaran, mediante la adopción de altísimos aranceles y contingentes (la política de Cánovas, cuando se hizo proteccionista y abandonó el liberalismo), para que las clases dirigentes de esas regiones pudieran desarrollar industrias modernas y eficientes y que la prosperidad que generaran se extendiera, posteriormente, a todo el territorio nacional.

El nacionalismo vasco, sea del PNV, EA, Esquer Batua o Batasuna, prefiere olvidar esa historia y, en lugar del agradecimiento, ha desarrollado un complejo de superioridad racial, que ahora comienza a agrietarse, al demostrar el conjunto de España que, cuando ha tenido un gobierno responsable, ha sido capaz de crecer más, crear más empleos y acumular mayores riquezas y conocimientos. Y ello a pesar de la carga que supone tener que subvencionar permanentemente al País Vasco, a través del cupo fiscal fijado en el concierto económico.

Por otra parte, el futuro del País Vasco bajo el nacionalismo es problemático, porque sufre el exilio de los que persigue, al tiempo que no recibe inmigrantes ni aumenta la natalidad. Las prisas del nacionalismo se explican por el temor a que se consolide la sensación de fracaso frente al resto de España. Por eso quieren separarse, para poder administrar, totalitariamente, lo que los vascos deben conocer, desear o poseer. Y para poder perseguir, y expulsar, todavía en mayor número, a los que no acepten esa dictadura.

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