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Transgresiones del Gobierno

Por una parte la globalización y, por otra, y en un sentido absolutamente opuesto, el renacimiento del populismo intervencionista en la España política, han modificado sustancialmente las premisas que inspiraron la privatización de Endesa

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El breve ensayo Honor y deshonor en Endesa y Caja Madrid, escrito por Alberto Recarte, consta de tres partes. Publicamos a continuación la primera de ellas bajo el título Transgresiones del Gobierno.
 
En próximos días tendrán a su disposición dos entregas más: El papel de Acciona y De Pizarro a Blesa
 

 
I) Introducción
 
Hace veinte meses que comenzó el proceso para hacerse con el control de Endesa, una de las mayores empresas españolas, privatizada, en parte, por el gobierno de Felipe González y totalmente por el primer gobierno de Aznar.
 
Cuando el gobierno del PP decidió vender en Bolsa todo el capital de Endesa de propiedad pública, excepto un 3 por ciento que conservó SEPI, tomó otras decisiones en relación con la compañía. Se intentó que no hubiera accionistas de referencia, grupos de control, por entender que sus intereses podrían dañar el objeto social de la propia Endesa y a los consumidores, pues la actividad de las eléctricas se desarrolla en España en un sector regulado e intervenido, en el que las influencias económicas, por un lado, y las políticas por otro, podrían ser abrumadoras.
 
Se optó por vender a cientos de miles de pequeños accionistas, en un ejercicio de capitalismo popular y, para evitar que algún grupo poderoso tuviera la tentación de controlar la compañía, se introdujeron en sus estatutos limitaciones a los derechos políticos, que sólo podrían eliminarse con el apoyo de más del 50 por ciento del capital de la empresa; una limitación que se consideraba de casi imposible superación, dada la interpretación que se daba a esa cláusula, pues se suponía que a la hora de contabilizar el voto para el levantamiento de esa limitación, seguía jugando el tope del 10 por ciento de derechos políticos para cualquier grupo, tuviera la participación que fuera en la compañía.
 
II) La globalización y el populismo
 
Pero los cambios en el entorno internacional y en el nacional han torcido la voluntad de los redactores de los estatutos. Por una parte la globalización y, por otra, y en un sentido absolutamente opuesto, el renacimiento del populismo intervencionista en la España política, han modificado sustancialmente las premisas que inspiraron dicha privatización.
 
La globalización impulsa a la constitución de grandes empresas, de dimensión europea o planetaria. La deriva populista, por su parte, transforma a Endesa de sociedad cotizada en Bolsa a mercancía política, que maneja a su antojo Rodríguez Zapatero. En una primera instancia, el gobierno quiere entregar Endesa al nacionalismo catalán. Después el presidente del gobierno amenaza a la alemana E.On, por atreverse a hacer una OPA sin su consentimiento. Y, como parte de la venganza, se modifica la legislación y se anima a Acciona a que compre un paquete significativo, lo que hace la susodicha empresa, presentándose como la abanderada de una solución nacionalista, española en esta ocasión. Y como eso no era suficiente frente a la capacidad económica de la alemana, Rodríguez Zapatero buscó, en la decrépita Italia, otra solución: la que ofrecía la empresa pública Enel, que pactó encantada con Acciona en presentar una OPA conjunta, pero controlando absolutamente la compañía y otorgando una salida a la “nacionalista” Acciona con la venta de los activos que le interesaban, y una sustancial plusvalía en un plazo prudencial.
 
III) Las transgresiones del gobierno y el honor de Manuel Conthe
 
En este proceso de OPA sobre Endesa que es, también, el de la vuelta de muchos políticos españoles al intervencionismo nacionalista, hemos visto de todo. Hemos visto al Gobierno del PSOE vulnerar la legalidad a lo largo de todo el recorrido, hasta el punto que el propio Tribunal Supremo suspendió cautelarmente parte de las decisiones del Ejecutivo. Hemos visto cómo la intervención de la Comisión Europea obligaba al Gobierno a anular parte de sus disposiciones por ser contrarias a la legislación comunitaria. Hemos visto cómo se trituraba al Tribunal de Defensa de la Competencia por defender, por mayoría, y en contra de su propio presidente, gallardamente, la legislación que asegura la competencia. Hemos visto cómo la Comisión Nacional de la Energía veía ampliadas sus competencias, para dejar de cumplir su cometido de regulador en un mercado enormemente complejo y dependiente de la voluntad política.
 
Y hemos visto cómo, finalmente, la propia CNMV, el más importante de los organismos independientes, cuya misión es defender los intereses de todos los accionistas que operan en la Bolsa, españoles o extranjeros, grandes o pequeños, implosionaba al oponerse su presidente Manuel Conthe a seguir instrucciones políticas de la Moncloa para permitir actuaciones ilegales de Enel-Acciona. Una posición en la que se ha quedado solo, pues el resto de los miembros de la CNMV, con la abstención, al parecer, de uno de ellos, han estado dispuestos a convertirse en un brazo político más de Rodríguez Zapatero, olvidando su obligación de cumplir estrictamente la legalidad y de actuar con independencia, incluso respecto al propio Gobierno que les ha nombrado. Manuel Conthe es un hombre que ha sido capaz de mantener su honor. Un hombre que sale fortalecido de este proceso, porque ha sido capaz de ser fiel a sus principios, aunque haya tenido que pagar por ello un altísimo precio.

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