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Transferencias y crecimiento

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El PSOE ha puesto en marcha una campaña mediática para explicar que una parte sustancial del crecimiento del PIB español es consecuencia directa de la transferencia de recursos, corrientes y de capital, de la Unión Europea. A veces, las afirmaciones son de una enorme grosería intelectual, como el artículo de Mercé Sala en Cinco Días de hoy, en el que “informa” de que la Unión Europea nos transfiere el 2% de nuestro PIB y que, por tanto, y gracias a esas transferencias, podemos crecer el 2% anual. Esta línea de explicación de nuestro crecimiento sería simplemente errónea si no fuera una manipulación política.

Para empezar, España recibe, aproximadamente, en torno al 1% del PIB anual, desde hace unos cuantos años, de la Unión Europea. Esa cifra es el neto que resta, tras deducir de nuestros pagos a la Unión Europea todos los ingresos que recibimos, ya sean para nuestra agricultura, construcción de infraestructuras o formación profesional.

Recibir un 1% del PIB del exterior no se traduce en un crecimiento del 1% del PIB. Se trata de magnitudes iguales, pero de conceptos diferentes. Hay multitud de personas, familias, empresas y países que reciben transferencias de terceros en forma de subvenciones, préstamos o ampliaciones del capital y que, sin embargo, no crecen en la misma magnitud, porque los ingresos sirven para financiar la actividad, pero no aseguran el crecimiento. Nos cansaríamos de hacer la relación de préstamos fallidos o de subvenciones que no logran su objetivo, que se supone es potenciar la actividad económica. Esto es cierto a nivel personal, ¿cuántas personas conocemos que se endeudan para llevar adelante un proyecto que, sin embargo, fracasa?, a nivel empresarial ¿cuántas empresas amplían capital para sanear o crecer y, sin embargo, no lo logran? Y a nivel de países ¿cuántos países conocemos de todo el mundo, no sólo africanos, sino incluso europeos, como Portugal, que reciben transferencias del exterior y, sin embargo, no crecen, sino que reducen su actividad y pierden empleo y renta?

Quizá el caso de Portugal, un país miembro de la Unión Europea, sea el más clarificador. Portugal debe recibir al año transferencias netas de la Unión Europea de alrededor del 3% de su PIB y, a pesar de ello, este año 2003 tendrá un crecimiento negativo del 0,5% del PIB, como poco. ¿Cómo es posible? La explicación, conocida sobradamente por cualquiera, economista o no, que haya tenido tiempo de pensar, es que una cosa es la financiación de una actividad y otra muy distinta que esos recursos recibidos se inviertan o empleen adecuadamente y que el resultado final sea un crecimiento.

La economía española recibe un 1% del PIB anual de la Unión Europea en un contexto en el que el buen funcionamiento de la mayoría de las variables internas, que se traducen en competitividad económica, logran un crecimiento del PIB del 2,1%. Si, en este momento, la Unión Europea dejara de transferirnos ese 1% del PIB la primera consecuencia sería un déficit público de esa misma magnitud y, probablemente, un aumento de la prima de riesgo país, que incrementaría ligeramente los pagos por intereses de la deuda pública acumulada. Pero eso sería todo. Por lo cual, si en 2007 la Unión decide que se limiten las transferencia a España, porque los ingresos se van a dedicar a financiar la transformación –que no el crecimiento– de los países más atrasados, lo único que nos va a pasar es que habrá que moderar el gasto público para recuperar el equilibrio presupuestario. Sólo en esto tienen razón los animadores del PSOE; aunque no lo digan, porque tiene mayor peso político ligar transferencias exteriores y crecimiento, aunque sea una falsedad. Y quizá tampoco hagan hincapié en ese hecho porque, simplemente, pondría de manifiesto que el déficit público que exigen para incrementar la inversión pública ya esta presente en la economía española, aunque lo cubran los ciudadanos alemanes.

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